miércoles, 12 de noviembre de 2014

MÚSICA PARA PERROS I


También de la mierda hacemos arte.
Julio Prado

Lo conocí ya viejo. Llevaba unos lentes oscuros, que yo pensé eran para el sol, pero no, eran para remarcar su ceguera. No se bañaba nunca y dormía entre periódicos atrasados.

Le gustaba mucho guardar comida para una rata, su única acompañante.
Vivía entre muchos, pero siempre se le miraba solo, tomando café a media noche, rebuscando sobras de cuando en cuando. Nunca lo vi reír, simplemente hacer gestos de desconsuelo que predecían muchas penas, pero en el fondo de su cuarto se reía solo, y entonces puedo jurar que se reía de verdad.
Nunca estuvo despierto, siempre parecía dormir todo el día, era como si uno estuviera hablando con un sonámbulo.

Regalaba, a veces unas miradas de espanto y solo algunos días, puedo creerlo, se reconciliaba con el mundo. Tenía un jardín y hablaba mucho con su madre, que desde lejos lo oía con terror cada vez que le decía mami aquí, mami allá.
No sé en que momento me di cuenta que en realidad era muy pobre, pero hablaba como rico. No le agradaban los indígenas y decía que Ríos Montt debería haber acabado con ellos. Era extraño oírlo hablar tan mal de la gente, como si siguiera estudiando en la Landivar y estuviera viviendo en la Cañada. Sin embargo era ateo, pero de esos que le siguen la corriente a medio mundo, solo por costumbre, ya ni siquiera por conveniencia.

Yo lo conocí un poco, pero me molestó siempre, esos saludos apacibles que en las entrañas murmuraban la rabia de la inconformidad por el presente, por el pasado y por el futuro. Era extraño, lo siento pero era extremadamente extraño, pues lo vi darle billetes de a cien a muchos de sus hijos que luego se los cobraba para volvérselos a dar de nuevo. Pero no era un padre aunque legalmente apadrino a muchos, era más bien el padrastro de todos sus hijos, porque no los quería. Tenía una hermana religiosa que de paso le aconsejó los nombres de todos sus hijos, todos y cada uno con nombres de Santos.

De joven era delgado, enfermizo y orgulloso de su provincia. Lo casaron con una mujer que dejó embarazada, la misma que luego lo engañó con uno de sus primos. De ese entonces en adelante, no quiso mucho a las mujeres más que para lo único que le convenían. De paso los hijos que se fueron sumando. Tuvo suerte con las mujeres, esas buenas señoras que se desvivieron por ellos para darles el nombre y el apellido. Que luego el pobre hombre levantaría con amigos y familiares, como estandartes de logros propios. A saber, claramente por todos que no eran suyas las estrellas, sino signos progresivos de su demencia. Todos fueron, más bien arrastrados por la necesidad, madre de todas las virtudes. Pero en fin, todos lo saben, el joven era alcohólico y alegaba demencia, contando a todos la muerte de sus compañeros de clase en un bus escolar. Cosa que algunos le creyeron por compasión. Otros, como yo, nos hacíamos los locos, o a veces los tontos para no entrar en detalles.
Y es que en realidad no era mala persona, más bien se podría decir a su favor que había tomado decisiones apresuradas, quizás antes de la adolescencia, tal vez en la infancia podría reconocerse a un niño bueno, bien portado, hasta demasiado obediente, feliz. Pero presa de las alucinaciones de la madurez, como veo, vivía pensando en el reconocimiento negado de su propia madre. Esas cosas psicológicas que van de más, pero al final son evidentes.

viernes, 7 de noviembre de 2014

XX



Breve historia de un libro X
"…claro que me da miedo el hambre
pero me preocupa más
terminar un libro incompleto…"
Javier Payeras, Soledad brother.


