viernes, 29 de abril de 2011

DIEZ GUIAS TURISTICAS DE ZACATEPEQUEZ

Ciudad Vieja

Ciudad Vieja es una cúpula blanca, tan blanca que en días nublados la iglesia parece parte del cielo, entonces el parque realmente flota y el alcalde tiene que pedir agua para tomarse tres tragos y, dejar que pasé el susto. El parque es íntimo. Es, además amplio y con bancas de concreto y faroles pequeños; de vez en cuando pasan los guardias de la municipalidad y le silban a las muchachas que se recuestan al hombro de la tarde. La primera vez que llegué al parque me encantó que desde un ángulo, detrás de la iglesia, podía ver como el sol iluminaba al volcán de Agua y lo hacía parecer como esa película antigua basada en la novela Adiós a las Armas de Ernest Hemingway. Me encantó el efecto del tiempo esa tarde de marzo. Lo tengo grabado como si fuera fundido en mis neuronas. Pero Ciudad Vieja también es la cara de todos los niños con sus nombres que estudian y van a casa con cuadernos saturados de recortes y corren con olor a ajo en medio de todo lo que hasta ahora se ha construido en este pueblo tan tierno. El río Guacalate es un río turbio y lamentable. Arriba de este estruendo de lodo y desperdicios hay un parquecito. Subiendo la cuesta varias cantinas donde los borrachos salen a la banqueta a mirar pasar gente, son cantidades, miles de borrachos sedientos pidiendo y buscando. A veces desaparecen y veo pasar mulas y caballos que se parecen mucho entre si. Hombres que desde la madrugada acarrean con su machete al viento para que los acompañe a hacerle nudos a la tierra. He visto mujeres con hijos picando piedras en los muros del desconsuelo. Sus maridos perdidos se cambian de nombre y se llaman a si mismos desde adentro. Vomitan penas, respiran alcoholes entre si, fuman nostalgias. Hay una placa que ostenta la iglesia donde hay una fecha que a todos los patojos les parece de a mentiras. Ciudad Vieja, ni es ciudad, ni esta vieja, pero fue, eso si… la primera capital de Guatemala.



Alotenango:

Alotenango se me volvió una carretera bastante larga a pie. Pero por momentos quieta y disfrutable con su aroma a puros aires espirituales. Iba eso si, acompañado de la señora y sus hijos, una señora morena y médium; los espíritus, según me dijo, entraban y salían de ella sin permiso. No me sorprendió su sinceridad esotérica, me sorprendió que me diera tanta y tan buena amistad. Pero así es, así será, Sacatepéquez. Esta mujer de ojos diabólicos pero con un corazón más suave que el centro de un mollete, camino conmigo porque me dijo que toda su familia vivía en Alotenango. Era cierto. En el camino me presentó a su padre. Era dueño de un vivero y unos cafetales, de tres perros, y setecientas plantas que daban flores todo el año. Lo encontramos frente a un volcán de tierra abonada, llenado bolsas y matando lombrices histéricas que saltaban como hules enlodados. Nos saludó lentamente, casi como si aunque estuviéramos frente a él fuéramos llegando lentamente. Era moreno y estaba sin camisa, sentado en una piedra y su mujer seguía llenando bolsas y plantando hojas verdes y retoños de los que subían hojitas turbias que exhalaban por última vez su mano de resignación. Me habló de los cafetales. Supe de su tiempo. Me habló de todo, menos de sus hijos. Me miraba bien. Le dio agua a la Dixie que ya iba tenebrosa por toda la tierra que se la había pegado en el camino. Luego nos despidió resignado y nos regaló una planta de chiles rojos.

Seguimos caminando y en unas piedras, se me dio la de hacer una fogata y calentamos tortillas y comimos con frijoles. Tomamos agua pura y seguimos caminando. Era lejos y yo no sabía que tanto. Un surtidor de agua en una finca nos baño un poco y los niños reían bajo la lluvia giratoria. Hasta que vi la gasolinera y un letrero que decía: Bienvenidos a Alotenango la tierra del mejor café del Mundo.

