DORIAN LIMA EN EL CALLEJON DEL OLVIDO (AMIGOS)


Una persona no sólo es un mundo, es una atmosfera, un circulo, un misterio revelado a los ojos vedado, al tiempo de la experiencia de uno mismo a sí mismo vedado. Uno no sabe quién es hasta el instante de la renuncia. Pero, en la misma mecánica de engaño y apariencia, ocurre que el lenguaje es la puerta y la ventana. En una de esa tantas gentes que ven blogs, que visitan recintos virtuales, apareció este internauta navegando en mis textos. Nos vimos la primera vez en una bizarra muestra de villalobos, javier Payeras y Juan Pablo Dardón. Todo es literatura, todo es ficción. A Dorian Lima lo une el arte al mundo. Amigo de Ramírez Amaya desde el tiempo en que se quemó el hotel Bilbao, los excesos de Alejandro Urrutia y una afición a la bohemia. Es un artista porque aprecia el arte, y me atrevo a decir todo esto porque sus manías son infinitas por los detalles. Hay ocasiones en que nos ha bajado de su carro para enseñarnos el detalle de una casa en la zona 1, y puedo ver que no es un fragmento aislado, sino de años de apreciarlo cada vez que pasa. Cuando viví en la zona uno me prestó un libro de la arquitectura del Centro editado por CCE. Anduvimos vagando por la zona uno perdidos viendo detalles. Sentados en la Maya Quiche donde míticamente conocí como la Sinagoga, porque a Dorian se le antoja que el cuida carros es un rabino, y en efecto tiene unos canelones de judío, pero el caminar de un guerrillero lisiado. Dorian resulto ser amigo de mi papá y de alguna forma confidente de una pareja de locos, que éramos, hace un año, Wendy y yo. Hemos agotado horas en el Olvido hablando de la vida. Que Dorian mira desde una óptica juvenil y cínica. En ocasiones yo soy más viejo que este amigo con cara de buena persona. Sin embargo, todos hemos tenido épocas de abundancia y de necesidad. A veces me habla de esos años de abundancia y derroche. Su voz se vuelve grave. Parece que dio todo. La generosidad es uno de sus más bellos defectos. En el fondo, parece que no le debe nada a nadie, ni a el mismo, así que sus remordimientos son pasajeros, y antes de una lágrima estira una risa sincera. Uno de sus gustos más caros son las antigüedades. Tiene una rockola muy bien cuidada de los años 50, una colección de dibujos de Ramírez Amaya, una dispar selección de objetos que a Picasso darían envidia. En fin, es un gran amigo porque creo que supo, a lo largo del tiempo comprender la amistad y tener bien presente que vivía en Guatemala y en el primer mundo a la vez. Ojala nunca tenga que ir a pedir fiado a la tienda.
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Fotografía de Dorian Lima (izquierda), tomada por Ricardo Contreras (la sombra es parte de su dedo indice). Ramírez Amaya (el Tecolote) en medio, haciendose el borracho.

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