La mañana del 4 de enero del año 1991 amanecí escribiendo en mi diario. Yo sé que algunos no me va a creer, que hasta sepa la hora, pero eran las diez de la mañana con cincuenta y cuatro minutos. Los segundos son los que no recuerdo. Y si, sé que suena cursi, pero llevaba un diario, que luego abandoné por escribir un blog. Intentaba  garrapatear ocho cuentos sobre mi familia y lugares cercanos y bien conocidos.
Entre todos eran ocho relatos. Que armado de valor envié a la Editorial Cultura. Me imagino que ya son parte del polvo que flota en el aire.  Pero eran textos  insidiosos y que no vale la pena recordar tanto. Hasta que en un festival del Centro Histórico nos tomamos unos litros con Javier Payeras y me dio una lista de nombres y libros, y conforme fuimos platicando, la mayoría de sus libros. Fue por eso que dispuse, hacerle una entrevista a cada uno de los escritores jóvenes más representativos que empezaban a publicar con la editorial X. Ya antes, había tenido muy buena amistad con Julio Calvo y con Simón Pedroza, ya que vivían en la zona cinco, en una colonia inmediata a la mía.
En 2003, en 4º Grados Norte me encontré a Ronald y le pregunté sobre la editorial X. Recuerdo que me explicó que ya había desaparecido. Hablando con Payeras me contó que Estuardo se había enamorado y se había ido a vivir a un lugar X.  Ese fue el detonante de DEEP (…y dónde está Estuardo Prado, un documental que iba a filmar el buen amigo Sergio Valdés Pedroni).
Quise hacer una broma publicando un libro con un poema largo llamado Deliriosaurios. Inventé una editorial. Junté a un grupo de mujeres poetas que habían estado leyendo los miércoles conmigo en el Gran Hotel y logramos hacer una cartonera llamada Maximón.  La broma había nacido de la idea de que en Guatemala se puede hacer de todo, porque todo está por crearse. Lo que ignoraba era que la broma la iban a tomar en serio en los medios escritos. Broma que también agradezco mucho, mucho.  
De todos aquellos cuentos el único que fue publicado se llama Gharbanzo. Una historia extraña que mi abuela me contara una tarde en la que siendo niña, junto con su hermano, se terminan comiendo un guiso que en realidad…  era su propio gato cocinado por los vecinos. La verdad nunca le creí ese cuento a mi difunta abuela, por eso creo que es real. Siento nostalgia por esos cuentos perdidos en la Editorial Cultura, tanto papel tirado, tantas memorias mal escritas.
Lo demás  vio la luz, y lo expreso con mucha gratitud, por la amenaza amigable que significó para mi haber conocido a Estuardo Prado y se le diera la chispa a la Editorial X.  Uno de los mejores amigos con los que hablábamos por horas de tanto que ya no me acuerdo. Una vez me dio su fórmula mágica para sobrevivir a cualquier década:   un bote de vino tinto Termidor y veinte diazepanes, luego agite, luego beba, luego viva.
Somos más que la posguerra de un país. Somos tiempo que se esfuma. Esos años de soledad y aprendizaje han quedado atrás junto con esa primera idea para un libro.  Las editoriales en Guatemala, el trabajo editorial es casi mesiánico. Un libro en Guatemala es un rayo de luz halógena y luego se pierde. Es una gracia increíble que la editorial X siga echando raíces.
Voy a concluir sin percusiones.
En esos años noventa, entonces cuando todo era una mierda y las brújulas estaban más locas que una cabra, yo encontré mi vocación. La escritura es nuestro salvavidas.  Larga vida a ese muchacho de pelo rojo y tatuajes en sanscrito.

Lester Oliveros Ramírez  
Viernes 24 de octubre del año 2014

lunes, 22 de septiembre de 2014

UN GARABATO ENTRE UNA NIÑA







Pareciera que te voy
a dejar de escribir ahora
y te empezaré a dibujar
porque ahora mismo
siento el vuelco de dos corazones
del que habla
y ciegamente palpa en la oscuridad
a un niño.

El beso que nos dimos
en la infinita cama entre las sábanas verdes
fue el molino que dio vida
a este signo de futuras risas.

Ahora yo
que ya de niño buscaba oscuridades
sol y estrella me acompañan.

No me quites este gesto
de pintar palabras en mis manos
líneas sin orden
he inventado.  

martes, 19 de agosto de 2014

Oh, capitán, mi capitán!





