viernes, 30 de octubre de 2009

SESENTA Y NUEVE EL TREINTA Y UNO


A Wendy Castillo, con amor.
69
Sesenta y nueve formas de amarte,
giratoria y telescópica
mecánica de círculos y burbujas
luces de camionetas y rótulos de hoteles vacíos
lunática y microscópica,
silenciosa
marítima
para mi confort pornográfico
sos de miel y de encanto
mi guia invisible
mi pequeño satélite blanco con ojos por dentro
adentro me estoy volviendo un liquen en tí
un pequeño insecto que repta bajo tu almohada
no sueño conejos
sin una idea publicitaria
porque de todos los péndulos dependo
porque he sido como un bote de Nescafe vacío
lleno de botonetas m&m que tu me has regalado.

lunes, 26 de octubre de 2009

VISITA A UN ZOOLOGICO DE LUJO/ EXPOSICION DEL TECOLOTE RAMIREZ AMAYA


Ese día había resuelto llevar a Mariano Cantoral a conocer el famoso bar El Olvido, pero recibí la noticia de la exposición pictórica del maestro Ramírez Amaya, a quien no conocía más que por medio de entrevistas y textos y alguna que otra fotografía. Me emocioné por conocerlo. Había leído tanto sobre el, esas historias mitológicas de sus amigos, sus enemigos y los milagros de su arte mayor: el dibujo. Así que resolví llamar a Mariano y proponerle que fuéramos a la Antigua. Mariano aceptó, intrigado. En el camino supe que a penas llevaba siete meses de manejar y, que aquella oportunidad era su primera vez en carro a la Antigua. Algo sobresaltados, hablando de literatura y buenos recuerdos de la red, llegamos al parque donde se quedó de juntar con su novia.
Mariano Cantoral es el autor del blog Más que Expreso, y de Lunes, y nos quedamos de juntar para organizar, o terminar los detalles de una lectura en el Gran Hotel donde también invitamos al bajista de Iguanamanga. Su novia apareció de pronto, mientras nos servíamos el tercer traguito de Quetzalteca, en pleno parque.
En Antigua el clima era invernal y amenazaba una brisa al caer la tarde con un viento permanente y frio. Yo estaba encantado de estar a punto de conocer a Arnoldo Ramírez Amaya. Bebía con gusto y la conversación con Mariano no decrecía. Su novia nos termino guiando hacia Casa Santo Domingo y en los misterios de las calles de antigua nos terminamos perdiendo, hasta que ella tuvo la gentileza de contratar un tuc–tuc que nos dejo en la puerta del lugar. Le pregunté a alguien de la puerta si ya había empezado la exposición y no me supo responder. Volvía la invitación y pude ver que todo estaba en orden, era ahí a las seis de la tarde. Fuimos guiados por personal del hotel y yo no podía creer las dimensiones de aquella mansión que enpezaba en una puerta tan pequeña. Nos dijeron que teníamos que pasar un puente iluminado con velas y todo era como un silente sueño romántico. Wendy y yo nos dimos un beso bajo los paredones antiguos de la casa y por fin llegamos a la sala Quiroa. Inmediatamente quise ver las pinturas. Le pregunté a Mariano si sabía donde estaban dando vino. No sé como le hizo pero se informó bien y al momento llevaba dos copas de buena cepa.
Las pinturas de Ramírez Amaya ahora estaban llenas de colores selváticos. Había unos tecolotes, toros y un Jabalí hermoso resuelto con trazos libres y precisos de color ocre. Me gusto el Jabalí y me gusto una escultura de una odalisca con murciélagos, un sánate en bronce y un bucéfalo soberbio que estaban en toda la sala como si todos los animales místicos del artista hubieran salido de paseo. Un quetzal con la las plumas de la cola dobladas, sus dibujos y bocetos, algunos hechos en cualquier caja de cereal o tapa de cartón, y como novedad sus dibujos de toros de lidia y autorretrato, impresos en vidrio. La técnica es digital pero causa una impresión interesante en el espectador. Mariano no conocía al Tecolote Ramírez Amaya, así que cuando yo les dije, ahí viene, no supieron quien de todos era. Iba vestido todo de blanco, con su cabeza calva y no le disgusto saludarnos.
- Maestro, ¿Cómo esta? –le pregunté – Estuve buscándolo por toda la zona uno –Sonrió y afino sus ojos exaltados.
- Y para que me andabas buscando voz –me preguntó.
- Pues para hacerle una entrevista –le dije.
- Ha, bueno, si es por eso…
- Le presento a Mariano, Estefanía y Wendy, ella es no vidente, le dije.
- Ha, esos universitarios –dijo acercándose a mi novia como si le confesara algo sólo a ella –siempre diciendo las cosas tan rebuscadas, no-vidente, no ve, es sencillo, es ciega... –dijo.
Una de las organizadoras, se disculpó y lo encaminó al estrado. Pude ver a Marlov Barrios entre la multitud. Ramírez Amaya dijo algo sobre la mala jugada del destino de exponer en una sala que llevara el apellido de Quiroa, pero también le causaba gracia. El vino era muy bueno, y terminamos sentados, luego de recorrer la sala, viendo a la gente y disfrutando de los sabrosos pinchos de carne y de pollo. Ramírez Amaya me respondió algunas dudas y me dio su número de teléfono para lo de la entrevista. Me pareció alguien como me lo imagine, audaz y con un talento desbordante.
Como a las nueve de la noche se despidió Estefaní. Y media hora después regresábamos a la capital. Todavía nos quedaron ganas de ir a las Cien Puertas y terminé la noche imaginando una trifulca en el Cafetín a la vuelta de mi casa.
-
Que bello texto el de Denise Phé-Funchal

