viernes, 26 de febrero de 2010

ESTUARDO GRAMAJO TATO /MAS ALLA DEL MAR DE NUBES





El alpinista es quién conduce su cuerpo allá dónde un día sus ojos lo soñaron.
Gaston Rébuffat


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A uno de mis tíos siempre le dio curiosidad ese tipo que a medio día andaba vestido con un jaquet de militar que le llegaba a los tobillos, el pelo revuelto y una cuadrilla de bohemios románticos salvajes. “Ese tipo esta loco, viene gritando desde la esquina”, decía una de mis tias que acababa de llegar de los Estados Unidos. Era Estuardo Gramajo, mejor conocido como Tato. Yo recuerdo cuando se pasaron a vivir a la casa de color verde aqua, en la 35 avenida. Yo estaba en el primer año del Adolfo V. Hall. Poco después, gracias al cielo, el sueño de mi papá se vino abajo, nunca pudo pagarme el instituto, y me quedé a la deriva a medio año. No sé si el Tato me invitó o si me invitó un amigo, lo cierto es que llegué un sábado a la escuela Estados Unidos a ver en que consistía ese royo Scout. Tato era el Jefe de Tropa. Paré en la patrulla Halcones, que lideraba una canchita de ojos claros. Luego supe que se llama Roxana. Era el único hombre en una patrulla de unas cinco o seis mujeres. Luego también me daría cuenta que Roxana sufría de desmayos, creo, producidos por la insolación. Aunque nunca fue tan grave, recuerdo que en algunas ocasiones tenía que hacerme cargo del banderín. Fue así como terminé haciendo mi propia patrulla: la Toros. Banderín rojo con un toro tipo los Bulls de Chicago.
El bueno del Tato sabía que yo había estado en el Hall. Así que para mí el trato fue diferente desde el primer día. Divertido. Los juegos Scout son juegos donde se pone de manifiesto la astucia y se vencen los miedos. Yo era tan malo en los juegos de fuerza o habilidad que me dio en llamar, simplemente: el araña. ¡Vaya apodo! Tenía un árbol. In my Tree, como la canción de Pearl Jam, que no lograba subir nunca. Era literalmente un tormento para mi aquello. El día que lo logré subir, el Estuardo hasta me tomó una foto.

Era un líder bastante intuitivo. A veces, hasta rozaba con la intuición zodiacal que sólo les es dada a ciertas mujeres. No había juego que no fuera probado antes por él. Ahí le perdí el miedo a la muerte, conocí lo que se siente cuando a uno se le parte a la mitad un diente, y supe lo intolerable que es pasar dos noche sin dormir en el campo.


También, ahí conocí a Francisco Soto, Luis Morales, Carlos, Hellen, el Minchito; en fin, una fila de cuates que nos poníamos a prueba todos los sabados en esos tugurios de la zona 16, la Laguna Verde, y el bosque de Cayalá. Me han contado que todo eso ya fue arrasado.
Una noche acompañé a una gran amiga a la casa de unos sus amigos de alguna familia pudiente La casa tenía unos acabados finísimos y una vista maravillosa. Al salir leí “Altos de Cayalá”. Me asusté y me dio nostalgia al mismo tiempo. Estaba en una casa construida en el mismo bosque donde yo jugaba a ser libre.
Pero esta nota es sobre Estuardo Gramajo, quien acaba de subir el Aconcagua el pico más alto de América y del mundo, afuera de Asia. Debió ser una noticia en Guatemala. No he visto los reportes. Lo cierto es que es mi amigo es un gran tipo que su única pasión es llegar arriba, más arriba del mar de nubes.