A la primera que me presentó fue a su mamá. Luego de pasar un chubasco repentino, caminamos hasta una tiendita oscura, desde donde vi a una mujer de edad, pero entera desde su voz hasta las rodillas. Si tenía fuertes señales del mundo en los ojos y en las manos, pero sobre todo era recia y astuta, se le notaba sin que se diera cuenta. Nos invitó a pasar la lluvia sentados en uno de sus corredores. Me miró y me preguntó que quién era yo. Le dije que imaginaba que era el bibliotecario de una escuela. Me volvió a ver y miró a su hija. Luego preferí platicar con un señor que dijo estar de luto, lloraba por todos lados y sus lágrimas eran el mezclador del alcohol que tomaba puro. Me ofreció un cigarrito de una forma imprudente y yo más precipitado lo tomé y lo encendí.
Salimos de allí y vimos, así, a lo largo de la carretera, a otras hermanas de la señora. Se detuvieron, llevaban cada una, niños en brazos. Preguntaron desde un principio si yo era soltero. Les dije que tal vez. Se rieron mucho y nos dejaron en la puerta de sus casas, desde donde vi muchos niños pequeños que eran, repartidos, hijos de las dos. Luego fuimos más abajo, pasamos un río donde no había río y entramos a una casa. Ahí estaba una mujer torteando, sumida en una humareda que parecía una pared de ojos cerrados. Ella es mi hermana, y ella es su hija, me dijo la señora y le creí hasta que está última, nos invito a sentarnos y nos dio Pepsi-Cola. La señora sonrió y mandó a comprar carne y cerró su tortillería, además nos presentó a sus demás hijas. Las dos hermanas empezaron a comentar sobre todo de su familia. Se dijeron en broma y en serio de todo. Pero conservaban la cordura de que había un visitante. Me contaron cosas de ellas cuando eran niñas, riendo como si nada. Cosas terribles y dulces. La carne se asó. Las tortillas doradas eran mi locura. Ensalada de pepinos y tomates, cebollas escabeches, pero llorando. El humo de leña lleva espinas etéreas.

Me gusto mucho el viaje. Contamos que habíamos llegado a pie y la mujer, la hermana, la madre, esa mujer que torteaba y tenía una cintura de tres cinchos grandes, nos recomendó tomar el bus con un billete de a veinte. Ninguno lo tomó. Nos despedimos y al salir éramos cómplices para caminar de nuevo y bebernos el sol de postre como un majar final, antes de entrar con dicha a las calles húmedas por mangueras que rociaban agua sobre el aserrín de las nuevas alfombras de esta nueva Semana Santa.



Antigua

Antigua es una ciudad formal. Colonial, pero dura y formal. Fundada sobre piedras y envuelta en piedras.

En Antigua esa noche era un barco en medio de una lluvia.

Las alfombras hechas unas horas antes, luego de la microtormenta estaban deshechas y era lamentable. Nosotros, hermanos de Noé, sembramos vides y bebíamos hasta desnudarnos en las calles brillantes. El vino brotaba de las paredes y bajaba hasta la garganta y luego se iba. Esa madrugada, ustedes ya saben como es Antigua, no tengo que contarles todo. Conocimos a una dama. Charlotte nos regalaba cigarros, y esa chica coqueta nos daba ron de un vaso, con una cucharita roja. Ustedes ya saben como es antigua, no tengo que contarlo todo. Conocimos otra madrugada mojados en la fuente.

Parramos

Parramos es el único lugar donde la jefatura de policía tiene barrotes en la puerta y una trinchera de costales de arena. Pareciera que es una guarida de gente dura. Pero no. En el parque uno se da cuenta que los que están un poco dislocados son los policías. Es un pueblo bueno con gente alegre.



Dueñas

No conocí a fondo dueñas hasta que vi una de sus muchachas. Sus ojos eran el parquecito abierto y su cuerpo era ondulado.



Pastores

¡Botas con piel de tigre de Bengala! Vayan a Pastores.



Santa Maria de Jesús

Ya hacía unos años que no iba a Santa Maria de Jesús. Recordé que subí cuatro veces el volcán de Agua. Es un pueblo raro, como sumergido en algo parecido al agua, como sumergido, bañado en algo parecido a un vientre, es como una mujer virgen, huele a leche y miel con su Horeb a unos cuantos suspiros.



San Pedro las Huertas

No era para contarles, pero al fin, lo mejor de San Pedro son las gringas borrachas tratando de quitarse los zapatos al borde de una cama en un hotel de paso. Eso dicen mis amigos. 



Jocotenango

En Jocotenango hay un poeta que vive en una escuela. Lo más increíble del asunto es que es un poeta de verdad. No he conocido más poeta que este. Habla con Dios por su teléfono Motorola y las mujeres hacen cola para que les de la bendición. Suda poesía este poeta verdadero. Miente como todo poeta y viaja de vez en cuando como todos. Pero a veces este poeta hace que la ciudad de Jocotenango recuerde a otros celebres habitantes, inquilinos, hijos de esta tierra, Rafael Romero y a Ricardo Arjona, perdonen uno y otro que los ponga a la par. Fernando Moreira es de quien les hablo.



