viernes, 30 de noviembre de 2018

Edom





Tus manos cordilleras
tus pechos vitales
como la primera letra
de un abecedario astral.
En cuanto a mi edad
siglos largos de nombres largos.
Sin agujas de relojes hundidos
deshechas como olivas templadas
la frase final es una telenovela.

He vivido un sueño
desde que nací
en los pies me pesan tus penas
tus calles como palabras
de un diccionario increado.
Tu falta de materia
mamífero infértil
mujer sin calcio ni mosto.
Amor espacial
de sangre interracial.  

ישוNARRACIONES EXTRAORDINARIAS /2





ישו

Jesús nació de una forma muy hermosa. Intrigante, pero no misteriosa, todo estaba escrito. Su padre no tuvo nada que ver en ello. Solo María y Shejiná[i], unos eventos sobrenaturales entonces se desatan desde el suelo israelita. Pero veamos entonces quien empezó esa historia. Allá por el año 765 a.C. nació un poeta que además era un gran profeta, aunque obliga a insistir como Neruda “que solo la poesía es clarividente”, pues, se le dio a él la visión y la escribió.  Envuelto en la manifestación profetiza:
Por tanto, el Señor mismo os dará señal:
La virgen concebirá
y dará a luz un hijo,
y le pondrá por nombre Emanuel” – Is 7,14
Fue el primero que lo vio. Y digo lo vio porque su profecía es visual. No solo ve a Jesús, también ve a María, la virgen. Y luego dice:
Voz que clama en el desierto:
Preparad camino a Jehová;
enderezad calzada en la soledad
a nuestro Dios. Isa 40:3
Y también, como sabemos, intuyó a Juan El Bautista. Entonces, ese señor se me acerca y me dice:
-         ¿Usted ya acepto a Jesucristo?
-         Bueno, usted se ve que tiene toda la buena voluntad del mundo, le digo, pero permítame contarle que nací en una familia evangélica, y pentecostal, que danzaban y hablaban en lenguas; al mismo tiempo que sufrían de recaídas insolentes que no merece la pena recordar. Así que una vez memorice por accidente (risas), este poema:
“Se alegrarán el desierto y el erial; y el yermo se regocijará y florecerá como la rosa. Florecerá profusamente y también se regocijará con alegría y cantará con júbilo; la gloria del Líbano le será dada, la hermosura del Carmelo y de Sarón. Ellos verán la gloria de Jehová, la majestad del Dios nuestro.
Fortaleced las manos caídas y afirmad las rodillas debilitadas.
Decid a los de corazón apocado: Sed fuertes, no temáis; he aquí que vuestro Dios vendrá con venganza; la recompensa de Dios vendrá; él vendrá y os salvará. En ese tiempo los ojos de los ciegos serán abiertos y destapados los oídos de los sordos. En ese tiempo el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo, porque aguas brotarán en el desierto y torrentes en el yermo…”

-         Ya veo, que bonito poema, y eso qué tiene que ver con lo que le digo.
-         Permítame explicarle que es un fragmento de Isaías 35. Donde se profetiza al Mesías.
-         ¡En serio, no lo creo!
-         Abra su biblia.
Lo hace, busca la cita y se queda pensando. Entonces le cuento que setecientos treinta y tres años después, aproximadamente, a un joven le dan el libro de Isaías en la sinagoga para que lo lea. Escoge el capitulo 61.

“El espíritu de Jehová, el Señor, está sobre mí,
porque me ha ungido Jehová.
Me ha enviado a predicar buenas noticias a los pobres,
a vendar a los quebrantados de corazón,
a publicar libertad a los cautivos
y a los prisioneros apertura de la cárcel;
a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová…”

Y, como era la costumbre, rebobinó el libro de Isaías, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga quedaron fijos en él. Entonces este muchacho se levantó, luego de un silencio que merecía una respuesta, y les dijo:
Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.
Al principio no entendieron lo que pasaba. La palabra se hacía verbo. La profecía era tangible, allí estaba él, a la vista de todo un pueblo, cautivo y no muy estudioso. Era Jesús. Y luego lo intentaron desbarrancar, llenos de ira.
-          Ya solo falta que a usted también lo ponga yo para cachimbazos, después de que además le deje con la historia de que se acaba de saber que por un tal Dionisio Exiguo, Jesús nació en el año V a.C.  O sea nació antes de él mismo.
-          ¿Cómo así?
-          Ya ve, eso es lo que no les enseña a ustedes un predicador.