Pueden visitar su blog aca.

lunes, 22 de febrero de 2010

MALADES IMAGINAIRES


Dentro de la tierra, raíces muertas y vivas van creciendo ciegamente. Dentro de lo oscuro de la tierra: entraña de abismos, surgen huesos y calaveras blancas. Insectos en multitud van blanqueándolos. Dentro de los huesos sin alma sin vestigio de nombre o forma, se teje el misterio de cada grano de polvo. Al aire las almas suspiran, corren, vagan revelándose en la expansión celeste de los cielos y el mundo. Mi respiración exhala cadáveres y espíritus, almas y sombras trémulas. Las amorfas formas de la realidad son simulacros terrestres. Las almas palpan cuerpos vivos sin sentir su tibieza. Los rostros de doncellas vírgenes se apertrechan en los cuartos oscuros oyendo el rechinar de muebles. Las transpiraciones de los amantes enloquecen a los muertos. Las doncellas celestiales observan sin pudores el ardor de las caricias; los amantes se presienten solos, plenamente desnudos y solos en la oscuridad universal. Sus olores tibios agitan los cuerpos efímeros de las doncellas muertas. Se dicen palabras de amor y deseo en un intrincado lenguaje ininteligible, sin razón se buscan entre el laberinto de sus propias manos y bocas. Besan piel y aire, besan cuerpos celestes y terrenales en un ahogo infinito hasta las bastas regiones del ensueño. Dentro de los cuerpos corre sangre y vino. Multitudes de pensamientos buscando su espacio, removiendo sentimientos. Cargan con las penas y con los amores, con la vida y con la muerte que opera lentamente. En plena oscuridad se vierten licores y corren hieles. Se desea en las noches como en los días, se sienten dolores y sensaciones cercanas de una forma insufrible. Se vive sintiendo el paso del tiempo en los días rápidos. Ya es de noche/ ya es de día. Corren los torrentes de agua más allá de las montañas, mientras el hombre suda su trabajo, anhela y pierde la razón de la vida. Se corren noticias de carros bomba, mientras se oye al mismo tiempo de las mansiones en Malibu, suntuosas hasta el hastió. Se ven rostros empolvados en Afganistán y luego se oye de unos muertos en un bus urbano en Madrid. Se cambia de canal y aparece el cuerpo de una joven mostrando la colección de verano Dolce&Gabanna. Diamantes y perlas van en los cuerpos delgados y pálidos. Bronceados desnudos de mujeres brasileñas o irlandesas, bellas y dulces mujeres modelando metales y telas escogidas. Cabellos rubios y largos, rostros de nereidas y cuerpos igualmente mitológicos. El oro brilla y la plata reluce, hay esplendor más abajo del mundo, bajo la tierra preñada de luz, abajo de las raíces y calaveras, donde todo arde sin prisa, donde hay un horno inconcebible donde arde todo a fuego lento.
2003
*Pintura de Antoni Tápies

miércoles, 17 de febrero de 2010

CIELOS FALSOS (II)


En realidad me sentía en ambiente. Nunca me había sentido tan en ambiente en un lugar que ni conocía. Si, era el mas joven. Uno de los que se levantó a contar su testimonio me dijo que se acordaba del día que había llegado por primera vez. Me dijo (porque en realidad me hablan directamente), que había llegado borracho y con cinco centavos en la bolsa del pantalón. Otro que subió me dijo que había llegado con una cruda tan maldita que se había marchado a la media hora. Otro, caminó lentamente, mientras sus amigos le aplaudían animándolo a dar su mejor testimonio. Sentí como que los más viejos se ofendían que alguien tan joven llegara a alcohólicos anónimos. Pero uno de los mayores también dijo que ahí no están suplicándole a nadie que se quede. Era el más desgarbado. Empezó a contar sobre algunos de sus compañeros que dejaban de chupar una semana, y la otra semana se la colocaban. Una semana se curaban y la otra seguían. Así vivían hasta que se morían. “Si, es que esto del chupe sólo tiene dos caminos: la locura o la muerte; no hay de otra, a mi me gustaría… pero en serio te lo digo..., y mira, alegrar, contentar a un alcohólico es fácil, pero ojalá sólo un traguito se tomara… si yo, pero de veras…, si pudiera ponerme una gran soca por un mes y el otro mes para curarme, unas tres veces por año, y que en el trabajo me dieran permiso, yo lo hacia, no hubiera tenido necesidad de venir aquí”, me dijo, riéndose. “Ahora, si vos tenes una manera, de tomarte un trago y convivir sanamente y regresar a tu casa y llegar al trabajo contento, sano y con voluntad, ándate y luego nos venís a contar de tu triunfo…, pero de veras, te lo digo, honestamente seria muy difícil que te creyéramos”, me dijo, riéndose más fuerte que antes. Alguien pasó con un canastito pidiendo una colaboración y entonces fue cuando pensé que me había hecho una idea demasiado grandiosa de un centro como aquel. Al fin y al cabo sólo era una iglesia sin santos.