A Robin Williams

Todos morimos
pero algunos sobrevivirán
en el control de una TV.

Hoy me contaron de tu muerte.
Cambio de canal 
y veo el noticiero
en uno de todos mencionaron tus películas
(cambio de canal)
en otro veo tu mejor actuación
sobre un escritorio levitando
o vestido de anciana.

Vos seras infinito tras la noche y el sofá.
Yo que soy pequeño delante de todo
no encuentro cómo explicarte
que la película de tu vida 

duró un segundo en tu mente ante el cordel
pero vivirá en tanto haya cable en la colonia.

martes, 12 de agosto de 2014

ANA JULIA, un retrato Baudrillano





Ana Julia,
un retrato Baudrillano. 

Hay que repetirlo de nuevo. Sí. Porque la repetición es también una forma antigua de fijar el ahora, en el cual existen todas las cosas que veo. Hay que empezar diciendo que ella es como una ola, como una tsunami en la pubertad de su propio mundo; hay que creer que sus mentiras son tan solo el atisbo de su propio talento rebalsado de fantasías para poder vivir. Así es, nació en la costa de Iztapa, del lado del océano Pacifico, apenas a punto de finalizar el milenio. Hoy sin ropa, parece una de esas fotografías de bebes impúdicos, rollizos y encantadores en sus cunas profanas recién compradas. 

Todas las mañanas, ya desde hace ocho meses, nos levantamos contándonos los sueños. Una práctica caribe, que yo mismo aprendí de uno de esos fósiles vivientes de la guajira colombiana. Y nos reímos de cada ocurrencia de nuestro subconsciente al resolver los laberintos. Sin saber siquiera traducirlos, vamos intentando. Luego, cada fin de semana, vamos a tomar café y sus favoritos huevos revueltos con tomate y cebolla. Le gusta nadar, y eso hemos hecho las últimas semanas en la piscina abierta de la universidad. Luego, en un buen día, podemos comer cualquier cosa en el camino y pasar leyendo toda la tarde en la biblioteca. Pero su carácter es explosivo y dichoso; solo por amor, soporta el silencio contenido de esos recintos y a veces, su espontanea vena de cavernícola marítima le juega buenas bromas.

       Sobre Ana no hay mucho que decir todavía. Es feroz y sobresaliente, es celosa e insegura. Ella habla y habla, y  a veces yo solo puedo estallar de risa, es un principio de su talento para enredarlo todo. Posiblemente una mancha negra de su infancia cuando padecía de epilepsia.

La conocí en una tienda cantina y restaurante. No lo habría dicho si ese bar fuera otro, pero fue un lugar encantador en la zona 1, conocido como la Capilla Octavina, gracias al artista Abel López y su corte de bardos pintores. Allí entré una noche con el artista Ramírez Amaya y un pintor en ciernes de apellido Salam que llevaba de acompañante una botella de Ballantine´s. Mientras ellos dibujaban a dos manos, a una mujer nostálgica en una pared desnuda con la simple tinta de un lapicero desmenuzado, yo observaba a una joven que platicaba y comía con un hombre mayor, un viejito que se me hizo algo vulnerable ante el hechizo de los ojos de esa niña endemoniadamente silvestre. Hubo un encuentro de miradas y allí empezó todo.

No hay mejor afrodisiaco que la inocencia, sin embargo, cuando le preguntaban cuántos años tenía, ella sonreía y decía que veinte. Hasta que, por teléfono, su madre me dijo que en realidad estaba en los diecisiete. Le faltan seis meses para la mayoría de edad y ha escandalizado a muchos. Quizás por eso intento esta falsa semblanza holográfica. Y digo falsa, para los que me leen con saña, porque no replico completa la realidad. 

Si bien la edad no importó en un principio, es cierto que hemos tenido problemas por diferencias, quizá no de tiempo, ni de amor, sino de espacio, por no tener independencia. Nos han lanzado, así literalmente, más de cuatro veces de distintas casas en la colonia donde vivimos. La primera vez me dio tanta risa..., era para llorar, pero yo soy un cínico. Ahora mismo que lo recuerdo no puedo dejar de sonreír. Ana borracha dio por insultar a todos y la encargada llamó por teléfono a la dueña que, ya por enésima vez me recomendaba prudencia, así que llego como Cristo en su segunda venida y nos desalojó a lo kaibil.

