RUE FLEURUS

Entonces la tomé de la mano y la pasé la calle como si fuera una niña. Una niña mala. Me iba comiendo un pan con mantequilla. Ella retomó su forma de amar a plena calle tocándome de nuevo. Saboreé el sol como si le diera una mordida. El rojo es un color que endulzaba su boca. De una fecha a otra puedo ir. Moverme a un hotel en plena ciudad, rodeado de ladrones y drogadictos, en medio de la noche. Saboreé su vagina y su ano con plena conciencia que ahí empezaba el mundo. Luego pude fumar uno o dos cigarros y retroceder en el tiempo hasta una chamusca en plena calle en la zona cinco cuando soñaba con crecer y ser alguien, quizás solo quería ser grande.
- Y que quiere ser éste niño cuando sea grande -preguntó mi padre.
- Dice que lo único que quiere, es ser viejito -respondió mi madre, conteniendo la risa.

Regresando en el tiempo, hubo una noche que soñé que estaba sentado con un periódico en la mano, en una grada de la Rue Fleurus, cerca, muy cerca podía oler el pan y las palabras de una pareja haciendo el amor mentalmente a las orillas del Sena.

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