miércoles, 25 de mayo de 2011

CÓMO CAZAR UN LEON


               
                Donde es un cazador, un vendedor, un poeta, se les conoce a leguas. ¿Por qué? Pues porque siempre sonríen con tranquilidad. Don Mincho es un cazador. Su rostro moreno, picado por alguna viruela tenaz, ojos prudentes y una conversación fluida y simpática, logran ese acento de cazador de búfalos transparentes que solo se encuentran detrás de la realidad. En este caso, nuestro cazador de animales extraordinarios es el vocero de la comunidad. Vive a la vuelta de la iglesia construida en mil quinientos algo y además es espiritista. Me contó de todo, como si hubiera sido amigo mío por años. Me contó que, a sus setenta años, había sido caricaturista, escritor, parrandero, católico esmerado y por último, me confesó en voz baja,  que también por un tiempo había participado en política. Me habló de su empeño por la vida y la locura de vivir haciendo lo que más le gustaba: ponerse a propósito tareas imposibles o exóticas para la mayoría. Como esa vez que subieron con un su amigo una planta eléctrica a gas para ponerle luces a la cruz del cerro, en un día especial. Cuenta de todo, como digo, y todo es poco para el tiempo que no se detiene.
Ahora su trabajo es solitario. Empieza a las nueve de la noche, por medio de un antiguo micrófono, como los de TGW, a vocear los anuncios más relevantes de ciudad vieja. “Mire usted, acá, hasta el Ministerio Público ha venido, los del Centro de Salud o el Ministerio de Salud… a buscar datos que yo doy desde este centro de operaciones”.
Don Mincho fuma. Me ofrece un cigarrillo y yo lo acepto de buena gana. Platicamos de lugares de Sacatepéquez, de las cataratas de Dueñas, el Ojo de Agua de las cercanías de Alotenango, de sus intuiciones. “Oigame, yo aunque no tenga reloj, ya sé cuando son las nueve, no sé... lo presiento, lo sé y me siento aquí a trabajar”, me dice al tiempo que me enseña muchos micrófonos antiguos que el mismo ha reparado. “La necesidad me ha vuelto inventor, usted”, me dice. Yo lo veo orgulloso, feliz, como aquellos cazadores que ven invisibles las cabezas de todos los animales peligrosos que han cazado, y el mira a su león, que es la vida, como Francis Macomber el personaje de Hemingway,  transparente y feroz como sus nostalgias y disparates. Su voz se oye en todo el valle anunciando cosas por las que nadie se preocupa hasta que pasan.

martes, 24 de mayo de 2011

UNA VIDA JUNTOS


Todo el tiempo viviste atemorizada, sé que no es fácil el fracaso, ni las casas vacías, ni el qué dirán en casa. Una cosa fue buena y esa cosa buena fue que compartí todo sin preguntarte tanto. Pero tras el silencio vino también toda la imaginación de que el mundo era perfecto. No estabas.
Me asusta que de acá a un mes lo único que me haga sentir vivo sea una canción de Macaferri , pero como te dije a escondidas ayer, no eres sólo tu, es el mar y las mujeres, es una multitud de voces, es el rumor de los cangrejos contra las olas y de los delfines contra el sueño, amor habrá para rato y mis venas lo bañaran de rojo.
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lunes, 16 de mayo de 2011

DIA 0/ CUENTA LARGA/ 3era. PARTE Y FINAL (COMPLETA)

 A los inventores del 0, con admiración y nostalgia.
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El primero de noviembre del año dos mil doce, salió el primer guerrero danzante. Salió de la zona 2 con un diámetro de cuarenta metros, los exactos cuarenta metros del agujero, que se había abierto unos años antes.
Lo filmamos cuando su medio cuerpo dejó de salir, luego de alarmas de terremoto por los sismos repetidos que sacudían la zona como si una fiera del otro mundo estuviera a punto de botarlo todo. Fue desenterrándose lentamente, según contaron los curiosos, bajo la lluvia perpetua de un invierno maldito, que le lustraba el cuerpo negro, absolutamente hecho de piedras de obsidiana que desbordaban en luces halógenas como reflectores internos, que le nacían de donde podría estar su corazón.
Tuvimos problemas al permanecer por mucho tiempo en aquellas condiciones adversas en la tormenta, y el grupo de fanáticos New Age no paraba de acercarse.
Recibí una llamada, once días después, de una amiga arqueóloga que me informó que en el agujero del barrio San Antonio de la zona 6, salía otro gigante parecido al primero. Mi amiga empezó bromeando, pero luego al revisar los pictogramas en código Maya, fue diciendo en serio que los dos gigantes pudían ser  Hunapuh e Ixbalanque, los míticos gemelos magicos que sobresalían en el Popol Vuj, por renacer en cada destrucción. No había duda de ello al comparar los dibujos hallados en el lugar llamado El Mirador, en la cuenca más grande descubierta del mundo Maya. Y era ella la arqueóloga encargada, por suerte, enviada por el gobierno para la trascripción e interpretación de los epigramas, junto con un joven epigrafista Kaqchikel y un norteamericano.
Digo “por suerte”, porque fue ella quien me dio los datos precisos para enviar notas a los periódicos de España y Argentina de donde yo era corresponsal y reportero.
El 19 de diciembre llovía desde la madrugada, y pocas personas salieron de sus casas. Nosotros teníamos programado el día para filmar y, reportar todo lo que sucediera de la mañana hasta la media noche. La estática era mayor que en otros días y, las cabezas de los gigantes mayas, de más de diez metros de alto, se volvían receptores tesla. Sus adornos y plumas de piedras verdes y transparentes, sus joyas fósiles junto con todo el cuerpo de obsidiana, desde el cuello hasta las sandalias, que se podían observar al inclinarse un poco sobre el abismo, viendo con detenimiento las diferentes capas hasta terminar en una multiplicación transparentada, en degrade hasta el fondo de sus pectorales. Fue sorprendente leer en su espalda, las inscripciones en la original epigrafía de los códices y monolitos, pero estos estaban escritos con algo parecido al neón y cada color de las piedras que componían los códices brillaba con luz intensa.