A pesar de todo, me ha acompañado por todos lados, ya sea lecturas de poesía, exposiciones, museos o conciertos de rock. Su innato sentido de hembra me ha conservado. Incluso, se ha encargado de los gastos para que yo pudiera redactar, por tercera vez, una novela. Se ha querido casar conmigo desde que me conoció, allí en esa cantina con rockola y pinturas en las paredes, y yo le he dicho que solo debe ponerse mi apellido en Facebook... y listo. Y así lo hizo, contra toda lógica paternalista. Pero no es dominante, es tierna y cree sinceramente, y ya todos sabemos lo que logra la fe… y de esa fecha a acá no nos hemos aburrido nunca. 

Yo creo sinceramente que toda esta broma infinita que es la vida real, empezó una tarde de noviembre en casa de mi hermana Kathy, en tanto hablaban, cada uno de mis hermanos varones, de cómo habían conocido a sus señoras. Luego de chistes, juegos verbales en doble sentido sobre si se regalan o se las roban, me vieron allí sentado, solo y satisfecho, y debieron sentir pena por ese muchacho que ya llevaba más de medio año solo escribiendo de día y de noche en una esquina, a la par de la cocina, durmiendo en un sofá cama y sintiendo tan hondo sentimiento por su padre rehabilitado del alcohol y las exaltaciones sexuales. Ahí fue, donde les dije el mantra:
- El otro año cambio de vida, me consigo una novia y me voy a la facultad.

Todos se rieron en buena lid. Hoy, ya después de medio año también, vivo con Ana, que sabe que lo que hago es real. Toma conmigo una responsabilidad mutua de bromear con la vida espiritual y la material, vamos a la capilla tanto como a la tasca, nos reunimos en lugares fatuos con mis amigos escritores, los pocos que me van quedando de tanto tomarle el pelo al mundo. Me entiende, digo yo, a veces, antes de dormirme a su lado.

          La otra vez Estuado Prado le dio algunos consejos sobre su embarazo imaginario. A Javier Payeras lo invitó sin aspaviento a nuestro cuarto en la Reformita y le contó, con cerveza en mano, toda la historia de Iztapa y el mar surrealista; Javier, afectado, se recordó de Soledad Bróder al ver tan pocas cosas y todas en el suelo. A mí me ha regalado algunos encuentros de palabras importantes que luego saldrán en un libro de la Cartonera Maximón que se advierte como Estados de Facebook, ya que todos los compuse entre el trabajo frente a la pantalla blanca.


         Le ha gustado leer el Viejo y el Mar de Hemingway, oye a Bohemia Suburbana como si fuera de toda la vida, me habla de todos los poetas guatemaltecos que se topa en la sexta avenida, y así sigue inventándose todo como si fuera tan fácil que hasta me gustaría que estudie teatro, pero no, es matemática y no se ha dado cuenta. 

Quizá en el fondo, luego de una infancia solitaria y marginal, sin el apoyo de sus verdaderos padres, miró el horizonte al contrario, porque está en esta ciudad donde es fácil morir de una bala perdida. 
Oye el mar por las noches con una superstición tan original que hasta yo le creo o quiero creerle, ser solidario con esa replicación de mi propia adolescencia, con ese espejo que es el reflejo de muchos en esta ciudad de perros. No por lástima que lastima, sino por compasión que acompaña en osmosis de cariño y respeto, de aprendizaje y aventura.
-      ¿Pero usted…, usted la ama?
-      Ya le dije que ya hace mucho que no hablo de Dios en público. Solo le voy a decir una cosa, el amor es un círculo donde dos conversan hasta entenderse, una esfera donde nada se escapa, es hermética y solo esos dos pobres hipnotizados, conocen bien las fronteras de su mundo.

Como decía Jean Baudrillard, parafraseando la risa, “Se puede soñar con una cultura donde todo el mundo estalla en risas cuando alguien dice: esto es cierto, esto es real.”