sábado, 24 de octubre de 2009

DESCUBRIMIENTOS, INTUICIONES Y OTRAS BABOSADAS QUE SE ME OCURREN


El mejor vino no es necesariamente el más caro, sino el que se comparte.
Gerge Brassens

- Se me ha ocurrido últimamente caminar por todos los lugares de la zona uno que no conozco. Ayer fui al parque San Sebastian y caminé lentamente por sus alrededores habían Skates y rokeros, una vampiresa me pareció adorable, aún tenía rastros de sangre en la boca.
- He descubierto que las mujeres del Parque Central son hombres y las ardías son ratas. Lo único honesto en el parque son las palomas. Bajan desde las cinco de la mañana, que es la hora cuando llega frente a la Catedral un buen hombre que vende maicillo desde un banco con una carpita. El hombre es barbudo y parece un filósofo o un santo que es lo mismo que decirle loco.
- Intuyo que la gran obra de Javier Payeras será el primer Western Latinoamericano y Washington Chicas sera intermpretado por un Clint Eastwood Guatemalteco.

viernes, 23 de octubre de 2009

NOCHES AMARILLAS/ SOBRE EL LIBRO DE JAVIER PAYERAS


Javier Payeras dice que escribe novelas cortas para no quitarles mucho tiempo a sus amigos, pero es completamente una mentira.
Anoche, luego de un conversatorio sobre el Centro Histórico y sus personajes diarios, tras una taza de café, me fui a mi casa y empecé a leer el libro Dias Amarillos. Grave error. Leí 27 páginas encantado, riéndome en silencio porque mis vecinos se podían espantar de un loco soltero riéndose solo. Al final de ese capítulo invita al sueño y, hasta cante en silencio esa canción que dice quiero dormir cansado... y no despertar jamas, quiero dormir profundamente. Entre otras cosas no conozco a mis vecinos después de tres semanas en la casa, y ya en una ocasión se quejaron de mi música a todo volumen.

Me acosté, apagué la luz y sentí el corazón bastante fuera de lugar; en la oscuridad me tomé la presión y pensé en el café expreso que me había bebido por no tomar cerveza. Que buena droga, pensé. Me levanté, tomé el libro, bajé al sanitario y, seguí sentado en la taza del baño soñando con la historia por la pagina 38 en blanco hasta la 39 donde empieza esa obra de arte que es la resistencia desgraciada de durar. Al salir del baño vi la oscuridad y oí la respiración de Camila, la perra Pastor Alemán que por fortuna le caigo muy bien. Sentí que le incomodaba mis idas al baño por la noche. Una de estas me desconoce, pensé. Pero los perros son más listos que uno, porque también usan, además de los ojos, el olfato.
Entonces, contrario a lo que dice mi amigo Payeras sobre el tiempo de sus amigos, se me fue el sueño a la mierda y seguí leyendo por una hora más. Washigton chicas se despidió y puso un par de billetes sobre la mesa, y yo cerré el libro con ganas de, ahora si, dormirme. Perdonen las malas expresiones, pero que putas, seguía con la armonía, con el corazón excitado por ese maldito café puro o por saber el final de la trama esa. Ese café que sirven en el Gran Hotel es cocaína, pensé. Me levanté de nuevo, salí otra vez, y me di cuenta que por fortuna la mujer de abajo no estaba dormida, se oía como que lavaba ropa. Seguí leyendo. La historia era buena. Fluida, y divertida. El diario me gusto mucho porque cuando llegué a ese ensalmo poético de Septiembre 11 me quedé pensando que eso era ser escritor, volcarse todo uno, como un camión amarillo en el basurero de la zona 3 y dejar que salga todo. Bello y grande mi hermano, murmuré. No hay que creer, leí en voz baja, basta con salir a caminar. A las dos de la madrugada seguía prendido yo y la luz de mi cuarto. Llegué a Pausa, y luego un crescendo final, por supuesto, amarillo. Como imaginaran, algunos lectores de Días Amarillos, caí por fin profundamente dormido. Eran las 2:30am.
*
PD.
Por cierto gracias Mariano C. por prestarme el libro y por la mitología que armamos a raíz de sus personajes.