San Juan del Obispo

Además de ser la Itaca de Luis de Lión, San Juan del Obispo es pura materia. Sus portales, sus calles y sus balcones guardan una historia que me contaron. Quítese usted el sombrero de adulto y póngase el gorro de niño y vera que las cosas son tan simples que a veces dan ganas de reírse hasta de lo más triste. Ponga usted a dos enamorados, supongamos que se casan y se van a vivir juntos. Supongamos que a los tres años, uno de los dos encuentra otro amor. Pero hablamos, según dicen, de un amor verdadero dentro de otro amor verdadero, en síntesis, el hombre tiene a dos mujeres viviendo en el mismo pueblo. Imaginemos que la primera ni se entera porque el sigue fiel a todos sus caprichos de alcoba y además se preocupa sin medida de sus dos hijos. Supongamos pues, que todo marcha bien en los dos hogares, hasta que una vecina, ya sabe usted eso de que pueblo chico, pero la vecina solo cuenta lo que ve, usted sabe. Hasta que el hombre es confrontado. Siente que se le junta la tierra con el cielo. No haya qué hacer. La segunda mujer empieza a extrañarlo y la primera a despreciarlo, hasta que, usted ya sabe. El hombre se desespera porque se da cuenta que no quiere a ninguna, las ama a las dos y eso es una agonía. Así que deja un papel con instrucciones. Nadie nunca supo si parte de su poca herencia o algo más intrigante. En un completo desvarío, va a un hotel de la antigua, al hotel el refugio y después de pensarlo mucho acompañado de una botella, se quita la vida. Eso cuentan en San Juan el Obispo, pero nadie dice nada recio. La carta fue encontrada por las dos mujeres en la cama y destrozada a cuatro manos.

Lester Oliveros
Antigua Guatemala,
Café No Sé, Abril 2011

martes, 26 de abril de 2011

SE BUSCA

A Joaquín Sabina,
que me ha dicho que esto, lo que me pasa,
tan sólo es parte del glamour.

Se busca mujer que quiera ser inmortal. Solicito que sea de cualquier color Pantone, de cualquier medida, de preferencia, eso sí, que le guste dormir en una cama imperial. Sugiero que sea voluptuosa de esos lugares a los que Botero, con todo respeto, les pone más brochazos y pintura. Que le guste el vino, un buen cigarro por la tarde de un viernes en alguna azotea. Se requiere que sea experta en escuchar y que sepa los salmos de memoria, para que entienda el porque del silencio. A mi particularmente me gustan coquetas, peligrosas y creativas. Que rompan los moldes. Con alguna patología y que sea evidente. Con gusto por las caminatas largas y las bragas pequeñas. Que oiga un poco de Jazz, pero que se abstenga de hablar de Rayuela. Que le gusten los cuadros y desprecie los libros de superación, pero sólo en mi presencia. Que me diga te quiero y haga cosas sin que me de cuenta, yo, o dios mismo. Que tenga voluntad y no se deje llevar por los periódicos, no es demás decir que yo no miro televisión, ya que apenas me siento, empiezo a pensar. Que tenga un excelso gusto por las fuentes, y si es mucho pedir, que le guste bañarse en ellas por la noche después de la juerga. Que mire de reojo y que oiga de repente. Que me mire, por cierto, con ganas de pegarme un tiro, pero que se arrepienta al besarme. Que me hable al oído y me diga cosas secretas, sobre todo para ambos. Que no le gusten las muchas amistades. Que sepa que los libros sirven de almohada y los buenos cuadros: de espejos. Que se bañe pronto y conmigo se tarde todo lo que quiera. Que me diga machista cada vez que le regale una rosa. Que me limpie los pies con su cabello y me llame salvador. Luego que vaya al patio y sueñe con ser una magdalena después de que se apague la última luz de casa. Que se llame como quiera cuando quiera. Que se vaya pronto y que por favor no me escriba cartas largas para que yo imagine publicadas. Que me haga sentir culpable a oscuras cuando no le de el beso de buenas noches. Que luzca bella ante cualquiera pero divina sólo para mí. Que baile poco pero que sepa bailar a solas y conmigo. Que me mire llorar y reír, como cuando se contempla a un muerto y, me deje hablar de todas y luego reírnos de todas y ninguna. Que olvidemos jugando y juguemos viviendo. Que hagamos poemas breves y nos guste tirarlos desde casa como avioncitos de papel. Que vaya mucho al parque, pero a misa sólo de vez en cuando. Que se llame puta y me diga mentiras. Que me sepa de memoria y no se le olviden mis peores defectos, pero sobre todo, que no me los diga sin un abrazo. Que me recuerde lavarme los dientes y ponerme la camisa correcta, pero que me deje escribir como yo quiera y, ser como yo quiera cuando quiera. Que no me llegue a sacar de una galería, ni se caiga en alguna esquina por cuidarme los pasos. Que no me tire mi droga favorita. Que me consienta llegar tarde. Pero no me grite de pronto. Que me diga todo esto después de hacerme el amor o antes. Que me haga jurar por lo más bello y loco, antes de acostarse conmigo. Que me cambie a fuerza de abrazos o mordidas muy suaves. Que me ruegue hasta al fondo y no me lo saque nunca en cara. Que no se canse de ser amable. Que se vaya, si quiere irse, pero que no me haga sentir culpable. Que me quiera tener enjaulado pero en una jaula sin llave. Que oiga siempre su corazón y me haga oír el mío. Que nos vayamos un día a un lugar cada uno y no volvamos nunca. Que se despida siempre con una palabra repetida en mi boca, muchas veces. Que no me regale libros. Que no me pida explicaciones obvias. Que sea pura como para llorar de sed y perdida como para encontrarme pronto. Que sea una fiesta y tenga los ojos tan abiertos que yo pueda soñar en ellos el final de este texto.
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lunes, 25 de abril de 2011