Recibí un correo electrónico de un físico hindú, sobre ocho agujeros iguales a los de Guatemala en China y la psicosis mediática que recorría el ciberespacio. Documenté a los dos gigantes paralelamente, mientras miraba como aviones supersónicos surcaban el cielo ante la amenaza de seres de otro planeta. Más de ciento cincuenta familias de los alrededores, por un pánico generalizado, salían de sus viviendas a un refugio que se fue formando en el Parque Central. La misma catedral era incontenible de día. Y se veía por los canales nacionales noticias de las más estrafalarias, como la mujer que había proclamado por televisión nacional, ser la dibujante de las líneas de Nazca y de haber hecho trece círculos en los cultivos de Inglaterra. Predicadores que hablaban del final del mundo y se desvestían en los pulpitos para demostrar el advenimiento del rapto. Los supermercados invadidos a golpes por multitudes que compraban víveres para una posible guerra bacteriológica, y entre las filas gente del narcotráfico regalando billetes falsos de a doscientos quetzales. Un hombre que vendía oraciones y frases de superación y pedía a cambio sumas extravagantes porque aseguraba que eran capaces de trasmutar los sueños imposibles. Una mujer que desde hacía un año predicaba la Biblia basándose en todos los hechos obscenos, y poniéndose como seudónimo Samaria Lucifer, era seguida por muchos ladrones, asesinos y traficantes que miraban en su nueva religión una esperanza para su vocación; hasta que la consignaron por llevar a cabo una manifestación en la que dicen: incitó a todos los creyentes a tomar LSD, perdiendo el control, hasta que salieron corriendo juntos por toda la nueva sexta avenida, desvistiéndose sin la menor vergüenza, hasta que llegaron, casi huyendo de la policía, a los cubos de la municipalidad, donde finalmente se tomaron fotos para los periódicos con animales de circo.Una de todas las manifestantes era una mujer que hablaba en tres idiomas sin parar y llevaba tatuada una cruz roja en la espalda.
Hubo una migración extrema a los puntos de referencia Maya. Y circulaba por correos electrónicos, las últimas noticias de profetas sensacionalistas que llevaban a grupos grandes a conocer el supuesto inframundo por veinte dólares. Otros que despertaban en las extranjeras un delirio que terminaba en amores desenfrenados. Muchas de las europeas o norteamericanas se enamoraban perdidamente de aquellos que con el tiempo fueron calificados por la misma comunidad extranjera como Mayanlovers, porque había tanta oferta que no desatendían a ninguna en esa babilonia que se habían vuelto los departamentos con mayor afluencia de turistas. Muchos se dejaban crecer el pelo, se cubrían el pecho con plumas y dibujos de jaguares, aves o seres del submundo, para reiterar su amor a la tierra, pero no sabían más que de la moda que llenaba los centros comerciales con ropa indigena. Como contraste, los cientos de extranjeros que llegaban por todos lados buscando, como última señal contra el consumismo: las alucinantes historias del Popol Vuj en todas las traducciones que habían, desde que el padre Francisco Jiménez, había logrado la hazaña de traducir un libro Quiché. La biblia fue traducida al Tzutuhil y los francesas las compraban para recitar frente al lago de Atitlán el Cantar de los Cantares. Unos años antes habían traducido muchos libros a las lenguas Mayas. Era fabuloso leer historias de las comunidades más apartadas en su propio idioma, ver a alemanes o norteamericanos leyendo en Tzutuhil las guías turísticas, a pequeños coreanos o hindúes leer en Quiche ante la perplejidad de todos los habitantes de la capital. 
Buscaban en internet todo lo relacionado con los nahuales y su calendario. Así fueron patentando bares temáticos. Prostíbulos temáticos en donde las mujeres usaban guipiles y corte. Restaurantes recargados de falso arte maya. Todo relacionado de la forma más barata con la enajenación de una subversiva creencia, que nada tenía que ver con la cosmogonía original.
La sensación traspasaba las barreras del idioma y mimetizaba en las pantallas de televisión imágenes sobre el cambio de era, y entre películas del fin del mundo, pastores de mega iglesias pagando espacios para decirle a todos que se arrepientan de una vez por todas haciendo sonidos en otras lenguas, surgía el anuncio de la gran fiesta para recibir el 2013, unos días antes del fin de año, el 21 de diciembre a las doce de la noche. Que en otros círculos religiosos, era vista la campaña como una falta de respeto ante la inminente llegada del juicio final.
Astrónomos sin despegar el ojo del telescopio día y noche estudiando y documentando el momento cumbre del cambio de era y la alineación planetaria desde Chichén Itzá y Tikál. Rodeados de poetas curiosos y místicos en trance, mandaban información a la ciudad directamente a la pantalla gigante que iba a registrar holográfica y musicalmente el momento de la culminación planetaria. Para esto, desde el 11 de diciembre fueron construyendo, delante de las carpas de refugiados, el escenario más grande creado hasta entonces, con un calendario digital y dos pantallas LCD, además de dos tarimas circulares de cada lado.
Ver que de pronto, luego que los noticieros, años antes, anunciaron con normalidad el aparecimiento de hoyos en la tierra que se llevaban de tajo calles y casas; ahora, bajo la tormenta, ver salir lentamente a un guerrero Maya irradiando luz envuelto en magma y huesos de dinosaurios. Fue una conmoción que causó pánico, una multitud de gritos que fue corriendo por toda la ciudad en tan sólo minutos con la ayuda de las redes sociales.
Los dos guerreros Hunapu e Ixbalanque acapararon la atención mundial antes del 21 de diciembre. No se podía ver ningún noticiero, sin oír las últimas noticias sobre el acontecimiento, y por la expectativa mundial, de nuevos hoyos circulares en todos los demás hemisferios. El gobierno ya había colapsado a principios de diciembre. Pero actuaron, según consejo de asesores internacionales, con la mayor de las cautelas, apareciendo en la prensa, sosteniendo lo insostenible con palabras de calma y seguridad. Muchos vieron en la fiebre Maya una forma de ganar dinero, y hasta crearon malas replicas de los agujeros con sus Hunapu e Ixbalanque de duropord llenos de luces navideñas, mientras en Estados Unidos los latinoamericanos sufrían de las migraciones forzadas hasta la muerte a sangre fría.
Entonces el gobierno, fue grabando documentales sencillos o comprando los derechos para proyectar la básica información de la que hablaban en los selectos grupos estudiosos y profesionales, interesados en lo que estaba pronosticado por el calendario. Esa tarde que se supo la verdad sobre los dos colosos cibernéticos automáticamente se les encendieron los ojos con luces halógenas y como algunos muñecos a una escala mayor, de su interior empezó a salir música navideña con anuncios de supermercado. La zozobra siguió la mañana del jueves 20, el día que el secretario de gobierno apareció sonriendo, casi sin contener la risa, en todos los televisores anunciando que todo era una falsa alarma, operada por artistas conceptuales japoneses en complicidad y organización con los genios de la música y arte de la ciudad de Guatemala.