jueves, 22 de octubre de 2009

CONVERSACION CON UN SKATEBORDING/PERSONAJES DE LA ZONA 1 (i)


Alan Vásquez es un skateboarding. Tiene una tabla y le gusta viajar en ella como algunos nos gusta la bicicleta. Es un buen narrador. Me contó paso por paso sobre su pasión desmedida por éste fragmento de madera y, ruedas (inventadas ya hace más de cinco mil años). Me habló, y esto me sorprendió muchísimo, de eventos de su infancia que para otros es difícil de recordar, y lo recordaba porque andar sobre ruedas es como andar volando y andar volando es como regresar a la niñez. No pude ver su tabla. Me invitó a un evento en la calzada Roosevelt y recordó otros eventos en el monumento al Papa Juan Pablo II. Lugar donde se reúne la gran mayoría de expertos en este deporte que tiene mucho riesgo y, por lo tanto, cada logro es como vivir mil veces. Todos estos descubrimientos con la tabla se logran surfeando de la manera más atrevida sobre el pavimento y, si se tiene suerte, sobre plataformas fabricadas donde abundan las curvas y las caídas son su recompensa. Regresando a la vida de Alan, me contó la forma en la que le pidió a su padre su primera patineta, de cómo lo rogó, de cómo tuvo que explicarle pacientemente y casi al borde del ruego que el sólo había nacido para una cosa en el mundo y eso era el Skate. Todo esto me lo contó de camino por las calles de la zona 1, cruzando las avenidas con varios de sus amigos de la colonia de la zona 18 en Pinares del Norte, donde aprendió sus primeros trucos. Me contó que el riesgo esta en saber caer, en los primeros retos, y algo extraordinario que vivió; ganar un Torneo Nacional en 2008, a uno de sus rivales más despiadados, el que le gritaba que no podría lograr un lip o un flip, y menos un wallride; me contó de Jungle, esa tienda donde una noche salió con un patrocinio privilegiado por sus destrezas en los torneos organizados en colegios y parques al aire libre. Tenía tabla y tenis nuevos.
Mientras Alan me contaba todo esto, me llené de un imaginario de patines y patinetas, rollers amateurs cayéndose y levantándose, skates volando por las plataformas de las piscinas y los pasamanos, girando en el tiempo como la plataforma de concreto en aquel Burger King de la Roosevelt, gente de todas las edades disfrutando de lo mejor de la vida subidos en una simple tabla. Estas son unas de las preguntas.

Lester Oliveros: ¿Cómo empezó todo?
Alan Vásquez: En el Liceo Guatemala. Yo no podía patinar y siempre me subía al 3er nivel como si me asustara todo eso. Tenía como 11 o 12 años. Además, ya sabes, era en ese tiempo muy solitario. Mi papá, recuerdo que en aquella época se iba y me dejaba literalmente encerrado con llave en un cuarto. Ya te imaginas el miedo que tenía y como me iba volviendo cada vez más aislado.
L.O. ¿Cómo fue tu primera tabla?
A.V. Chafa, de 100 quetzales.
L.O. ¿Cómo imaginas el futuro de este deporte?
A.V. Puede que mejoren los materiales, que sean de aleaciones cada vez mas resistentes. Las pistas serán con mayor confort y se podrán hacer trucos más arriesgados con plena seguridad. Ya han sacado algunos prototipos por Internet.
L.O. Hablando de cine ¿qué película te gustó más?
A.V. American Beauty. Ese personaje que graba todo y se mantiene de la venta de marihuana, o, esa escena cuando ven por la televisión como esa bolsa insignificante va un lado a otro solo movida por el viento. West Bentley, creo que se llamaba.
L.O. ¿Qué pensas de la gente que anda en el Skateboard?
A.V. ¿Antes, como todo, era una cosa que tenía mística, pero luego he visto que muchos se meten en esto por intoxicarse con algo, andan por ahí un tiempo en la droga, pierden la esperanza de todo y se salen, sólo la forma de vestir les queda.
Los amigos de Alan Vásquez también comentaron algunas respuestas, estábamos bebiendo vino tinto de caja, todos parecían ser parte de esas lecciones de la vida que se aprenden cuando ni siquiera nos damos cuenta.