BREVISIMA ANTOLOGiA CON FALTAS ORTOGRaFICAS Y MoRALES





Algunas palabras me han construido por dentro: remolino de viento te he dicho a veces que el agua es mansa cuando mi cuerpo posee.

Guatemala 25 de abril/2:00pm.

sábado, 16 de abril de 2011

ALGUNOS PROYECTOS IN PROGRESS

Bueno, retomando las plurales obligaciones oníricas: no he tenido ningún sueño extraño en Ciudad Vieja. Al contrario, he dormido bien. Vivo en una casa amplia de dos corredores y un sitio de tierra donde hay algunos arboles de jocote. En una de sus alas tienen un cuarto de lámina donde el niño más pequeño cuida a una coneja blanca, que he dado en llamar Alicia y esto siempre causa la risa de la señora y sus hijos.


Están muy contentos porque llevé, no sin antes consultarlo con todos los de la casa, a Dixie mi perra Cocker que tiene una simbiosis de dragón y ser humano como la describí en algún otro texto. El ambiente de este sábado es hermoso. Puedo subir a la terraza y fumarme un cigarrillo admirando al volcán de Agua. Imponente y vulnerable. Una señora, con la que conversábamos en la camioneta, me comentó que ahora asaltan a casi todos los que suben. Me preocupé de inmediato, un poco más por los incautos ladrones. Cualquiera que sepa acechar los mataría sin que se dieran cuenta.

Hoy llega otro de mis cuadros donde aparece un borracho azul tirado en el suelo y sobre su cabeza la ciudad naranja, es un cuadro del pintor Edgar Andaverde. Lo trae Maren Kraushaar desde la capital en un pic up azul que los voluntarios dan en llamar the blue monster. He recibido un mensaje de Maren de último momento, cuando ya había perdido las esperanzas de verlo por acá “Hola Lester. Al final esperé a tu amigo, te llevo el cuadro”, los niños se rieron al verme saltando. Ya había pasado un tiempo desde que había visto ese cuadro en la ENAP para la exposición de Edgar. Le dije, con ese estilo profético que me caracteriza en cuanto no me tomo muy en serio “Ese cuadro me gusta, te lo voy a comprar”. Luego de tres meses, más o menos, el cuadro esta acá en casa. Es una maravilla, es como una revelación galáctica. Un cuadro es como un buen vino su aroma va tomando carácter y sus matices frutales van madurando. Era Gertrude Stein quien en casa tenía, en una pequeña pero muy ostentosa sala, a todos los pintores valiosos de su época, con algunos pintores y grabadores chinos. Pero tomar una copa ahí, como lo recuerda Hemingway en Paris era una Fiesta, era una experiencia de aprendizaje multi-dérmico y mega-sensorial.

Por otro lado estoy dando clases de francés los domingos en la casa donde vivo a los niños que quieran aprender. Tengo 4 alumnos. Las imparto por la tarde, de 3:00 a 5:00pm.