II
El día veintiuno de diciembre, a las diez de la mañana, un monumental guerrero Maya es levantado por tres helicópteros Sikorsky SH-60B Seahawk, desde el agujero en la tierra que se formó en la zona 2; con lentitud, ante la expectativa de los vecinos y una multitud de miles, que nadie podía decir de dónde había llegado arrastrada por la noticia. Otro guerrero, al mismo tiempo, es elevado por cuatro helicópteros AgustaWestland EH101 Merlín, del primer hoyo en la tierra, en la zona 6 en el barrio San Antonio. Son llevados por autoridades científicas encargadas de eventos espaciales.
Los dos Guerreros fueron reconocidos finalmente como Hunajpú e Ixbalanque, los gemelos fantásticos narrados en el Popol Vuj. Miles de turistas, diez arqueólogos de diferentes países del mundo, un centenar de periodistas de la mayoría de las cadenas televisivas de Norteamérica, Europa, Asia, y por primera vez, Sudáfrica, filman, fotografían y escriben sobre el evento, a horas de que empiece el concierto de varios grupos y artistas en la Plaza Central.
Hubo un súbito bullicio, al ser colocados uno de cada lado del escenario al mismo tiempo que dos pantallas LCD de diez metros por ocho proyectaban fotografías digitales que los observatorios Mayas enviaban en tiempo real, documentando la alineación.
La llegada del veintiuno de diciembre fue esperada por mucha gente que abandonaba sus vidas rutinarias para vivir un Woodstock en una nueva época, donde todo se lo compartían en medio del espacio absoluto de la nueva sociedad.
Fue filmado a tal punto que se patrocinaron pantallas en Paris, New York y Berlín, donde la gente empezó a vivir el advenimiento con asombro al ver las imágenes de esa nueva utopía, que en realidad era falseada por los canales y corresponsales ante la evidencia de los desastres de convivencia, que miraban directamente en la nueva sociedad.
El concierto terminó con una descarga de luces y hologramas de grandes pelotas mayas que recorrían un aro desde donde los dos grandes robots de Hunajpú e Ixbalanque la lanzaban, mientras un DJ, bajo la pantalla, iba poniéndose progresivo hasta la alineación final. En medio de gritos, silbidos y felicidad, vieron que no era el fin del mundo, sino el comienzo del verdadero after party, y no, la tan difundida farsa del fin del mundo, o que los mayas regresarían a reclamar su propia tierra y gobierno. Paso un momento de silencio al proyectarse la alineación. Muchos estábamos cansados del esperado evento de luz, y solo éramos sostenidos por la emoción que proyectaban las muchas ventas de comida que daban la ilusión de una gran feria.
Las presentaciones de la poeta Rosa Chavez o la fuerte descarga de sonido del grupo Sotzil motivo a los espectadores por un momento, y luego fue encendiéndose en cada uno un remolino de impaciencia al ver que no había pasado nada. Eran las dos de la mañana, cuando concluyo el festival con un aplauso y las palabras de despedida, felicitando a los grupos participantes. Entonces se fue la luz.
En el desorden, pude ver a un grupo de manifestantes rompiendo con bates, piedras y armas contundentes los pies del Mega-Hunajpú. Los pedazos de polietileno saltaban por todos lados ante la avalancha de gente con ganas de romperlo todo. Según se supo, fueron los grupos más fundamentalistas, fanáticos de otras religiones, que al verse engañados por los medios, decidieron cobrar justicia al final del festival Baqtun 14.
Se enteraron por otros medios que la creadora de los dos androides míticos era una empresa japonesa llamada AXIS世界, encargada también de patentar los hologramas personales que, en términos científicos, acababan con los clones por haber sido un total fracaso, y en lugar de eso prometía más la investigación virtual.
Un holograma muy bien podía impartir una clase ó dar una conferencia, habiéndose grabado antes, por medio de un proyector especial, desde la casa del emisor. La empresa japonesa vendió muchos aparatos antes de terminar el año, además de patentar esa noche una idea fabulesca de poder volver al mismo Planeta Tierra una nave espacial. Pero sus dos robots prototípicos, el Mega-Hunajpú y el Hiper-Ixbalanque, quedaron completamente destrozados por todos los manifestantes que ahora eran hasta gente normal influida por la música Dark Metal que amplificaban a cada rompimiento de su tórax o espalda. Era como si estuvieran rompiendo una piñata gigantesca, que en lugar de dulces les reproducía música de las bandas europeas y norteamericanas. El desorden se extendía por calles y calles, hasta el amanecer. Un grupo de gente todavía despierta y sobreexcitada con algún estimulante terminaban de derribar un gigantesco triangulo de cristal ubicado en una esquina de la plaza, en donde fueron desapareciendo de mano en mano como souvenir, pedazos del calendario Maya, y al final sólo quedaron los focos quebrados con el nombre D. Marín.
La música ya no sonó. Sólo las risas histéricas, de un grupo de escritores se juntaron hasta la madrugada y habían actuado cinicamente, como si fuera el fin del mundo con todo tipo de gritos y ayees que resonaron espectacularmente hasta la risa incontenible dentro del Río Perla.