miércoles, 21 de octubre de 2009

NOCHE DE HIP HOP EN BELLAS ARTES/MC*



Hay un cuadro de Klee que me encanta sobre mi librera. Un acorde de Soda Estereo que se difumina en sus colores. Una foto de Basquiat que huele a monte. Todo eso en mi escritorio mientras recuerdo a estos poetas urbanos cantando sus lyrics con una hermandad genuina. Fue ayer en el Teatro de Bellas artes. Fue ahí, luego de escuchar a Mejía Godoy, luego de comer buñuelos en Santo Domingo, luego de ponerme una chumpa de inmigrante y salir por esas puertas de madera, y buscar en Gardenias un espacio para oír poesía. En Gardenias se había clausurado el evento por contrariedades entre los organizadores. En la Plaza me encontré con un grupo de compañeros. Es curioso que siempre nos encontremos y, me contaron sobre el evento de Hip Hop en el teatro de Bellas Artes. Estaba José Chamale, cantautor; Juan Carlos, fotógrafo oficial del colectivo S.O.P.A.; Tito, un vecino; Eckerman, joven lector y músico; Rolando Orantes, guitarrista y, Chepe, amigo poeta que viaja en bicicleta. Caminamos por la Sexta Avenida y me di cuenta del respeto que tienen los automovilista por los peatones y los ciclistas, me pude dar cuenta, sorprendido, del gran respeto que tienen los ciclistas por los de a pie. Comentábamos con Juan Carlos y me decía que sólo pasa en la Sexta Avenida, en otras calles han aventado a muchos.
Al voltear por la Avenida Centroamérica vimos el maral, rostros conocidos y desconocidos, amigos fraternales y solidarios compartiendo el vino y los abrazos. Estaban todos. Tantos amigos que sólo la enumeración me valdría una lista infinita. Yo no iba a entrar porque pensaba regresar a casa y empezar de nuevo la corrección y lectura de mis trabajos atrasados, pero, Alan Vásquez (alias el demonio), me convenció. Al entrar le di las gracias por haberme insistido. El proyector de VJSine mostraba, en todo el escenario criptografías estampadas sobre los telones rojos y mándalas lumínicos con una potencia que inducía al baile. Se escuchó la entrada del primer Rapero con mucho talento. Muchos bailaban. Otros estaban sentados en las butacas. Frente a mi estaba un grupo de bellas valquirias bailando con unas niñas. Adelante estaba la poeta Rosa Chávez muy bella, vestida con una blusa tejida de un corte regio. Luego me despedí de todos, caminé por cada una de las calles acompañado de la memoria de cada uno de los sonidos que conocí. Llegó la hora de sentarme y empezar esta nota, pero antes quisiera decirles que los poemas de Whitman y Vallejo también son rap.
Fotografía: Kunti Shaw
Autora: Lunatika Lu León/

lunes, 19 de octubre de 2009

UNA AMIGA MUY BREVE Y ALGO SOBRE LAS JAULAS




Una amiga muy breve me dijo que le gustaban los animalejos que vivían en mis textos. Era una amiga muy bella, como todo lo bello, siempre fue breve. No la he vuelto a ver. Mis animales siguen evolucionando dentro de mí y como Blattas Orientalis recorren mi cuerpo con patas de serpientes voladoras y cara de piojos chinches, ahí están extrañando a esa mujer que los descubrió bellos. Las personas breves aparecen en mis textos con mayor luz y sombra, son creadas con colores versátiles que pueden llegar a ser verdaderas obras de arte, pero breve, un arte mortal y peligroso. Si pudiera contar algo verdadero, diría que estuve parado delante de una jaula que es una puerta de un Cafetín neón, en el preciso momento en el que un hombre tomaba su arma y le apuntaba entre los ojos a un amigo, el golpe del martillo contra el cielo bala, no hubieron muertos por fortuna. Pero parece que mis apariciones en este espacio están afectando a mucha gente. Creo que fui el causante de que despidieran a alguien de esa jaula. También fue interesante la música ultra moderna de esos dos tipos con vestiduras geométricas y las fotos de Byron Mármol, y lo original que me supieron los tragos de Indita con horchata, más bien como una piñata para grandes, viendo la calle de la sexta avenida trepado en la cornisa de esa casa a unos metros del cine Lux. Pero extraño algo de mi amiga tan breve, quizás que nunca pude verla sobrio. Las Blattas Orientalis cada vez se me aparecen más y más en mis cuentos, saben de alguna forma interdimencional, que yo soy como una de ellas. Imaginario como una Periplaneta Americana.


jueves, 15 de octubre de 2009

PROSA RECORTADA/LECTURA HOY EN BAR EX-CENTRICO


Lo desconocido de tí
Eso que te hace vivir
Sólo por estas noches asesinas
Te van volviendo a la ternura de una luna
Escrita en la fuente central
Rodeada de azules plazas malditas


Gitanos éramos en aquellos tiempos
Ilusionados con las calles cortadas
Olvidamos la infancia con las calles cortadas de mi madre que
Vivía y gozaba por las calles hierro donde la lluvia nos volvía victimas
Alucinadas de un gran milagro llamado por mil nombres vida
No había salida
No había una entrada más velada que tu cuerpo partido
Imaginado por un sólo Rey al final del tablero

Orada la piedra los amarillos rayos faroles
Lentos con su cuchillo de espantos sigilosos
Imaginando gotas rojas como pastillas de sangre
Velando a la par del llanto
Enamorado de las puertas de hierro
Rompiendo en cristales líquidos la
Obertura final de los refugiados en las banquetas
Solitarias donde no alienta la esperanza