[i] Espíritu de Dios, en hebreo.

martes, 20 de noviembre de 2018

הנה אניNARRACIONES EXTRAORDINARIAS/1




A las afueras del Archivo Nacional, una mujer enseña a través de ese pasaje del Génesis en el que Abraham debe sacrificar a su hijo. 
Ella habla acerca de la obediencia, y con este ejemplo intenta dejar en las mentes de lustrabotas y vagabundos, la evidencia de que obedecer a Dios siempre es lo mejor. Ella casi declama, cuando Jehová envía a un ángel, e invalida la orden, ofreciéndole un carnero que se ha quedado enredado en una zarza.
Pero entonces, yo me pregunto, como podrán analizar, estos muchachos, una historia en la que un Dios ordena la muerte de un niño sin ningún motivo. Habrá que explicar, los rudimentos de una doctrina, que ha cambiado con el tiempo, de la barbarie de la ley, a la esperanza de la gracia. Dios mismo ha ido comprendiendo al hombre a través del tiempo, este conocimiento de los errores, del carácter humano, de sus faltas, de sus aciertos, hizo con el tiempo un Nuevo Testamento.  Pero en la época de Abraham, cuando todavía no se habían dictado los mandamientos, todo corría por cuenta de una voz absoluta, que podía dictar con tremenda arbitrariedad la vida y la muerte.
Fueron tres días de camino.  Ellos eran más de dos, por los siervos del patriarca, a los que dejó lejos, ¿por qué? Si nosotros intentamos entender ese extraño pacto, no sería arriesgado decir que, menos iban a entender los súbditos.  Moriah quedaba a tres días de camino, en todo ese tiempo, Abraham le daba oportunidad al muchacho de recrearse en el panorama.
Desierto y el más encantado yermo donde se aparecían ángeles y prodigios. Estamos asistiendo al inicio de todo, con el soplo del viento árido del mar mediterráneo, matorrales y espinos,  levantamiento de dunas naciendo de la arena, terruños ocres que modela el aire. Los pies cansados de la larga caminata bajo el sol. Luego el atardecer, la fogata y una pequeña conversación antes de tender las camas dentro de las tiendas de campaña.
-          Padre mío.
-          Heme aquí.
-          He aquí el fuego y la leña…
-          Ya es hora de dormir, mañana me preguntas lo que quieras.
El silencio de la reverberación del aire.
La madrugada se extendió como una sábana de entusiasmo. Por alguna razón del clima, el sol se extendió sin fronteras y parecía que nunca volvería la noche. Riendo, Isaac se lavó la cara y comió con su padre la primera ración del día. Eran lentejas y un trozo de pan. Luego, el mismo Abraham lo consoló diciendo:
-          No te preocupes, ya vamos a llegar –mientras le ofrecía un cuenco con agua.
-          No estoy impaciente, me gusta el viaje; no siempre tienes tiempo para salir. Hasta ahora que conozco esta tierra.
-          Súbete ya al camello, debemos seguir.  
-          ¿Llegaremos hoy?
-          Ya estamos cerca, si hace buen tiempo y todo va bien, antes del medio día.
Los siervos nunca preguntaban nada hasta que su señor les hacía indicaciones.  Esa era la costumbre. Todos estaban intrigados, el viaje no había sido extenuante, llevaban las raciones necesarias, pero todo parecía precederle la incógnita. Sin embargo, habían visto a Abraham intentando que todo pareciera un viaje de padre e hijo. Fueron ochocientos kilómetros, hasta ver la empinada llanura de Moirah.
-          Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros.
-          Así sea –respondieron.
Isaac se puso en camino a la par de su padre. Se ve la diferencia en los pasos. El niño corre alegré de acompañar a su padre, que ahora lo mira con oculta devoción. Tu único hijo, resuena en su mente, a quien amas, Isaac. Mudo, intensamente preocupado y triste, mira la arena que levanta el viento, siente el calor del desierto y todo lo recorrido. Hubiera querido que durara un día más, por lo menos, piensa. Hubiera dado todo porque no llegara ese momento terrible, ese momento preciso de consumar un crimen. ¿Por qué voy a matar a mi hijo? Dios, eterno y verdadero, por qué. Tu mente es infinita, tu corazón es de otro mundo. Pero en esta tierra voy extrañar a mi hijo. Tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas. ¿Cómo me voy a olvidar de todo? ¿De qué tamaño será mi culpa? ¿Qué le voy a decir a Sara?