Al final de la cesión oraron un padre nuestro. Me despedí de los que me parecieron buenos cuentistas. Uno de tantos, el mas mal hablado y franco, me dijo riendo sinceramente:
-Ya no vengas si queres, por lo menos nos hiciste recordar a todos la primera vez que entramos por esa puerta.

martes, 16 de febrero de 2010

CIELOS FALSOS (I)

Ayer entré por fin a un grupo de Alcohólicos Anónimos. Tantos chistes que había escuchado sobre eso. La cortina era de color verde. Metí la cabeza y pregunté si podía pasar. Fue un momento interesante porque se me quedaron viendo por un instante que pudo volverse eterno. Una de las señoras que estaba sentada en medio de todos me invitó a pasar. Luego otro señor se volteó y me saludó amablemente. Un señor, como de sesenta años, compartía sus experiencias desde un estrado donde estaban grabadas en letras brillantes las dos A. El hombre relataba, pausadamente, su experiencia con el alcoholismo. Era canoso y moreno. Al terminar, un hombre, quizás el más distinguido de todos, dio lectura a la tercera tradición. “Si hay alguien entre nosotros que tenga problemas con el alcohol, póngase de pie o simplemente levante la mano”, dijo. A mi no me costo trabajo levantar la mano. Todos aplaudieron y el turno de hablar le tocó precisamente a la mujer mayor que me saludará al principio. Era bajita. Me dio la bienvenida y se extendió describiendo la felicidad que sentía ahora que ya no bebía. Pero me pareció bastante afectada por la melancolía. Le di las gracias en voz alta por la bienvenida. El hombre que estaba sentado en el escritorio al fondo anotaba algo en un papel. Pudo ser mi nombre en algún orden alfabético. Luego subió un joven de playera blanca. Mal hablado, pero franco. Me sirvieron café. Una joven morena paso con un canastito de pan. Luego me di cuenta que todos eran mal hablados pero absolutamente sinceros. Uno de todos era retórico. Habló de las infinitas posibilidades con las que un alcohólico se excusa ante el mundo. Dijo que yo era muy joven y no podía precisar si fuera alcohólico o no. Otro que paso era un orador nato. Y tenía una cualidad especial: sabía hacer reír a la gente. “Al alcohólico no le gusta ni mierda, que los patojos como gritan, que la mujer no los cuida, puta, pero en la cantina, risa y risa”. Decía todo esto con el mayor de los descaros, dándome la bienvenida a cada rato y mirándome con un desdén interesante, mientras hablaba de su mal caracter y de los sintomas cotidianos del borracho. Habló, al final de su grandioso discurso, de sus borracheras de meses, que había pedido dinero en la calle aprendiendo a temblar para despertar la compasión de las señoras que iban al mercado, habló de que dormía en carros abandonados y despertaba a plena calle, todo esto, desde que le dijo a su mujer, una tarde, que iba por cigarros.

Precius, Depeche Mode.


viernes, 12 de febrero de 2010

CARRERA ESPACIAL Y CUENTA REGRESIVA: CATAFIXIA (intercambio de doble-via)


CARRERA ESPACIAL Y
CUENTA REGRESIVA: CATAFIXIA
(Intercambio de doble vía)