Entre mis proyectos en ciudad vieja también voy a presentar una película guatemalteca cada mes en la biblioteca de la Escuela Nuestro Futuro. La primera película esta programada para el sábado 14 de mayo. Empezaré presentando El Silencio de Neto, por recomendación de Luis Morales, al ver que estamos en las faldas del volcán. Luego coordinamos con Julio Hernández Cordón la presentación de las Marimbas del Infierno para Junio. Esto es parte de un plan a largo plazo para formar lideres jóvenes en la comunidad. Otro de los proyectos esta en conjunto con una comunicadora de Prodesa que realizará un taller sobre liderazgo juvenil.

Por otro lado más volátil cambiaré de nahual, de kan a SpitFire.
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viernes, 15 de abril de 2011

Los patos aplastados


Los patos aplastados
En la parte trasera de la oscura tienda china
         en la jaula de madera de los patos
         con polvo de paja por el suelo, arroz
         donde se apoyan los sacos de arroz,
         más allá de la caja de los pollos

Todos los patos mueren
         Lo mismo que los pollos-anguilas
         —cuellos de pollos doblados
         sobre barriles y cortan rebanadas de Samsara
         el mundo del sufrimiento eterno con hojas
         de plata tan finas como el hielo de Pekín

Tan gruesa & penetrable como la Muralla China
         la oscuridad de arroz de esa tienda, judías,
         té, cajas de pescado seco, soja,
         algas secas, monedas de a ocho,
         todo el globo por el suelo

Y las luces de la sonora Washington St.
         Tilín, mortecinas, pipas de opio y gongs de guerra,
         Tong, el arroz y el juego de naipes-y
         Tibet el tibet el tin tin tin tin
         la comida china se hace en la cocina
         Jazz

Los patos aplastados en la oscuridad, miedo blanco,
         mis ojos que reflejan esa licuefacción
         ¿y es que no entiendo el miedo de Buda?
         ¿el miedo del que despierta? Así que os prevengo
         acerca de la medianoche de la medianoche

Y cuéntales a todos los niños el hermoso
         relato mágico, locura múltiple, maya.
         árboles mágicos y tristezas de 
         la niña, y la más pequeña de todos los 
         hermanos en el pesebre hecho de tiza
         (azul en la luna)
Para los patos.
 
 
Jack Kerouac

martes, 12 de abril de 2011

DOS AROS ROTOS/ CONJURO 12



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Al fondo del fuego,
labios y brasas y
después de todas las brasas
la ceniza.


Repite mi nombre en las llamas doradas de lúpulo
y cereza.
Se queman los brazos y las piernas arden risas

Repite ese nombre mío perdido en la boca del cuerpo.
Y queda entre el fuego la palabra
Y luego salta de mí a la ceniza hablando.

Repite mi nombre en el agua hirviendo de la sangre.
Y siempre que bailo mis manos ante el viento arde el
siempre y el jamás.


Repite mi nombre a la hora de la hora.
A veces el fuego es silencioso entre dos amantes
Hasta que llega el viento y hace torcer las llamas.


Repite sin pensar sin dejar de sentir algo por el otro.
Luna de soles carniceros
déjame fuera para poder quemarme.

Repite una y otra vez tu nombre mío frente al que duerme inocente.
Un latido y dos cigarros y los aros duelos sin círculo.

Repite nada más lo que quieres olvidar para siempre de frente.
No hay regreso de las llamas que sanan ardiendo, tronando, jugando.


Repite hasta ahora la única palabra que no sabes entre el fuego.
Viajé: al hubiera se llega soñando.
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martes, 5 de abril de 2011

ALGO QUE SE PUBLICO EN UN BOLETIN DE ONG NINOS DE GUATEMALA

Lester Oliveros is Guatemalan. He is 34 years old and is studying Arts and Letters. He has also published a book. He told us that his love for the literature started when he was only 10 years old, when he read in his grandmother’s small library at home.

Lester noticed the urgent need of a school and a community library when he first visited Ciudad Vieja and was very interested in NDG’s projects from when he learned of the organization through the website and his first interviews. He describes this experience as one that “exceeded his expectations.”

“What I really like is that I am able to work with the children. The way I become a connection between the children and the teachers, between the story and the ones listening to it, between the spectator and a play” Lester said.

Lester’s goals in his new job are to reorganize the library, amplify its services, strengthen the computer classes and improve the workshops, among others. He also has great ideas for future projects. “These goals will support NDG in its educational goals and will help to develop the children’s creativity as well” Lester told us.

We would like to welcome Lester Oliveros and wish him the best in his new position.




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