-          Padre mío.
Y él respondió: 
-          Heme aquí, mi hijo.
-          He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?
-          Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. ¿Esa era tu duda anoche?
-          Si.
-          Ya verás cuando lleguemos –le dijo, en un tono triste, tratando de no pensar en el filo del cuchillo, ni en lo haría con él.
Isaac empezó a tener una pequeña desconfianza, una espinita, que solo fue disipándose con la esperanza de un cordero que su padre tendría preparado, ya que se lo dijo con una seguridad probada a través de los años, no solo con él, sino con su madre, a la que Abraham podía tranquilizar con una simple mirada. Pero de todas formas, Isaac oro a Dios y le entregó también su confianza, diciéndole que tanto camino debería ser recompensado con un cordero para el sacrificio.
Al llegar, Abraham edifico un altar, compuso la leña, y sin decir absolutamente nada, ató a su hijo. Lo cargó, sin que se quejara por nada y lo acostó sobre la leña. Esté siguió callado, cerró además los ojos, no para orar, sino para dejar de ver a su padre conmovido, clamando, mientras acercaba más leña y la ordenaba a su lado, listo para encenderla, luego del sacrificio. Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollarlo.
Al levantar el rostro por última vez, oyó voces que decían su nombre. Es mi angustia, se dijo. Pero entonces, Isaac abrió los ojos y advirtió a su padre con la mirada. Fue cuando Abraham vio al ángel de Jehová gritando su nombre.
-          ¡Abraham, Abraham!
-          Heme aquí.
-          No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.
Entonces desamarró a Isaac y este lo ayudó a destrabar al carnero que luchaba por soltarse de unas ramas.
-          Antes ofrezcamos el sacrificio, y tu vas a sacrificarlo en agradecimiento –ordenó Abraham a Isaac, que lo miraba comunicándole su entusiasmo.
-          Padre mío, yo te ayudo a subir el carnero.
-          Amarra sus patas, ves es cuerda.
-          ¿La misma con la que estaba atado de manos? –preguntó Isaac, como si quisiera que todo pareciera menos grave.
-          Si, hijo, esa –respondió Abraham, al punto que encendía una tea y la empujaba bajo la leña.
La sangre del carnero goteaba de las piedras en abundancia. Las llamaradas fueron creciendo y los leños tronaban junto con la carne carbonizándose. Isaac se arrodillo y dio gracias. También Abraham lo hizo, luego de oír una promesa de Dios.
-          Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.
Sara murió a la edad de ciento veintisiete años. Nunca supo nada. Ni ellos volvieron a hablar sobre lo que pasó. Isaac siempre recordó aquello como uno de los primeros encuentros con Dios, y no lo cuestionó nunca, como tampoco culpó a su padre que siempre guardo silencio porque no podía hablar ya de eso.

Y así termina la historia, pero como me hubiera gustado decirle a esa señora que el más obediente de los dos había sido Isaac.

jueves, 25 de octubre de 2018

MONTERRICO




I
Acá todo es ondulado. Las mujeres ondulantes, la playa flexible, el mar con su única línea recta, acostada. Pero esa línea también es curvatura de fermentos marítimos. Toda la mar haciendo óvalos concéntricos, hasta parecer dunas siberianas que cambian a rectas aparentes. En lugar de cangrejos pantagruélicos, ahora hay miles de botellas de cerveza Corona con un limón podrido al fondo, como mensaje para los niños que aún no han nacido.
II
Cuando uno llega a Monterrico se da cuenta enseguida que el mar está a dos pasos de uno. Se oye el estruendo desde que uno pone el pie en la arena. Hoy está inundado, acaba de pasar el temporal y el canal se ha rebalsado. Huele a pez muerto.