En Guatemala, como había de esperarse en el dos mil diez, se han empeñado a mandar un grupo de personas al espacio, entre ellos están puros poetas. Los conductores- astronautas de esta travesía (o travesura), hacia el espacio son Luis Méndez Salinas y Carmen Lucia Alvarado. Era sólo cuestión de tiempo para que despegara la nave en los cielos americanos y dejara tras de sí un celeste y blanco surco de posibilidades poéticas. Así que abróchense los cinturones, protéjanse los ojos porque la cuenta regresiva a empezado ya. La nave se llama: CATAFIXIA. Es una plataforma multi-despegue que perderá en el espacio literario a cuatro poetas cada mes. Por ahora, dos nacionales: Wingston González y Gabriel Woltke y a dos poetas uruguayos: Alex Piperno y Olga Leiva, quienes están cruzando los dedos en la estación de despegue. Los invitamos a presenciar el conteo final el día 18 de Febrero en el Gran Hotel a las 19:00 horas. Mientras tanto los dejo con unas preguntitas al creador de esta interesante propuesta extraterrestre Luis Méndez Salinas:

1) ¿Cómo se te ocurrió el asunto de la Editorial?

LMS: En octubre del año pasado fui a un festival de poesía en el D.F., y como parte de este rollo se planteó una asamblea general (así con ese término tan sospechoso) para tratar de establecer estrategias (políticas, no literarias) para crear redes de escritores latinoamericanos. Desde el principio me pareció claro que lo que la mara busca no es trabajar por difundir literatura, por cambiar paradigmas cansados en el continente, sino que pretende encontrar espacios cómodos para gestionarse a sí mismos, ni siquiera a su obra. Ahí es donde empieza todo el asunto: traje una idea muy burda de crear un mecanismo que permitiera agilizar el intercambio de poéticas en el continente, fuera de ese discurso mamón y ONeGero que predomina en estas “iniciativas culturales”.

Al regresar, empezamos a trabajar duro en el proyecto junto con Carmen. Así se fue gestando, fue tomando su forma. Pronto empezamos a contactar más gente (Alejandro Marré y Martín Díaz) y así fluyeron las ideas y las colaboraciones. Entonces, llegamos a donde estamos ahora: montamos una alternativa cultural independiente sin fines de lucro que dinamite el adormecido ámbito editorial guatemalteco mediante la publicación de lo más significativo de las escrituras actuales en el continente. Como ya sabés, el proyecto inicial implica la publicación de cuatro títulos mensuales: dos guatemaltecos, dos de otro país. Así, al final del año tendremos 48 obras de trece países distintos. Un panorama de lo que pasa hoy en la poesía latinoamericana.


2) ¿Qué esperas de CATAFIXIA?

LMS:…jajaja, ¿pues qué? Para este año no tenemos tantas expectativas como ganas. Tanto chance no lo deja fantasear tranquilo a uno. Lo que sí sabemos es que el proyecto no se quedará como inicialmente lo planteamos. En un principio pensamos en hacer las 48 publicaciones de este 2010 y ahí nomás. Ahora ya tenemos planes para seguir publicando y diversificando el asunto, hay otras colecciones en puerta y un par de proyectos paralelos que funcionarán como un todo coherente. Si de esperar se trata, “esperamos” dejar un testimonio concreto, palpable, leíble, de lo que se escribe hoy aquí, queremos que esas grandes obras de autores extranjeros que tienen nuestra edad y sufren nuestras mismas penas lleguen a nuestros estantes sin que sea necesario salir y buscar (aunque no encontremos) sus trabajos y, de paso, mostrar en el resto del continente lo que hacemos los chapines. Intercambio de doble vía pues, eso esperamos.

3) ¿Quiénes son los primeros publicados?

LMS: Los primeros cuatro conjurados son Wingston González y Gabriel Woltke, por Guatemala, y Alex Piperno y Olga Leiva, por Uruguay. Ya tenemos una nómina fantástica de gente que va a catafixiarnos sus trabajos, tanto dentro como fuera de Guate. Poco a poco se irán anunciando los confirmados.

4) ¿Cómo han recibido la respuesta del público?

