(X/y) UNA ENTREVISTA A MANUEL-TZOC EN EL GRAN HOTEL



(X/y)
UNA ENTREVISTA A
MANUEL – TZOC
EN EL GRAN HOTEL

El ebrio mar y yo se mojan con la lluvia.
Todo baila abajo.

VEMOS fragmentos de rótulos en las calles, esquinas con desaparecidos-fotocopiados y arrancados por manos anónimas en el pleno ir y venir de la vida, un collage inmóvil moviéndose, en una secreta sinfonía de bocinas y rostros que pasan apresurados un día como hoy lleno de hielo en el aire, un viaje como hoy que es éste tiempo presente atravesando el Parque Central y la sexta avenida en un movimiento giratorio de la vista en viaje hasta el Gran hotel en el que me he decidido por fin ha concluir esta entrevista a un poeta bastante singular.
Manuel Tzoc es un artista sencillo, delgado y con una mirada desvelada. Lo conozco desde el año pasado que intenté hacerle unas preguntas para un boletín que trabajaba todos los meses en la Facultad de Humanidades. Pero una razón me detuvo a publicarla: no conocía su poesía que ante todo rompe con patrones morales e ideológicos y atenta, junto con la propuesta de Héctor Montesinos y Yaxkin Melchy a una honesta trasgresión desde el lenguaje y la forma de vida. Una forma de vida que en otros tiempos sólo se podía vivir desde el closet (esa palabra que usa Monsiváis como metáfora) y en grupos aislados. Manuel es abiertamente Gay. Pero noto que ese no es el tema central de su obra, sino sólo parte del juego que le tocó interpretar. Su trabajo se divide en la artesanía y la literatura. Por un lado, se mantiene de la venta de ropa teñida al mejor estilo Tye-dye; por el otro, vende sus libros personalmente como le ha tocado a muchos escritores nacionales en ese performance al que Manuel asiste casi naturalmente. Aún así sigue escribiendo, posando para la cámara en un trabajo de modelaje travesti casi secreto. Su gusto por el cine es una retroalimentación visual, que luego sintetiza de alguna forma misteriosa en sus poemas. Puede tolerar la música de un sintetizador toda la noche, bailando y bebiendo, conversando con todos los amigos que siempre vemos en los after partys, luego recorre de madrugada, si bien le place, las calles desiertas de la zona 1 en el insomnio de voces de los cafetines de la dieciocho calle, hasta el ir y venir de los Transmetros a la cinco de la mañana que lo llevan a su casa en San Miguel Petapa. Liberal y lúcido, me responde la primera pregunta, no sin antes confesarme lo nervioso que lo ponen las entrevistas:


Lester Oliveros: ¿Y, cómo fue tu primer encuentro con la literatura Manuel?
Manuel Tzoc: Te había contado que mi primer contacto con el arte había sido por medio de la pintura. Una vez por cable, en un canal vi unos oleos de Frida Khalo, Unos cuantos piquetitos se llamaba la que mejor recuerdo. Recuerdo que estaba empeñado en lo visual, tanto, que le dije a mi papá que quería estudiar pintura. Me inscribí en la ENAP, mi papá me compró pinceles y pinturas de oleo. Después de tres meses casi no entraba a clases, me desencanté y me iba a tomar con un grupo de amigos.
LO: ¿Primeros tiempos de Bohemia? –le pregunto, riendo.
MT: Si, la verdad que eran mis primeros tiempos de bohemia. Pero me gusto pintar y lo seguí haciendo. Ya me gustaba el arte de Dalí, Klimt, los surrealistas…, el Bosco.
LO: ¿Recordas el momento en el que escribiste tu primer poema?
MT: Fue una tarde que me encontré de nuevo sin nada que hacer, aburrido y encontré el libro El Tiempo principia en Xibalba de Luis de Lión, me gustó por la portada, por la mitología Maya que siempre me había interesado. Leyendo ese libro escribí mi primer poema, me acuerdo muy bien que fue una fila de palabras, sólo palabras, bastante minimalista.
Recordé esa vez que fuimos con otro amigo a su casa y vimos las paredes de su cuarto con pinturas llenas de un encanto dadaísta y poemas en letra grande tapizando las paredes, poemas de centroamericanos, uno de Borges que según me contó lo hizo llorar. Nos dice que en un tiempo en el folio 114 publicaban poemas en ese formato con invitados de Centro América.-
Entonces le hago algunas preguntas abstractas:
LO: ¿Qué pensas del Mundo?
MT: El mundo es un lugar donde tenemos que soportar cosas… –me dice-, resistir a la muerte, a la vejez; más que disfrutar es soportar algo… que algunas veces no se ve.
LO: ¿Qué es la noche para vos?
MT: La noche –me dice y se le iluminan los ojos al reír –, como dijo alguna vez la Pizarnik, es el día, y el día es la noche, un espacio, en mi caso, para mi solo.
LO: ¿Cuál es tu mejor película, o director de cine?
MT: Te podría hablar de directores, en mi caso Ingmar Bergman me encanta y Persona o el Séptimo Sello son las mejores películas.
LO: ¿Qué es la soledad, para vos?
MT: Desde lo más básico, algo textual, sentirse solo, hasta lo más sublime y existencial como no poder explicarlo.
Su cuarto, desde donde estamos, sentados en su cama, se ve iluminado y puedo ver algunos libros, y folletos de eventos literarios. Me dice que puedo ver algunos y encuentro el libro “Sin Casaca”, del cual me regala una copia; encuentro la novela de Denise Phe Funchal, encuentro Exul Umbra de Guinea Diez, un libro de Mundo Capitol sobre una exposición; sus propios libros: el Escop(o)etas para una muerte en ver(sos) ba…l…a, y el de la Santa Muerte Cartonera de sus Textos Insanos, veo además una librera donde está un libro de Octavio Paz de ensayos, uno de Panero, Khalil Gibran, La Iliada, Clarice Lispector, Pessoa, Boudelaire, conversaciones con poetas de la de la colección Pensamiento, y no alcance a verlos todos porque había empezado ya a interesarme por Cuadrivio de Octavio Paz, que por cierto me lo prestó. Afuera, por su ventana, se veían botellas viejas de ron y octavos de Quetzalteca. Al otro lado de la pared, siempre bajo las pinturas, se miraban fotografías y carteles de eventos como el de Manifestarte y Animal de Monte.
LO: ¿A quién o quiénes invitarías para un falso funeral?
MT: Al funeral invitaría a todos mis cuates leales, a personas que consideren que dejé algo, tal vez no un legado pero si algo…
LO: ¿y a una gran fiesta?
MT: A transexuales o gente excomulgada, marginados de guate, excéntricos, poetas que no les importa si los leen o no, artistas visuales, fotógrafos, novelistas, periodistas de nota roja.