Uno cree en los crepúsculos orgásmicos de las películas, en los escarpados rincones paradisíacos, donde dos hacen el amor desde el beso hasta contorsionarse. Pero no, el amor aquí se debe hacer con cautela, estamos en el tiempo de las Parlamas y, ellas reclaman la playa para soltar sus huevos. Las tortugas marinas, y los enamorados, tienen el inconveniente que de día hay turistas quemándose bajo el sol; y de noche, los lugareños, linterna en mano van de lado a lado buscando los nidos de las tortugas.

Logré ver a la primera. Era una tarde soleada a medias, con un viento tan decidido a irse desesperado, que la superficie de la playa se miraba turbia de la arenilla arrastrada a la fuerza, de un alma invisible que nos hacía arder las piernas por los piquetes de polvo. Allí estaba la tortuga gigante, viendo al mar con sus ojos lagrimosos, haciendo el nido con sus patas traseras. A cinco metros, un muchacho con playera y bermudas la parecía cuidar, cuando en realidad lo que pasaba era que se iba a llevar más de tres docenas de huevos sin donar siquiera uno. Y es que hay dos verdades que se cruzan. Una es que la gente tiene hambre, y la otra, que las tortugas se están extinguiendo. Una de las dos verdades se apoderará de su momento; o por un efecto dominó, la una aventajará a la otra.
III
Allí en la arena ha quedado el olvido. Materiales tan cotidianos que hacen el ADN de un viaje. Las pequeñas células de un cuerpo: una pequeña sandalia de hule color azul con rosado. El vaso de duroport con un cangrejo microscópico. Allí está la sed de los muertos, dentro de cascaras viejas de cocos deshechos. Deshabitado mar donde nace el ansia de eros. El desierto de los latinos es la playa. Allí está el peine perdido con sus cabellos revueltos. Allí estará el beso en la botella y en la orilla de un cigarro. Allí está el sudor congelado donde se acostaron sin ropa, renovando adámicos gritos. Allí están las páginas de un libro volátil, de palabras aéreas que ahora emigran cada año en las conchas vacías. 
IV

Acá todo es ondulado. La mujer con torno Fibonacci. Ondulado el mar y ondulada la ola. Solo una línea recta aparente. Un horizonte que se dobla conforme nos alejamos del mundo. Contorno de la playa como dunas saharianas. Solo una línea que recorta el cielo del agua, la sal de la luz, el ave de los peces. Ya no hay cangrejos allá, solo miles de botellas de Corona con un limón podrido hasta el fondo. Mensaje cifrado para una generación de niños que no nacen.

lunes, 8 de octubre de 2018

DOMINGOS DE TROVA EN RAYUELA







Todo está pasando cada domingo en Rayuela, un barcito íntimo por dentro y expansivo por fuera. Por dentro uno se ve rodeado de amigos vivos y fotografías de grandes y celebres maestros. Por fuera uno se encuentra revuelto entre la vida, a la que no le dan un solo día libre en su existencia maravillosa. Desde el interior del café se oye, cada domingo, una convocatoria que se ha vuelto habitual, de los músicos: Koki Valdéz y Rafael Jaén que desde la primera entonación logran que la banda se cunda de sentimiento. 




