LA CALLE DE LOS SEMAFOROS I





¡Cuán triste es, Dios mío;La vida sin ti!Ansiosa de verteDeseo morir.
Santa Teresa de Ávila.


Hoy desperté de madrugada. Oía el sonido perdido de los autos en la calle. El rumor era urgente. Mis vecinos, que pese a que llevo tres días en la casa, aún no los conozco, tenían ya la luz encendida; me levante de la cama y vi el cielo, aún era de noche. Hacía frió y me enrosqué en las sabanas placidamente.
Al despertar vi el sol cruzar por la ventana y dibujar líneas contra la pared. Antes que nada veo un poco la televisión; el noticiero anuncia sobre muertes crueles. Hago un plan para el día. Pienso que si tuviera dinero podría mandar a reparar la llanta de mi bicicleta, y pienso que debo ir a ver la zona y correr un poco, por la salud.
Salgo y veo a la misma mujer de transito, alta y desmedida, con su gorgorito de bronce y su vestimenta de astronauta terrestre. Camino un poco y luego empiezo a trotar por la calle antes del pasaje a desnivel. Paso la pasarela y empiezo a correr viendo las casas con sus jardines y el olor grandioso de la mañana. Reconozco en una esquina un olor anterior a la adolescencia que tiene que ver con unas frutillas de un árbol nada grandioso, pero el olor me conmueve desde adentro y sigo corriendo, cruzo calles y avenidas y sorteo las aceras de grama y autos. La verdad es que siempre me ha gustado correr y caminar, desde un principio liberaba mi imaginación y resolvía problemas cotidianos cuando caminaba del trabajo a la casa, y correr pues es completamente un ejercicio físico, no pienso cuando corro, contemplo.
He de contar que al llegar a una esquina vi una iglesia católica. Llegue a la otra esquina y pensé en no entrar por mi vestimenta: llevaba un pants bajo una pantalonera con bolsas y una sudadera vieja de color azul. Me senté en una banca y vi como entraba la gente en la iglesia vestidos todos muy elegantes. Por alguna razón no me puse a pensar en lo obvio ¿qué puede estar haciendo tanta gente en una iglesia, tan temprano, y un día miércoles? Lo cierto es que entré sin saber que iba a encontrar. Creo que es una motivación completamente irracional que siempre tengo ante un grupo de gente. En otras ocasiones me gusta estar en multitudes y saber que se siente ser arrastrado por la corriente de la muchedumbre. Pero en este caso era mas leve, era más curiosidad que nada.
Estaba a punto de empezar la misa. Todos se pararon y el padre los bendijo y supe el motivo. Era una misa extraordinaria para una señora que cumplía setenta años y que además era fiel miembro de la iglesia. El padre además dijo que hoy celebraba también años una santa: Teresa de Jesús. Estuve unos minutos oyendo misa y luego salí a la calle y llegué corriendo hasta mi piso en la calle de los semáforos.

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