DRAKAN


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Había una vez un ser humano que se creía Dragón de Fuego y al mismo tiempo serpiente emplumada. Drakan era su nombre, de día veía oscuro y de noche la luz lo adormecía. Su conocimiento en todo lo que entra sale; de lo que sube, baja; de lo que va y viene; de lo que se calienta se enfría o de todo lo que regresa se vuelve a ir, era absoluta. No podía ocultar el sol con un dedo pero a la luna la detenía con dos manos. Decía que cuando dos se aman, nace una nueva religión apócrifa.

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