Estos domingos los han convertido en un viernes anticipado. Todos coreamos las canciones, unos desde fuera, otros desde adentro. Hemos cantado a Silvio como si hubiera compuesto ayer esas canciones; a Fito Páez entre la celebración de un vino tinto, a Mercedes Sosa con una convicción tan cierta como la marcha y la manifestaciones frente al Palacio Nacional, o cualquier palacio de difuntos y flores, de una Latinoamérica en la que se pueda oír a Sabina con libertad. Estos tiempos nos ha regresado la trova. Precisaba una propuesta así para estas noches de zozobra. Pero todo se aclara desde las 6:30, en que empieza la función primera de estos dos amigos inseparables que cantan juntos y por su lado, en intervalos que van abriendo de canción en canción, hasta pasada la media noche. 
Y es que los domingos por la noche, a algunos (si no es que a todos sin pecar de amplificado) les emboscaba el sentimiento de perder para siempre, algo impreciso pero agudo, la felicidad de los fines de semana, que lo iba reemplazando la penumbra de los lunes interminables, de los martes marrulleros, y los miércoles, de no saber hasta cuándo llegaría el jueves y empezaría finalmente el viernes a rescatar la ilusión de la vida de uno mismo; con aquella democracia mosquetera: de uno para todos y todos para uno. 
Pero me contaba 
Byron Vasquez que fue una propuesta suya, y entonces nació la idea, se convocó a los muchachos y respondieron con una afirmativa reunión que dio inicio a todo este espacio que se desborda hasta la calle. Y aunque no esté de moda, aparentemente, como siempre los vientos de cambio van poniendo sus propias canciones en el Walkman de la historia. 
El café restaurante Rayuela está ubicado en la 6 avenida 3-61 zona 1, fácil ver su exterior de rojo y abrir su puerta giratoria. Tienen un menú, como yo lo llamo: para la plática y el romance; para conversar por la tarde con un buen café amigable, y como les contaba, también bancos en cada ventana hacía la calle, y de plano los domingos para intentar seguir resistiendo en la ciudad, celebrando la vida y el amor, con los amigos que son y los que vendrán, que en Rayuela cada vez se van sumando, afuera y adentro.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

LA PLAZA ROJA FLORECE



Las manifestaciones en la Plaza de la Constitución son un karaoke multitudinario, 
una discoteca en la que te chocas a alguien con quien bailar, 
un café para conversar, 
un chupadero donde sorprende la complaciente tolerancia, 
un ring sin cuerdas, 
una sala de estar, 
un club para novatos y militantes, 
para retirados y combatientes. 

Puede ser otras cosas, 
ustedes lo saben, 
una sala de terapia para gritar a fondo lo que no pudimos gritar a tiempo, 
un sitio para la conquista y la poesía de solo ser y ya. 


jueves, 6 de septiembre de 2018

Receta de Ceviche a la´Oliveros


-
El ceviche Capulinita es una versión económica con los populares frutti di mare. Esta versión es para dos o tres personas dependiendo de las porciones.
Ingredientes.
½ libra de camarones con cabeza.
6 Conchas
1 Filete de Dorado o lomo de Tilapia.
6 Tomates medianos y rojos.
2 Cebollas grandes (una blanca y la otra morada).
1 Manojo de hierba buena.
1 Jugo V8.
1 Botella de salsa Inglesa (Salsa Worcestershire).
1 Bolsita de Salsa Kétchup.
Sal y pimienta.
5 limones.
Preparación:
Se pica en fragmentos finos la cebolla y el tomate, como base. Se dejan marinando los camarones en jugo de limón por espacio de quince a veinte minutos. Luego se vierte la salsa inglesa y la kétchup junto con el tomate y la cebolla. Enseguida se descabezan los camarones y se pelan, luego de pasarlas por tres minutos de agua hirviendo. Ya los camarones en el tazón de la preparada base, se abren las conchas una por una y se vierte el jugo de la concha sobre la base, se les extrae el molusco interior y se mezcla. Luego se corta el filete en pequeños cuadros y se agregan. En seguida se deben exprimir los jugos de la cabeza del camarón sobre el extracto de limón. Todo eso se adereza con una pizca de sal y se sazona con un poco mas de limón y salsa Worcestershire. El jugo V8 se vierte al final según el gusto. 