III
Mi trabajo acá concluyó. Regreso a China. Leí que allá se desarrolla una nueva profecía para dentro de unos años y me interesa documentar el raro aparecimiento de los agujeros profundos.
El editor de la revista de la que soy corresponsal, dicen que lo único que valdrá la pena celebrarse en el futuro va a ser las continuas profecías del fin del mundo.
Un gran astrónomo me manda un mail donde afirma que el mundo es en realidad una nave espacial y que ya ha salido de orbita y vamos girando y viajando a nuevos soles.
No le creo. Me sonrió y apago por fin mi laptop, aunque veo el cielo y mi reloj: son las diez de la mañana y no ha salido el sol.

Lester Oliveros
Guatemala, Abril,
La Reformita, zona 12
2011

lunes, 9 de mayo de 2011

DIA 0 /CUENTA LARGA/2DO. CAPITULO

Las cámaras filmaron todo. Recibí un mensaje por el celular, sobre ocho agujeros iguales a los de Guatemala y la psicosis mediática que recorría el ciberespacio. Documenté a los dos guerreros paralelamente, mientras miraba como aviones supersónicos surcaban el cielo ante la amenaza de un ser de otro planeta. Más de ciento cincuenta familias de los alrededores, por un pánico generalizado, salían de sus viviendas a un refugio que se fue formando en el Parque Central. La misma catedral era incontenible de día. Muchos falsos profetas iban y venían recitando la Biblia en Quiché. Y se veía por los canales nacionales noticias de las más estrafalarias, como la mujer que había proclamado a los siete vientos ser la dibujante de las líneas de Nazca y, de haber hecho trece círculos en los cultivos de Inglaterra. Los supermercados invadidos a golpes por multitudes que compraban víveres para una posible guerra bacteriológica, y entre las filas gente del narcotráfico regalando billetes de a doscientos quetzales. Un hombre que vendía oraciones y frases de superación y pedía a cambio sumas extravagantes sólo porque la primera frase se la había comprado un Judío de apellido Nattusius.