Manuel, desde que lo conozco es un personaje al que le gusta la zona 1. Todos los días, normalmente de martes a sábado vende playeras, pantalones, blusas y faldas, en el local de uno de sus amigos por el parque San Sebastián. Pero me llamó mucho la atención que a Manuel le gusta mucho llegar los domingos a caminar por el Parque Central y perderse en las calles hasta donde la imaginación lo lleve. Además, es un personaje fotografiado puntualmente en las fiestas de la media noche. Lo recuerdo en una celebración que me dijo en un momento “yo voy a morir en la fiesta”, y lo dijo con tanta seriedad que a todos nos dio risa. La fiesta en Guatemala después de la una es una de las más interesantes rebeliones que existen en países como este, también en Teheran, también en Los Angeles, también en Colombia.
LO: ¿Cuáles son los autores que harías tus amigos si estuvieran vivos?
MT: La Alejandra Pizarnik –me dice sin dudarlo, luego piensa, y agrega –, Isabel de los Ángeles Ruano y Rimbaud; Isabel de los Ángeles es la Pizarnik de Guatemala, y Pizarnik fue la Isabel de los Ángeles en Argentina.

Se levanta y trae grandes vasos con jugo de naranja y vodka. Lo noto más relajado. Sé que le gusta la cerveza y lo he visto en fotos en el Cafetín o en alguna parranda callejera en algún estacionamiento, fotos que yo mismo miro con algo como gratitud de la celebración y que al mismo tiempo son un símbolo, si queremos que sea eso, o puede verse también como simple vida de excesos. La noche es una fiesta de luces que chocan. Caminando solo, quizás llorando, como alguna vez me contó que escribió su primer libro, en un estado de melancólica enfermedad, tomando antidepresivos y vagando por las calles como único habitante.
LO: ¿No sé si podes contarme alguna anécdota de algo que te haya pasado en la zona 1?
MT: Que me hayan asaltado dos veces –me dice –, esas dos veces que te conté, de ahí todo lo demás muy bien.
LO: ¿Qué referencias hay en tu poesía a la zona 1?
MT: Todas y cada una –me dice interesado –, porque a pesar de vivir fuera del Centro Histórico, la considero mi segunda casa; todo lo que tiene que ver con la ciudad me afecta y me genera al escribir. Estuve viviendo en un pueblo y me gusta por unos días, luego, es bien raro que empiece a extrañar el movimiento, el ruido general de las bocinas de carros y camionetas, los gritos de los vendedores, el caos, el ruido.
LO: ¿Cómo ves el carácter de los eventos literarios en la zona 1?
MT: A veces me generan dificultades…, no sé como interpretarlo, he sentido la exclusión alguna vez; por ejemplo, no sé si decirlo, pero por lo menos algunos lugares pareciera que sólo fueron hechos para un grupo de amigos, siempre esta marcado por los mismos, es decir… habemos otros; y no es que este yo en el bando de Simón Pedroza ni mucho menos. Creo que finalmente los lugares deberían abrirse más a los demás, el Gran Hotel esta haciendo esa función a un nivel mejor, Casa Cervantes o el Bar el Olvido donde hay que tomar el espacio. El año pasado…, no, antepasado…-corrige- fue Animal de Monte en Xela, yo ya tenía el Escop(o)etas para una muerte en ver(sos) ba…l…a y de pura casualidad andaba por Xela cuando vi el cartel y entonces me regresé a mi casa para traer dinero y me regresé a Xela de nuevo; recuerdo que llegué con el encargado de Metáfora para decirle que me incluyera y me dijo que ya estaban todos, y eso que iba a pagar yo mismo mis gastos; y así te podría contar un par más... En Asalto al Cielo, me metí casi de colado porque Héctor Montesinos y Yaxkin Melchy me invitaron por la presentación del libro de la Cartonera.