Rayando las paredes aprendí a escribir
Amando a los insectos entendí del mundo
Mirando lo más desnudo de la vida me perdí para encontrarme
Iluminado y dormido, soñado por otros
Rumiando las mismas calles me fui para siempre en éste
Encantado cuento de una Sherezade moderna que me enciende la TV cada noche
Zoologicamente me acostumbro a las jaulas abiertas de esta city.

miércoles, 14 de octubre de 2009

EL MONJE/BREVE RESEÑA


*El día de ayer, mientras iba caminando por los almacenes de Árabes, oí por la radio que el ciudadano español que salto a la fama por haberse proclamado el autor del apagón del domingo, en toda la capital, y es también conocido por todos como El Monje fue expulsado del país. Nunca lo vi en persona, lo único que sé sobre el es la existencia de este video por YouTube en el que se ve la paciencia y el sentido del humor que despliega para curar a borrachitos infectados en algún lugar del Trébol. Además de eso vi su fotografía en los periódicos y en la red. Me enteré también que tenía once ingresos al país y que había dejado una carrera de exitoso empresario por una tarea humanitaria que financiaba mientras asesoraba otras Ong´s. Un caso de locura, dicen los diarios.
Ese día lunes yo escuche desde mi cuarto, bajo la oscuridad y sobre mi almohada, la vida gitana de nuestros propios hermanos perdidos en otra oscuridad más brillante. Si la voz del pueblo es la voz de Dios, yo oí a Dios toda la noche.

Por la tarde de ayer, Armando Lusquiños, regresaba a tierras ibericas en una carabela con alas.

lunes, 12 de octubre de 2009

HOTEL REALIDAD


Entramos a almorzar a un lugar de lo más humilde, que bien hubiera sido una brasserie francesa en tiempos de calamidad. Pero nos atendieron estupendamente. Pedimos un solo menú. Pollo frito con ensalada de papas con crema y abundante fuente de arroz y, nos dieron dos platos de sopa caliente. Era un caldo de res delicioso que aquella tarde, al final del invierno, nos pareció una magia feliz de los primeros días de octubre. Además nos gusto que el refresco de Rosa de Jamaica lo envasaran en botellas de Coca-Cola para poder organizarlo en el refrigerador. Era un lugar donde habían mujeres mayores almorzando, señores y jóvenes bebiendo octavos de Quezalteca, y era un lugar sórdido y mínimo pero al mismo tiempo agradable. Una señora se acercó hasta mi novia y la saludó con mucha cortesía. Parecía una mujer amable y debía ser cliente del lugar y era la primera vez que nos veía por ahí, porque nos saludo como si nos diera la bienvenida. Un poco después apareció un músico que habíamos conocido un día antes en una cafetería china. Era un señor curtido por el sol, con profundas heridas de desvelo y los años habían sido duros para el, se notaba en su rostro de una forma permanente y se podría uno imaginar que había llevado una vida de infortunios por haber elegido una vocación y un vicio al mismo tiempo. Por un tiempo había compartido con su mujer el gusto por la música, por 1976 eran los esposos Iseppi y se presentaban en las radios a cantar. Me enseñó un carné de la Asociación de teatreros, cantantes y similares, y se veía robusto con la dignidad intacta y parecía un tipo decente. Fue muy amable un día antes en cobrarme las canciones a quetzal, pero además era todo un personaje. Terminamos de comer en el momento en que un hombre se sentó a nuestra mesa y me pidió que le regalara para un trago. Parecía un tipo sin vergüenza por el alcohol y parecía indigno que pidieran con sus manos fuertes y su rostro entero. Pero le dimos unas monedas y, luego terminaron por sacarlo cuando empezó a molestar a unos clientes. Era un lugar intimo y parecía poblado por vecinos que no vivían lejos. El servicio sanitario estaba al subir unas gradas y desde ahí se podía ver la vida humilde que llevaban los dueños. Ese mismo día, a las dos y media de la mañana habíamos asistido a un milagro que sólo pudo venir de un poeta. Una cena improvisada por Simón Pedroza que no parecía una cena improvisada sino un gran banquete de espaguetis con salsa de atún y vegetales rociado con queso parmesano y grandes copas de vino tinto Frontera. Al final de la cena de esa noche Simón llevó un librito negro y sin decirnos el nombre del autor empezó una lectura que nos llevó a saborear con gusto el vino, era un poeta del mismo país del vino tinto, Vicente Huidobro. El tiempo es sólo una fantasía de la imaginación. Por la mañana, antes de entrar a la brasserie, vimos un hotel que se llamaba, contradictoriamente, Hotel Realidad, una pareja salió apresurada tapándose la cara.

