EL AULA GIGANTE, SUTIL, DE GUATEMALA


 A Facundo Cabral el día de su muerte, fatalmente en este país.

Un estado fallido en donde haya elecciones democráticas no puede ser otra cosa que un chiste. Cuando pienso en política inmediatamente me recuerdo de aquella aula de quinto primaria en la que había todo un proceso microscópico de poderes, que en el futuro iba a encontrar replicado a gran escala en los periódicos. El más turbio, “grueso” y mal hablado terminaba siendo el cabecilla de los demás, la voz por la que toda la clase decía a medias lo que quería o callaba lo que en realidad quería decir.
Vagabundeo, mediocridad y violencia era casi siempre lo que se promovía.  Era peligroso meterse con el, y en ocasiones era el que verdaderamente imponía su voluntad ante el profesor. Así es la política  guatemalteca. El gobierno de Guatemala es ese profesor que cede ante el crimen organizado en los últimos pupitres. Los matones de la última fila que se hacen ricos extorsionando a los que se sientan hasta adelante, mientras los de en medio sufren la balacera cruzada.
En Guatemala ser político es fácil. Cualquiera puede ser presidente. Me gustaría que fuera diferente y el máximo empleado público  entrara al concurso luego de algunos exámenes físicos y psicológicos, y quizás  estéticos. Además que fuera voluntario por cuatro años sin recibir algún dinero de parte de nadie. Serian pocos los que participarían para tan alto puesto. 
La tentación la da la herencia de presidentes, caudillos y dictadores que no se detuvieron un solo instante a pensar en el futuro integral de sus actos, si hace tan solamente cincuenta años estos señores se hubieran sentado a planificar una nación otro gallo nos cantaría. Pero a fuerza de ignorancia y negligencia han vuelto, tanto ellos como las fuerzas ocultas del crimen, un pueblo baldío donde siempre hay que tener esperanza en el que viene porque de esperanza y religión vive la gente al borde de la muerte.
Una ciudad es el reflejo de su gobierno. En Guatemala se mata sin culpa, se roba sin tanto pensarlo y se violan todas las reglas del amor por el dinero o el poder. La poesía de todo esto es la literatura de la postguerra y el postmodernismo que ahora mismo vomitamos en las bienales, recitales o calles, todos nosotros los hijos de estas tierras huérfanas de historia latinoamericana. Vamos buscando de donde arraigarnos, a que ídolo hacerle ofrendas mientras el mundo ya va de regreso en sus tecnologías y pensamientos ultra evolucionados. Ahora mismo en Guatemala todavía hablamos de socialismo cuando ya hace años que la ideología de los barbudos esta quebrada en fronteras al otro lado del mundo. Guatemala, ya lo dijeron varios poetas profetas, es una joven violada, con hambre y sin voluntad, el gobierno que tome el poder debiera ser de doctores en psicología y medicina general para devolverle a este territorio un poco de coraje. La gente en la calle es el mejor ejemplo de apatía, en sus caras se ve el decepción mientras las iglesitas evangélicas ganan miles de adeptos mensuales que llegan ilusionados con partir de esta tierra. Otros, los más prácticos, se van a otra parte, caminan al norte. Son miles y van subidos en un tren, son miles y de miles llegan pocos con los sentimientos curtidos de tanta sangre y basura en el camino al sueño.
Hay varios partidos políticos en Guatemala.  Pero al final todos esos partidos son uno solo y eso lo demuestra que muchos de sus afiliados van de partido en partido. Con lo que cuentan para trabajar es con la corrupción. La corrupción es la verdadera ideología tras tanta banderita de colores. Si no lo tienen presente pecan de ingenuos, pues es sabido, hasta por mi, que cualquiera que no se alinea al sistema  por los padres de la patria termina pobre y en una caja, ahora que si se integra, saldrá rico y vivo, mas vivo que consiente, pero vivo.  La corrupción es la verdadera arca nacional. La policía nacional, el ministerio publico, todos los ministerios, todos los diputados, todos los servidores públicos, todo el pueblo de Guatemala esta invadido y es una invasión sistemática y de años. Todos ahí se tapan con la misma colcha.
Pero para ir un poco más allá, el estado de una nación ya no debiera ser necesario, cada individuo según el capitalismo ya es dueño por lo menos del acto de decidir que tipo de shampoo usar. El estado sirve ahora, ya no tanto como un ente administrativo, sino como una sucursal para los jubilados.  Las nuevas juventudes ya no creen en el gobierno, ni en votar, ni en nada, creen al menos en separase mentalmente de tanta historia de fracaso.
En esa aula de quinto primaria, había unos pocos que pensábamos en el futuro. Ahora cada uno tenemos nuestra parte. Pero siguen habiendo soñadores.
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