Nos llevó un momento largo hablar sobre como había presentado su segundo libro. Me contó que su gusto por la pintura volvió, al darse cuenta que tendría que editar el libro en Guatemala, en la recolección de cartón por la sexta avenida, en la buena y puntual ayuda del editor Simón Pedroza, de cómo había nacido la idea desde México de parte de un poeta chileno en contra de las editoriales establecidas en un comercio lejos del bolsillo del consumidor actual.
LO: Cambiando un poco de tema ¿qué pensas de la moda?
MT: La moda, eso si me fascina –me dice, sonriendo de esa forma que ya he notado que revela cuando algo realmente le agrada –, creo en la moda desde el sentido de la comodidad, la actitud y la creación.
Siento que ha dicho una frase grandiosa. Pero, cómo no puede creer en eso si ha vestido casi a todo el mundo en la zona 1. Sus playeras tye dye se ven en todos lados y es uno de los pocos que lo hace artesanalmente aún.
LO: ¿Cuál es tu estilo de vestir, si lo pudieras definir?
MT: Mira, yo agarro de todos los estilos, me gusta el retro sport de los 80´s, la colaboración de los 70´s también, cada época nos dejó algo.
LO: Una pregunta que nunca te hayan hecho y que quisieras responder.
MT: Tal vez –se queda pensando – ¿Qué pensas del movimiento artístico Gay?
LO: ¿Y que responderías?
MT: Siento que hay mara muy enclosetada, y algunos nos encasillan, el gay sólo puede ser estilista, diseñador, tal vez modisto o padrote, pero no lo ven como escritor, o como artista, y hay muchos que escriben, pero creen que la protesta sólo la pueden hacer en una marcha por las calles del centro… me comprendes, tiene que haber más movimiento de letras, como antes que era tan natural en Rimbaud o Georges Sand.
LO: ¿Que pregunta le harías a Dios si existiera? –le pregunto finalmente.
MT: Yo no creo en Dios, creo que no creo en nada –me responde.
Salimos a la calle. Yo enciendo un cigarro y veo el edificio el Centro con su fachada de apartamentos verticales, el mundo de gente que pasa y corre por la sexta avenida y bajan por la novena calle. Veo a un Michael Jackson bailando sin música pero idéntico a lo lejos. Recostados en un automóvil, luego que me contara todas las dificultades que pasó para publicar su libros, me doy cuenta que la poesía de Tzoc es eso, una búsqueda obstinada a la espera de la apertura espiritual de una generación sobreviviente de la doble moral.

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Manuel Gabriel Tzoc Bucup (1982) publicó su primer libro en el 2006 Escop(o)etas para una muerte en ver(sos) ba…l…a, por la editorial artesanal Folio 114. Pertenece al colectivo de poesía emergente sociedad optativa de poetas anónimos (SOPA). Actualmente prepara otros libros de poemas. De Textos insanos, es de la colección de poesía Sol verde de la editorial Santa Muerte Cartonera, México.

The Smiths- There is a light that never goes out
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Lester Oliveros

Guatemala martes 12 de enero del año 2010

Comentarios

Ana Patricia ha dicho que…
Comí ansias por leer esta entrevista,felicidades y un abrazo para ambos.
Miss Trudy ha dicho que…
Me gustan mucho tus entrevistas, Lester. Conozco a este muchacho superficialmente y siempre me ha parecido muy dulce, fue encantador conocerlo mas a fondo a traves de tu blog.
Lester Oliveros ha dicho que…
Ana Patricia: gracias por las ansias, en realidad esta entrevista fue una de las que mas me costo, porque Manuel es un mandala, y hacia ya mucho rato que la planeaba mejor que esto, me hubiera gustado hacerla en el bar las Estrellas, en su ambiente, pero en fin.

Trudy: compañera bloguer, Manuel, me voy a trever a decirlo, es la unica voz de un movimiento que es ya una realidad, no sólo en el Parque Central. En el mundo han habido exponentes tan rebeldes y liberales como el Marquez de Sade, libro que se me olvido anotar y que también tiene un lugar en la librera del poeta.
Anónimo ha dicho que…
Hay algo en Manuel que siempre me ha llamado la atencion, desde que lo vi en Manifestarte. Y me parece excelente que nos este dando otro enfoque a las personas homosexuales en Guatemala. Ahora pregunto? por donde exactamente vende su ropa?
Lester Oliveros ha dicho que…
mira, Manuel vende una cuadra arriba del parque San Sebastian, en una estetica que se llama Ronald`s, y te va caer bien llegar. Saludos y buena suerte.

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