Una mujer que desde hacía un año predicaba la Biblia basándose en todos los hechos obscenos de esta, y poniéndose como seudónimo Samaria Lucifer, y era seguida por muchos ladrones, asesinos y traficantes que miraban en su nueva religión una esperanza para su vocación; hasta que la consignaron por llevar a cabo una manifestación: dicen que incitó a todos los creyentes a tomar LSD, y luego perdieron el control, hasta que terminaron desvistiéndose y salieron corriendo juntos por toda la nueva sexta avenida. Sin la menor vergüenza llegaron, casi huyendo de la policía, a los cubos de la municipalidad, donde finalmente se tomaron fotos para los periódicos con velas aromáticas. Las abarroterías eran saqueadas y los policías amanecían sedados, o perforados por balas hechas con clavos. La violencia era tal que los policías andaban en grupos de cinco.

Hubo una migración extrema a los puntos de referencia Maya. Y circulaba por correos electrónicos, las últimas noticias de los Mayan Prophet´s sensacionalistas que llevaban a grupos grandes a conocer el supuesto inframundo por veinte dólares. Varones indígenas que despertaban en las extranjeras un delirio que terminaba en amores desenfrenados. Fueron muchos los casos de europeas o norteamericanas que se enamoraban perdidamente de ellos, que con el tiempo fueron calificados por las mismas de la comunidad extranjera como Mayanlovers, porque había tanta oferta que no desatendían a ninguna en esa babilonia que se habían vuelto los departamentos con mayor afluencia de turistas. Por otro lado, los jóvenes se dejaban crecer el pelo, se cubrían su pecho con metales, plumas y dibujos de jaguares, aves o seres del submundo, para reiterar su amor a la tierra, aún ante el descrédito, en ocasiones, de las mismas comunidades saturadas de la religión judeo-cristiana. Y para contraste absurdo, los cientos de extranjeros que llegaban por todos lados buscando, como última señal a sus ambientes plagados de consumismo, las alucinantes historias del Popol Wuj en todas las traducciones que habían, desde que el padre Francisco Ximénez, había logrado la hazaña de traducir un libro Maya. Buscaban en internet todo lo relacionado con los nahuales y su calendario. Así fueron saliendo bares temáticos con dibujos del Cholq´ij. Prostíbulos con muchachas vestidas de plumas de queztal y tatuadas con Kan o Tijax. Restaurantes recargados de falso arte maya y códigos de Dresde en los manteles de las mesas. Vestidos con el códice de Madrid y zapatos que dejaban la huella de los leopardos. Todo relacionado de la forma más barata con la enajenación de una subversiva creencia, que nada tenía que ver con la cosmogonía original.

La sensación traspasaba las barreras y mimetizaba en las pantallas de televisión imágenes sobre el cambio de era, y entre películas del fin del mundo, pastores evangélicos pagando espacios para decirle a la gente que se arrepientan de una vez por todas, surge el anuncio de la gran fiesta para recibir el dos mil trece, unos días antes del fin de año, el 21 de diciembre a las doce de la noche. En otros círculos, era vista la campaña como una falta de respeto ante la inminente llegada del juicio final.

Astrónomos sin despegar el ojo del telescopio, día y noche, estudiando y documentando el momento cumbre del cambio y la alineación planetaria desde Chichén Itzá y Tikál. Rodeados de poetas curiosos y místicos en trance mandaban información a la ciudad directamente a la pantalla gigante que iba a registrar holográfica y musicalmente el momento cumbre. Para esto, desde el 19 de diciembre fueron construyendo, delante de las carpas de refugiados, el escenario más grande creado hasta entonces en la Plaza Central frente al Palacio Nacional de la Cultura.
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(Continuará...)

domingo, 8 de mayo de 2011

ALBUM MALDITO Y FAMILIAR/LECTURAS MENORES: JAVIER PAYERAS

Partiendo de una literatura que se escriba a sí misma,

imposibilitando otra salida que no sea su expresión absolutamente
menor, indeseable e inocentemente mal intencionada.
Lecturas Menores, J. Payeras.




Los libros de Javier Payeras son todos concisos. No le gusta quitarles mucho tiempo a sus amigos. Avispado, para estos tiempos de la velocidad enlatada. Pero esos libros, por concisos, tienen un sabor picante que el mismo Javier prepara tan denso que termina siendo una escudilla con un potaje explosivo. El texto sobre Bret Easton Ellis resume todos los verbos y los adjetivos precisos que aún leyéndolo lentamente surte el efecto de un helicóptero de una resaca infernal. Nadie como Pat Bateman para salir en el cine ampliado más de ocho veces su tamaño y disminuido por televisión, quizás en mismas dosis, conjurando la violencia y haciéndola una moda glamorosa. Hasta acá de entrada el libro es un engendro del bien escribir. Aunque Javier, modesto como él sólo, siempre pareciera que se ríe de todos y de sí mismo con una sencillez macabra.

