miércoles, 18 de marzo de 2020

#mitu


En dos días cumple años Harvey Weinstein. Ya está en prisión ese muchacho que solo quería un masajito y un poco de cariño a la fuerza. Claro que todo esto lo cuento con sarcasmo, no se vaya a malinterpretar lo contrario y, las dos décadas y tres años que le recetaron vayan a quedar como un mal chiste. El dinero no lo compra todo, pero casi: lo absolvieron de dos cargos graves, abuso sexual depredatorio y violación agravada.
El abogado defensor alego a su favor que le habían dado cadena perpetua dada su edad y condición. El antes titán de Hollywood, aunque ya está en la cárcel, espera su prometida apelación, haciéndose el muerto a veces como buena zarigüeya, con el perdón de eso animalitos tan chulos.
En sus testimonios, las víctimas no logran hilvanar con justicia los momentos cumbres, que además son los momentos más incriminatorios, por pudor y vergüenza, o sabe dios qué mezcla de sentimientos lamentables. Además de cubrir con palabras entrecortadas, la violación y abuso, tienen que contar el justo momento de su degradación final, frente a un magnate extendiendo a la distancia un cheque para pagar su silencio.
II
Hoy se cumple una semana de su condena. No solo las víctimas directas, sino también los varios casos que se lograron descubrir, por medio del hashtag: #Metoo, celebran alrededor del mundo, la sentencia condenatoria. Todo esto opacado gravemente por la pandemia de un virus de diseño cinco estrellas, del que aún no se revela ni el autor, ni el móvil.
Pero los recuerdos perturbadores, la impotencia ante ese gorila albino, siguen siendo imborrables, hirientes y perturbadores para las atormentadas.
Hace unos años nadie conocía su rostro. Tal vez su nombre por haber sido el productor de Shakespeare in Love, y la extraordinaria Pulp Fiction. En las fotos del juicio prorrumpe calvo, entrado ya en años, los ojos perdidos entre unas ojeras de desvelo, escondidos en una papada de perro bravo; la corbata mal ajustada, solo, perverso, sosteniendo su carácter y postura de poder en declive.
Todo se desató hasta que el New York Times y The New Yorker publicaron testimonios que sorprendieron por poner de manifiesto los rumores sobre la conducta inapropiada del importante productor de cine.
La encantadora Salma Hayek, la vengativa Uma Thurman de Kill Bill, la glamorosa Gwyneth Paltrow culparon a Weinstein de acoso sexual. De susurros a rumores, de rumores a gritos, hasta empezar una gira de conciertos para hacer patente la preocupación ante estos hechos lamentables.
III
Pasado mañana, los guardias de la prisión verán a Harvey pensativo, grueso, colérico, sanguíneo y bélico, lamerse el golpe de la sentencia recordado la vez que le gritó a un periodista, en la cúspide de su egolatría: ¡Yo soy el puto amo! Y las múltiples escenas de sometimiento y miedo de sus víctimas ante éste serán rotundas.
Algunos se preguntan, por qué este productor de cine, premiado, y quizá con una carrera de éxito, que no tendría necesidad de encerrar a ninguna actriz, ni hacer ese uso patético de cortejo de muerte para seducirlas, no logró vencer a sus demonios, aún con toda su plata que podría tirar sin pena al cielo de Las Vegas.
Mientras tanto, veré esa escena de Jules en Pulp Fiction, acá en mi cuarentena a la intemperie:

“El camino del hombre recto esta por todos lados rodeado por las injusticias de los egoístas y la tiranía de los hombres malos. Bendito sea aquel pastor que en nombre de la caridad y de la buena voluntad saque a los débiles del valle de la oscuridad. Porque él es el verdadero guardián de su hermano y el descubridor de los niños perdidos. ¡Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquellos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos! ¡Y tú sabrás que mi nombre es Yahvé, cuando caiga mi venganza sobre ti!”

Luego: el disparo.

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