BRASIL OLIMPICO POR ALAN MILLS


Colaboración de Alan Mills.
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Me queda claro. Clarísimo: poco sabemos realmente, latinos, apenas entendemos algo de ese espejismo inmenso llamado Brasil. Nos seduce, nos aterra. Y nos salva: hacia allá correremos ahora. Hemos comenzado a refugiarnos en sus embajadas. Ya sabemos que este ornitorrinco tremendo usará el pico para intimidar a los delirantes pirómanos de nuestra historia. Yo aprendí portugués trabajando para una empresa de mercadeo. Y luego llegué a disfrutar esta lengua en toda su dimensión plástica (sí, como si mirásemos los suspiros que forman las palabras por el aire), caminando esas calles adornadas de belleza, o bebiendo cervejinhas en Sao Paulo. A veces también me asusto. Pelé es un monstruo de dos cabezas: por un lado admiramos al niño negro que aprendió a jugar descalzo, pateando cocos desde las favelas hasta ganar varias copas del mundo; por el otro lado nos provoca un espanto singular mirar su cara de androide risueño hasta en las bolsas de comida para perro. Hay una intermitencia dialógica entre una dimensión visible de libertad corporal, alegría e industrialización, con otro mundo perdido, también llamado Brasil, donde pareciera que "bailan sobre cadáveres" y donde los nombres aborígenes son sólo nombres de calles perfectamente asfaltadas. Lo cierto es que hoy por hoy se vive la efervescencia olímpica por el Brasil, es la simpatía mundial, y hay un optimismo desbordado que hasta por momentos quisiera sugerirnos el final del sueño americano, para pasar ahora a construir la humanidad con la forma de un gran carnaval. Y nosotros queremos bailar con ellos, aunque nos miren con esa suspicacia de quien conoce bien los materiales con los que se arma el concreto que resiste a todo incendio. En ningún lugar se vive con tal intensidad la hibridez fronteriza entre los cosmos virtuales y sus efímeras, aunque intensas, chispas de materialidad sensual. En Brasil conocen muy bien la forma de crear proyectos acromegálicos y saben venderlos. Hay una fingida ingenuidad y un pragmatismo que podría sentar un modelo global de vida práctica. Política sin euforias, economía sin complejos: tecnología populista. ¿De verdad están bailando? A veces los brasileños nos piden que incendiemos algo, es verdad, pero finalmente lo interpretan nada más como si aquello fuera una instalación de arte. ¿Les gustará jugar con los pirómanos?, ¿construirán con los restos de nuestro desastre otro espectacular edificio en la Avenida Paulista?
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Video:
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-Post original:

miércoles, 7 de octubre de 2009

CARLOS SALVADÓ/ AMIGOS


Carlos Salvadó se parece a Melville porque tiene cara de capitán de barco. De esos barcos que cruzaban el atlántico de America a Europa. Mide algo así como dos metros, pero para mi es más alto aún. Se deja la barba blanca y cuando camina, suele apoyarse en un bastón de madera, que parece una rama que el mismo hubiera cortado y barnizado. A las primeras palabras uno sabe, por alguna razón del corazón, que Carlos es noble y claro con lo que dice. La primera vez que pudimos hablar estaba de momento en casa de Simón Pedroza. Me contó, mientras le ofrecía una cerveza, que estaba viviendo muy feliz en San Juan la Laguna, dando clases gratuitas de matemáticas a sus vecinos, y algunos niños. Carlos es matemático y además suele decir, con mucho orgullo, que es un ateo sin problemas de entrar a una iglesia y disfrutar de la fiesta. Le gusta ir a la iglesia evangélica los domingos antes del almuerzo porque le gusta el baile y la alegría espontánea de los creyentes de San Juan. Esto es un rasgo definitivo de éste gran amigo de casi ochenta años, su libre pensamiento, su instantánea sonrisa de joven. Esa tarde en casa del poeta Simon Pedroza, hablamos sobre T.S. Eliot, y entre otras cosas, recordó un poema que se titula The Love Song of J. Alfred Prufrock, y del cual reproduzco un fragmento que el mismo Salvadó nos recitó:
Let us go then, you and I,
When the evening is spread out against the sky
Like a patient etherised upon a table;
Let us go, through certain half-deserted streets,
The muttering retreats
Of restless nights in one-night cheap hotels
And sawdust restaurants with oyster-shells:
Streets that follow like a tedious argument
Of insidious intent
To lead you to an overwhelming question...
Oh, do not ask, "What is it?"
Let us go and make our visit.
Carlos Salvadó no es un norteamericano común. Me contó que, para el tiempo que empezaba la infame guerra contra Vietnam, el no quiso ir y su negativa le costo la nacionalidad norteamericana. Sus razones me confió, mientras caminaba muy despacio por uno de los patios de la casa del poeta Pedroza. Fue un momento difícil, según me dijo explicándome todos los trámites que tuvo que hacer para recobrar su nacionalidad, y me di cuenta de la suerte que tenía de haber conocido a alguien tan valiente. El episodio del poema de T.S. Eliot se quedó imborrable, porque caminábamos por la 1era. Avenida de la zona 1, rumbo a una tienda a beber los primeros aperitivos de Quezalteca, que es una de sus bebidas favoritas. Cenamos todos juntos unos platos generosos de Shapsui y Chao Mein. Luego terminó la noche oyendo a un cantante urbano, maestro de la guitarra, bebiéndose los últimos digestivos en un restaurante chino.
Anoche lo volví a ver en el Parque Central, tan fresco, como si acabara de despertar, desde la última vez que nos despedimos.

