NACER DE NUEVO



Por fin salió. 

Pero al ver la luz empezó a llorar de miedo. 
Había nacido entre la oscuridad. 
Había nacido entre la densa oscuridad del cuerpo de otro cuerpo. 
Un útero maravilloso que le daba de todo para los sentidos, música profunda e insólita, calor humano dentro de una cueva silvestre y un tacto preciso de caricias internas. Oía la voz de su madre hablando y era una canción tecno junto con el ritmo de la sangre y los latidos percusionando junto a su propio corazón un ritmo.
Oyendo el latir del corazón reconoció de pronto el Rock and roll, se refugió en horarios nocturnos, divago sin perder la noción de que era procreación de las sombras. Recordaba esa terrible sensación de vacío al ver la luz y la realidad. Era mejor la noche, lo negro, la imaginación vibrante de la luz de las estrellas.
Siempre anduvo nostálgica, buscando el retorno al útero en cada antro punk, en cada sala de grabaciones, en cada ritmo que con su banda empezaban a preparar para un concierto. Cerraba los ojos y multitudes coreaban sus canciones. Con los ojos cerrados volvía a nacer, porque al cerrar los ojos en la oscuridad percibía entre tantas voces, la voz de su madre, de su familia entera en medio de una oscuridad rítmica.

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