Sin embargo siguen los deslumbramientos en estas lecturas que están fechadas desde el año 2000, al año 2007, en desorden aparente, en un sube y baja de pasiones y estilos que son una galería donde los esnobistas celebrarían sus excesivos gustos desde el retrete. Para todos los que empezamos a escribir es una excelente guía de lecturas, según los parámetros que buscamos para describir la vida, o quizás la muerte de una era, de una sociedad que va cada vez más al borde del suicidio y los divertimentos más extraños.

En una nota, me llama la atención el poder de posicionamiento de un pensamiento lucido ante algo, que para otros, no tendría explicación: LA POLÍTICA KAFKA: LITERATURA MENOR E IMPOSIBILIDAD DE ESCRIBIR DE OTRA MANERA: como en la poesía, el autor introduce un breve manifiesto X, una granada de fragmentación, una carta en una botella que inmediatamente al leerla rompe su cristal contra las rocas del cerebro. Rompe el cerebro. Rompe el paradigma. Esa y otras aversiones psico-patológicas; “enfermas” diría un hacadémico, y que son la raíz que toda una generación de escritores de post-guerra ha tomado como bandera. Las literaturas menores, de escritores breves y concisos, como Aira, como Quiñones, como Halfon, como Alejandro Mendez, como Bolaños, que van abriendo una brecha particular con un nombre colectivo, como dice en resumidas cuentas el autor de este álbum de parientes cercanos.

Lester Oliveros,
Mayo 5, 2011
Ciudad Vieja, Sacatepequez.
http://www.lahora.com.gt/imagenes/2008/05/165218.jpg


jueves, 5 de mayo de 2011

DIA 0 /CUENTA LARGA /1ER CAPITULO

“Una ola de pánico recorre el internet en China ante la aparición súbita de una serie de agujeros kársticos, que tienen a los internautas considerando teorías apocalípticas. Los relacionan con el de Guatemala. Son 8 que se formaron de repente en las últimas dos semanas. Los científicos chinos no le encontraron respuesta a los extraños huecos que aparecieron”



El primer guerrero salió del hoyo de la zona 2 con un diámetro de cuarenta metros. Lo filmamos saliendo, luego de alarmas de terremoto por los sismos repetidos que sacudían la zona como si una fiera del otro mundo estuviera a punto de abortarlo de una sola vez. Fue desenterrándose lentamente, y pudimos grabar como la lluvia perpetua le lustraba el cuerpo negro, absolutamente hecho de piedras de obsidiana que desbordaban en luces tenues como relámpagos internos, que le nacían del corazón.

Tuvimos problemas al permanecer por mucho tiempo en aquellas condiciones adversas por la tormenta. En ese mismo momento, movidos por la suerte, recibí la llamada de una amiga arqueóloga que me avisó que en el agujero del barrio San Antonio de la zona seis, empezaba a salir el otro guerrero mítico, a los que ella, fue la primera en llamar: Hunapuh e Ixbalanque. No había duda de ello al ver los dibujos hallados en el lugar llamado El Mirador, en la cuenca más grande descubierta en el Mundo Maya. Y era ella la arqueóloga encargada, por suerte, enviada por el gobierno para la trascripción e interpretación de los epigramas, junto con un joven Kaqchikel y un norteamericano.

Eso fue el primero de Noviembre, día que se celebra a los muertos. Llovía desde la madrugada, y pocas personas salieron a los cementerios. La estática era mayor que en otros días, junto con las descargas eléctricas que según curiosos caían directamente como una cascada sobre el hoyo, antes de que saliera hasta la mitad, enorme y monstruosamente perfecto el guerrero Maya. A este si lo pudimos ver lentamente. Su cabeza de piedras verdes y transparentes y sus plumas fósiles junto con todo el cuerpo de obsidiana, desde el cuello hasta las sandalias, las que se podían observar al inclinarse un poco sobre el abismo y, observar con detenimiento las diferentes capas hasta terminar en una multiplicación transparentada de si mismo, en degrade, hasta un tamaño fetal hasta el fondo de su pecho. Fue sorprendente ver en su espalda, las inscripciones en la original epigrafía de los códices y monolitos, pero estos estaban escritos con algo parecido al neón y cada color de las piedras que componían los códices brillaba con luz intensa.

(Continuara...)