martes, 6 de octubre de 2009

GASOLINA (BREVES ANOTACIONES) II


Le dediqué un espacio particular al último símbolo que veo en Gasolina.
El último símbolo es la trasgresión, que se refleja en uno de los actos más aborrecidos por el espectador latinoamericano. En la escena en la que el hijo le pega al padre existe este diálogo entre los amigos, en un momento de calma:
- Vos, ¿y porque le pegaste a tu papá?
- Ya me las debía, cerote.
- Como así que ya te las debía… Este pisado.
- Que… acaso vos nunca le has querido pegar a tus viejos.
- Pues, la verdad si, pero ya les pegué.
- Y, cuándo.
- Cuando tenía 5 años.
- Eso no cuenta, imbécil.
Definitivo el parafraseo, no recuerdo completamente los diálogos.

Al ver esa escena, una de las más oscuras de la película, salté del sillón y pensé en escribir algo sobre eso. La colonia en mi particular visión es un microsistema donde operan todos los poderes del mundo. La trasgresión es evidente completamente en la escena cuando el hijo patea a su propio padre. Pero esa escena, aún con la dureza que contiene, no es ni la mitad de la realidad que se vive por parte de uno o de otro bando generacional. Hace un año un muchacho en la colonia Venezuela de la zona 21, en un instante de ira, le disparó a su propio padre y lo mató. En otra ocasión yo mismo fui testigo de cómo un amigo le pegaba a su papá borracho y las imágenes, superaban por mucho la escena que filmo Julio Hernández. Pero la verdadera trasgresión no fue esa. El problema es complejo. El problema viene de los ejemplos de disciplina extrema a lo que muchos fuimos sometidos como una forma natural de corrección. Hay que relatar que en muchos casos los niños eran hincados en tapitas, o los padres les abrían, literalmente, la cabeza con lo que tuvieran en la mano. Y ésta es ya, una seria violación y daño permanente que con el tiempo degenera en una crisis de venganza. Ahí tenemos el caso de Chew Giron y la forma brutal de los acontecimientos en un hogar guatemalteco. El problema es complicado, porque está el bando contrario, el que dice que era necesario que se les corrigiera con esa crueldad, porque de no ser así serían peores. Es un problema de la condición humana y esta condición es variable. He conocido gente madura que agradecen a sus padres los golpes desmedidos como si les hubieran hecho un favor, sin darse cuenta de los graves problemas anímicos y de relaciones humanas que heredaron, sin darse cuenta que ese agradecimiento es más bien como un salvo conducto militar para seguir ensayando con los demás lo que les enseñaron a ellos. Muchos adultos de esa generación han quedado hasta lisiados por golpizas inhumanas que les dieron sus propios padres. El cantante Frances Georges Brassens, cuando era niño, fue encerrado en un armario por unas horas, como castigo por alguna desobediencia, cuenta la anécdota, que tras ese tiempo se desarrolló en el toda la rebeldía con la que después compondría las canciones más bellas y más líricas de su generación anarquista.
Esta escena de Gasolina es una de las primeras transgresiones que van a dar que hablar entre la generación más joven, a los que de alguna u otra forma ya ha afectado el dolor.

sábado, 3 de octubre de 2009

GASOLINA (BREVES ANOTACIONES)

El negocio del cine es macabro, grotesco: es una mezcla de partido de fútbol y de burdel.
Federico Fellini.