miércoles, 15 de agosto de 2018

-ROCK-OLA MADMAX-



A quien interese.
Te haces daño.
¡Daño te haces?
¿Qué daño?
¿El más tierno dolor?
Creer que no existe el amor.
¿Y acaso existe?
La ilusión lo imagina erótico.
El alma lo crea cierto.
El espíritu tuyo lo proyecta exacto.
La tierra.
El polvo.
Y el cielo.
El agua/la saliva/ o el sudor.
El aire/ la respiración de una luna.
Dándolo están ahora mismo.
Cuando lo desvirtúa la traición
volcanes de cartas de amor arden en llamaradas.
Rock-olas llenas de dolor aúllan
que solo monedas son.
Canción sobre canción ceniza solo es.
Shakespeare y Dante guerreando en
un bus extraurbano
siempre alertas del chófer de ese tren de almas
que todo al final
carcajada macabra abraza.

lunes, 18 de junio de 2018

DE BALAS, DE BOLOS Y DE BOLAS/ MAX ARAUJO






de balas, de bolos y de bolas
Max Araujo

En una pequeña entrevista en su oficina, me contó de Pontoise, lugar que logra fijar en un cuento suyo que se intitula El retorno a casa. El libro íntegro me lo leo en las pausas de una revisión de texto. Uno a dos días y me logra absorber su franqueza auténtica y aguda creatividad para interpolar una imaginación desbocada, sin modificaciones efectistas. Reviso mis notas y encuentro una reproducción de bolsillo de Ladera del Hermitage, Pontoise, de Camille Pizarro. Pero además en el relato se habla del aquelarre impresionista que eran esos muchachos sensibles a la luz, que ahora descansan en sus obras, refugiadas  allá en la casona magnánima y dócil, que es el museo de Daubigny.
El libro completo tiene cuentos propios y narraciones ajenas en apariencia, ya que es la old school literaria de recontar lo leído, oído e imaginado; y además con cariño, acercarse a los amigos desde la poesía. Solo así se puede inmortalizar una postal de viaje o una lectura precisa tomada de algún diario. Max lo hace desde su memoria que recrea y condensa. Y agradecido lo afirmo, ya que con tan poco tiempo, las historias parecen hechas como ventanitas de un bus atestado, desde donde se puede dar un  fresco respiro.
Para muestra el relato que describí vagamente al principio, en el que el personaje llega a Auvers-sur-Oise, va al museo y llega al cementerio, solo para comprobar (como sufriendo un síndrome de Cotard), que la losa al lado de Theodorus es la suya propia, y que todo ese juego de apodos era una certeza de sí mismo. Él es Vincent Van Gogh el suicida, así que se encamina como un viento divino a volar en mil migas.
Otro de los relatos que me gustaría ilustrar es La vida es una tómbola, que aunque lleva un título tan popular, lo introduce a uno por una ventanita, a la historia completa (en solo dos páginas), de un hombre que convive con su nieto, producto de una metida de pata de su niña (por la que tuvo que ir a la cárcel, luego de acertarle dos balazos al susodicho, que obligaba a malograr el nacimiento, del que sería alivio y gozo, en la última etapa de su existencia. Un cuento lacrimógeno, pero no tanto como Las cosas son como son y no como uno quiere que sean.
La narración Lo que el agua se llevó fue traducida al francés y publicada en Lettres d'Amérique latine. Al contrario de su aura de jurista de corbata en sus historias hay una bohemia feroz, fortalecida por un lenguaje sin tanto giro. Aún recuerdo la inauguración de Filgua 2016, cuando me endosó una invitación a la embajada de México para, supuestamente, hacerle una entrevista al invitado de honor, un tal Paco Ignacio Taibo II, que nunca llegó y, todo se resolvió fácil con una comilona de chimichangas y vinos tintos sin cuartel, con Maurice Echeverría circulando por allí con un nuevo premio de poesía. 
de balas, de bolos y de bolas es el último libro de cuentos de un gran aliado de las letras y cófrade en las tertulias del arte y la vida. Floreció, publicado en el año 2014 por la Editorial Nueva Narrativa. Lleva una fotografía en la contraportada de Vania Vargas. El diseño de portada de Martín Díaz y una dedicatoria a Francisco Morales Santos y a Carolina Escobar Sarti.