viernes, 29 de abril de 2011

DIEZ GUIAS TURISTICAS DE ZACATEPEQUEZ

Ciudad Vieja

Ciudad Vieja es una cúpula blanca, tan blanca que en días nublados la iglesia parece parte del cielo, entonces el parque realmente flota y el alcalde tiene que pedir agua para tomarse tres tragos y, dejar que pasé el susto. El parque es íntimo. Es, además amplio y con bancas de concreto y faroles pequeños; de vez en cuando pasan los guardias de la municipalidad y le silban a las muchachas que se recuestan al hombro de la tarde. La primera vez que llegué al parque me encantó que desde un ángulo, detrás de la iglesia, podía ver como el sol iluminaba al volcán de Agua y lo hacía parecer como esa película antigua basada en la novela Adiós a las Armas de Ernest Hemingway. Me encantó el efecto del tiempo esa tarde de marzo. Lo tengo grabado como si fuera fundido en mis neuronas. Pero Ciudad Vieja también es la cara de todos los niños con sus nombres que estudian y van a casa con cuadernos saturados de recortes y corren con olor a ajo en medio de todo lo que hasta ahora se ha construido en este pueblo tan tierno. El río Guacalate es un río turbio y lamentable. Arriba de este estruendo de lodo y desperdicios hay un parquecito. Subiendo la cuesta varias cantinas donde los borrachos salen a la banqueta a mirar pasar gente, son cantidades, miles de borrachos sedientos pidiendo y buscando. A veces desaparecen y veo pasar mulas y caballos que se parecen mucho entre si. Hombres que desde la madrugada acarrean con su machete al viento para que los acompañe a hacerle nudos a la tierra. He visto mujeres con hijos picando piedras en los muros del desconsuelo. Sus maridos perdidos se cambian de nombre y se llaman a si mismos desde adentro. Vomitan penas, respiran alcoholes entre si, fuman nostalgias. Hay una placa que ostenta la iglesia donde hay una fecha que a todos los patojos les parece de a mentiras. Ciudad Vieja, ni es ciudad, ni esta vieja, pero fue, eso si… la primera capital de Guatemala.



Alotenango:

Alotenango se me volvió una carretera bastante larga a pie. Pero por momentos quieta y disfrutable con su aroma a puros aires espirituales. Iba eso si, acompañado de la señora y sus hijos, una señora morena y médium; los espíritus, según me dijo, entraban y salían de ella sin permiso. No me sorprendió su sinceridad esotérica, me sorprendió que me diera tanta y tan buena amistad. Pero así es, así será, Sacatepéquez. Esta mujer de ojos diabólicos pero con un corazón más suave que el centro de un mollete, camino conmigo porque me dijo que toda su familia vivía en Alotenango. Era cierto. En el camino me presentó a su padre. Era dueño de un vivero y unos cafetales, de tres perros, y setecientas plantas que daban flores todo el año. Lo encontramos frente a un volcán de tierra abonada, llenado bolsas y matando lombrices histéricas que saltaban como hules enlodados. Nos saludó lentamente, casi como si aunque estuviéramos frente a él fuéramos llegando lentamente. Era moreno y estaba sin camisa, sentado en una piedra y su mujer seguía llenando bolsas y plantando hojas verdes y retoños de los que subían hojitas turbias que exhalaban por última vez su mano de resignación. Me habló de los cafetales. Supe de su tiempo. Me habló de todo, menos de sus hijos. Me miraba bien. Le dio agua a la Dixie que ya iba tenebrosa por toda la tierra que se la había pegado en el camino. Luego nos despidió resignado y nos regaló una planta de chiles rojos.

Seguimos caminando y en unas piedras, se me dio la de hacer una fogata y calentamos tortillas y comimos con frijoles. Tomamos agua pura y seguimos caminando. Era lejos y yo no sabía que tanto. Un surtidor de agua en una finca nos baño un poco y los niños reían bajo la lluvia giratoria. Hasta que vi la gasolinera y un letrero que decía: Bienvenidos a Alotenango la tierra del mejor café del Mundo.

A la primera que me presentó fue a su mamá. Luego de pasar un chubasco repentino, caminamos hasta una tiendita oscura, desde donde vi a una mujer de edad, pero entera desde su voz hasta las rodillas. Si tenía fuertes señales del mundo en los ojos y en las manos, pero sobre todo era recia y astuta, se le notaba sin que se diera cuenta. Nos invitó a pasar la lluvia sentados en uno de sus corredores. Me miró y me preguntó que quién era yo. Le dije que imaginaba que era el bibliotecario de una escuela. Me volvió a ver y miró a su hija. Luego preferí platicar con un señor que dijo estar de luto, lloraba por todos lados y sus lágrimas eran el mezclador del alcohol que tomaba puro. Me ofreció un cigarrito de una forma imprudente y yo más precipitado lo tomé y lo encendí.
Salimos de allí y vimos, así, a lo largo de la carretera, a otras hermanas de la señora. Se detuvieron, llevaban cada una, niños en brazos. Preguntaron desde un principio si yo era soltero. Les dije que tal vez. Se rieron mucho y nos dejaron en la puerta de sus casas, desde donde vi muchos niños pequeños que eran, repartidos, hijos de las dos. Luego fuimos más abajo, pasamos un río donde no había río y entramos a una casa. Ahí estaba una mujer torteando, sumida en una humareda que parecía una pared de ojos cerrados. Ella es mi hermana, y ella es su hija, me dijo la señora y le creí hasta que está última, nos invito a sentarnos y nos dio Pepsi-Cola. La señora sonrió y mandó a comprar carne y cerró su tortillería, además nos presentó a sus demás hijas. Las dos hermanas empezaron a comentar sobre todo de su familia. Se dijeron en broma y en serio de todo. Pero conservaban la cordura de que había un visitante. Me contaron cosas de ellas cuando eran niñas, riendo como si nada. Cosas terribles y dulces. La carne se asó. Las tortillas doradas eran mi locura. Ensalada de pepinos y tomates, cebollas escabeches, pero llorando. El humo de leña lleva espinas etéreas.