A Julio Hernández Cordon

He oído mucho sobre Gasolina, la película de Julio Hernández y todo lo que he oído, como suele suceder, son subjetivaciones, algunas a favor y, otras, como debe ser, en contra. Digo “como debe ser”, porque hasta ahora no he sabido de ninguna buena obra que no tenga sus detractores. Ayer la vi por fin en DVD y la fotografía me pareció maravillosa, aún mejor que cuando la vi en una sala de cine. El valor de esta película está en lo gráfico, en las escenas, las perspectivas, la luz, como un gran óleo proyectado. Es cierto que en casi toda la película los insultos y la violencia fluyen como un gran poema absurdo, pero también es cierto que en esa sencillez lingüística de estos pequeños hay poesía y sabiduría de la más elemental. Me gusta esa escena en la que ven el volcán de Agua y salta la pregunta de qué es un volcán, pues “un triangulo con un hoyo, imbécil”, responde el otro. La palabra imbécil etimológicamente tiene que ver con la debilidad de alguien para apoyarse en algo, según los romanos en un báculo, y luego esto deriva a la debilidad mental. En Gasolina el 90% de los diálogos contienen insultos que conforme la película va avanzando uno nota que es lo más honesto en toda esa apatía y desasosiego absurdo al que juegan como si fuera la única salida. Una rosa es una rosa, dijo Gertrude Stein, pero hay ciertos símbolos en esta película, que me atrevería a enumerar: la gasolina, la noche, la colonia residencial, el carro, los aviones, la playa, el chico asmático. Toda gran obra es recreada a base de obsesiones personales. Julio Hernández le dio libertad a estos contenidos latentes en esta película. La gasolina es un símbolo capitalista y por eso es vertido sobre el niño indígena que fue arroyado en la carretera; la gasolina se la roban como verdaderos ladrones subversivos. Por eso en la gasolinera, milagrosamente, siguen llenando todos los botes que desean, es un sueño hecho realidad. Los personajes cambian de valor porque a veces son guerrilleros y otras veces son el instrumento del establishment. Dualistas en el absurdo mundo que se desarrolla en ese pequeño país que es su colonia. La noche es siniestra y sospecho que tras ella, esta el poder del verdadero gobierno, la noche es la ignorancia permanente y hace que el lenguaje tenga ecos mitológicos, por ejemplo en los diálogos de Petronio y Aristófanes existen esas sátiras sobre la mala educación de los jóvenes y la decadencia del gobierno. La colonia residencial es un pequeño sistema de gobierno que estos poetas analfabetos luchan por transgredir. La pelea con el guardián en la garita es memorable, grandiosa. Me gusto también, repito, el gran arte visual que se maneja. El carro es un símbolo del progreso industrial, y aunque tampoco es de ellos, es en el vehículo donde se imaginan en avión y alucinan que van volando. La poesía de hoy esta siendo movida por el capitalismo. El avión es un símbolo del éxito y la búsqueda de estar lejos, en otro mundo. Ellos ya tienen una mala imagen de Guatemala, su lenguaje es una protesta contra el hoy en Guatemala, el lenguaje es la espalda reflejada de las instituciones y la corrupción, la falta de apoyo, la soledad más inhóspita. La soledad se ve muchísimo en cada uno de los personajes. En vez del avión, la playa. La playa es el símbolo del amor recuperado, el mar es el útero donde nos engendraron, el mar es la nostalgia del origen y la esperanza del mestizaje, la incubación infinita de este injerto que somos los jóvenes guatemaltecos.
La película que hizo Julio Hernández es una metáfora con varios referentes, el asmático, su agonía final, es el exorcismo de todos los temores de éste gran cineasta, que finalmente debía pasarle algo bueno, ganar un festival.

jueves, 1 de octubre de 2009

VIVO EN LA ZONA 1


· Cené a eso de las nueve de la noche, porque me aconsejaron en la casa, estar antes de las diez mientras me daban una copia de la llave. Cené una hamburguesa, Coca-Cola y un Hula-Hups, mientras veía los cuadros del segundo salón de la casa. Al frente un cuadro de un paisaje de alguna campiña europea en verano; a un lado un cuadro de una niña con un perro Cocker Spaniel de alguna raza pelinegra. Hay un altar con un Jesús con las manos alzadas y, en lo alto, una foto de una señora que aún no sé quién es, posiblemente la dueña de la casa, o mamá de la chica que me a recibido el pago. La chica es morena clara, parece severa aunque es muy joven, tiene un rostro hermoso con unos ojos dulces y una sonrisa peligrosa para un joven que quiere permanecer escribiendo el mayor tiempo posible.
· Por la noche, salí a vagabundear por allí. El pasaje estaba con un ambiente raramente de fiesta. No sé decirlo de otra forma. Hay muchos que beben los miércoles. Estudiantes, empleados, vecinos, artistas o turistas, bebiendo un día miércoles como si fuera viernes o sábado. El Gran Hotel sin un alma. Crucé por la esquina y me sorprendió ver una fila de guardaespaldas vestidos de negro, y consecutivamente escupían uno tras otro como si bostezaran. Tenían una cara de aburridos y se divertían viéndole las nalgas a las que pasaban, así fuera una empleada de algún restaurante hasta una trasvestie en su fiesta pagana. Caminé de regreso con un ánimo parecido al de los marinos cuando divisan tierra. La Catedral iluminada parecía tan exiliada de todo. Las champas de los manifestantes, corriendo con sus mantas al rededor del Palacio Nacional. Vi sus caras. Eran mujeres maduras con sus hijos morenitos y sus frentes brillantes.
· Hoy por la mañana me encontré con el profesor Manuel Chacón, más conocido como Filochofo. Le grite desde la avenida “maestro”, y se detuvo (en realidad fue mi maestro de matemáticas en el Tecún Uman). Me habló de su garabato más famoso y sobre una de sus hijas que busca apartamento en la zona 1. Si alguien sabe de uno avísenme, yo le paso el dato. La luz de la zona uno por las mañanas es hiperrealista, la noche es lírica y parace un cuadro de Paul Delvaux.