Me gusto mucho el viaje. Contamos que habíamos llegado a pie y la mujer, la hermana, la madre, esa mujer que torteaba y tenía una cintura de tres cinchos grandes, nos recomendó tomar el bus con un billete de a veinte. Ninguno lo tomó. Nos despedimos y al salir éramos cómplices para caminar de nuevo y bebernos el sol de postre como un majar final, antes de entrar con dicha a las calles húmedas por mangueras que rociaban agua sobre el aserrín de las nuevas alfombras de esta nueva Semana Santa.



Antigua

Antigua es una ciudad formal. Colonial, pero dura y formal. Fundada sobre piedras y envuelta en piedras.

En Antigua esa noche era un barco en medio de una lluvia.

Las alfombras hechas unas horas antes, luego de la microtormenta estaban deshechas y era lamentable. Nosotros, hermanos de Noé, sembramos vides y bebíamos hasta desnudarnos en las calles brillantes. El vino brotaba de las paredes y bajaba hasta la garganta y luego se iba. Esa madrugada, ustedes ya saben como es Antigua, no tengo que contarles todo. Conocimos a una dama. Charlotte nos regalaba cigarros, y esa chica coqueta nos daba ron de un vaso, con una cucharita roja. Ustedes ya saben como es antigua, no tengo que contarlo todo. Conocimos otra madrugada mojados en la fuente.

Parramos

Parramos es el único lugar donde la jefatura de policía tiene barrotes en la puerta y una trinchera de costales de arena. Pareciera que es una guarida de gente dura. Pero no. En el parque uno se da cuenta que los que están un poco dislocados son los policías. Es un pueblo bueno con gente alegre.



Dueñas

No conocí a fondo dueñas hasta que vi una de sus muchachas. Sus ojos eran el parquecito abierto y su cuerpo era ondulado.



Pastores

¡Botas con piel de tigre de Bengala! Vayan a Pastores.



Santa Maria de Jesús

Ya hacía unos años que no iba a Santa Maria de Jesús. Recordé que subí cuatro veces el volcán de Agua. Es un pueblo raro, como sumergido en algo parecido al agua, como sumergido, bañado en algo parecido a un vientre, es como una mujer virgen, huele a leche y miel con su Horeb a unos cuantos suspiros.



San Pedro las Huertas

No era para contarles, pero al fin, lo mejor de San Pedro son las gringas borrachas tratando de quitarse los zapatos al borde de una cama en un hotel de paso. Eso dicen mis amigos. 



Jocotenango

En Jocotenango hay un poeta que vive en una escuela. Lo más increíble del asunto es que es un poeta de verdad. No he conocido más poeta que este. Habla con Dios por su teléfono Motorola y las mujeres hacen cola para que les de la bendición. Suda poesía este poeta verdadero. Miente como todo poeta y viaja de vez en cuando como todos. Pero a veces este poeta hace que la ciudad de Jocotenango recuerde a otros celebres habitantes, inquilinos, hijos de esta tierra, Rafael Romero y a Ricardo Arjona, perdonen uno y otro que los ponga a la par. Fernando Moreira es de quien les hablo.



San Juan del Obispo

Además de ser la Itaca de Luis de Lión, San Juan del Obispo es pura materia. Sus portales, sus calles y sus balcones guardan una historia que me contaron. Quítese usted el sombrero de adulto y póngase el gorro de niño y vera que las cosas son tan simples que a veces dan ganas de reírse hasta de lo más triste. Ponga usted a dos enamorados, supongamos que se casan y se van a vivir juntos. Supongamos que a los tres años, uno de los dos encuentra otro amor. Pero hablamos, según dicen, de un amor verdadero dentro de otro amor verdadero, en síntesis, el hombre tiene a dos mujeres viviendo en el mismo pueblo. Imaginemos que la primera ni se entera porque el sigue fiel a todos sus caprichos de alcoba y además se preocupa sin medida de sus dos hijos. Supongamos pues, que todo marcha bien en los dos hogares, hasta que una vecina, ya sabe usted eso de que pueblo chico, pero la vecina solo cuenta lo que ve, usted sabe. Hasta que el hombre es confrontado. Siente que se le junta la tierra con el cielo. No haya qué hacer. La segunda mujer empieza a extrañarlo y la primera a despreciarlo, hasta que, usted ya sabe. El hombre se desespera porque se da cuenta que no quiere a ninguna, las ama a las dos y eso es una agonía. Así que deja un papel con instrucciones. Nadie nunca supo si parte de su poca herencia o algo más intrigante. En un completo desvarío, va a un hotel de la antigua, al hotel el refugio y después de pensarlo mucho acompañado de una botella, se quita la vida. Eso cuentan en San Juan el Obispo, pero nadie dice nada recio. La carta fue encontrada por las dos mujeres en la cama y destrozada a cuatro manos.

Lester Oliveros
Antigua Guatemala,
Café No Sé, Abril 2011

Picto—grafías

Hace años, Javier Payeras me dio el consejo de leer el ABC of Reading de un exiliado norteamericano en Paris, llamado naturalmente: Ezra...