LMS: Fantástica vos, uno cree que los proyectos de este tipo no tendrán ningún eco, pero la cuestión es otra. En realidad, Catafixia no ha empezado oficialmente. La presentación del proyecto y de los primeros libros será el 18 de febrero, y aún así tenemos casi 250 miembros en el facebook, casi 100 lecturas del PDF que posteamos ayer en el blog en menos de 20 horas, en fin, mucha gente se ha enterado del asunto por puros medios electrónicos. Asumo que esto crecerá poquito a poco, pero crecerá. Gente hermosa de un montón de países se ha sumado a la causa, ahora lo que nos falta es encontrar el número mágico de 150 lectores que se suscriban a la editorial mandándonos un mail (catafixia.editorial@gmail.com), para que el proyecto se sostenga solito. La cuestión es que los libros se venderán juntos: cuatro libros por ochenta pesos, o sea, a veinte pesos cada uno. Si movemos esa cantidad de libros autofinanciamos la siguiente tirada, y así.

5) ¿Cuál es la mecánica de selección y publicación?

LMS: Hasta ahora hemos estado tirando invitaciones individuales. Como te contaba, más o menos tenemos una listita muy preliminar de los nenes, tanto dentro como fuera de Guate, aunque igual estamos recibiendo trabajos de la mara y pues si pasan los criterios editoriales les catafixiamos su libro. El espacio para este proyecto (durante 2010) es muy limitado: 24 autores nacionales y 24 extranjeros, así que estamos tratando de hacer la mejor selección. En realidad no dictamos líneas temáticas, políticas, literarias, raciales, sexuales, homosexuales, ni nada. Si nos llega a las manos algo que nos mueva y nos conmueva, ¿por qué no?


...12, 11, 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1, 0...................................

Lester Oliveros R.
11/02/10

miércoles, 10 de febrero de 2010

GENESIS DE LOS POETAS

Es el principio de la perfección en todo el mundo. Su poder es infinito cuando se ha transformado en tierra.
Alquimista Arabe.


Los poetas, somos santos corrompidos.
Estuvimos en el paraíso, jugábamos con la luz de soles invisibles y renacíamos al despertar de cielos más tersos. No podíamos encontrar la oscuridad ni al cerrar los ojos. Todo era claro allá en el paraíso, tan puro, y nuestros cantos eran dulces alabanzas, suaves silbidos que se volvían cabellos de corceles transparentes. Galopaban sin amarras, desterrados, llevando nuestra voz resplandeciente a otras latitudes, a tierras ignoradas, a pueblos silenciosos donde el silbo era presagio. Cuando nacieron los árboles, cuando crecieron los frutos, creció la llama y el veneno en el centro de la pulpa. Éramos todos iguales, éramos todos iguales, ninguno conocía del otro más que su voz y su lenguaje. Todos poetas, todos hermanos, todos de la misma tierra cantábamos sus secretos, ignorantes del oscuro matiz de los pecados. Pero llegaron con los frutos las estaciones infinitas, y entre ellas una boa enrollada en las raíces. ¡Boa-culebra, boa-culebra! Cantaban ya los pueblos. Mientras los poetas miraban sus inocentes ojos cristalinos, la serpiente repetía la canción en otra lengua. La mujer paseaba su cuerpo desnudo, pechos al viento, rojos pezones, pies dibujados con todos los pinceles de los cielos, dios femenino mitad luz mitad tinieblas. Ojos oscuros, oscuros como noches sin pan, como tiniebla sin faro, mujer, animal extraviado ¡hasta donde conocimos la miseria!, no fue la boa ni la fruta, fue el calor de sus muslos, el olor de sus pechos, el sabor de su lengua, el fuego de su sexo, el silencio sin dioses, eso fue la mujer, la babel de los hombres, confusión y delirio, lamento, gozo. Todos éramos poetas, todos hermanos, todos hechos de la misma tierra, hasta que una mujer junto con sus manos la penumbra y fue serpiente, fruta y Dios expulsado. Si, éramos como dioses, sabiendo el bien y el mal. Los milagros de antes, ahora son herejías; condenados todos a la oscuridad en los siglos de siglos, por la belleza inhumana de una virgen.

sábado, 6 de febrero de 2010

LEYENDO EL CIGARRO


Nada es veneno, todo es veneno: la diferencia está en la dosis.
Paraselso


Provengo de una familia que amaba las supersticiones sobre cualquier ciencia. La ciencia era la superstición. La interpretación de sueños que hacía mi abuela y mi madre resultaban ser mejor que los pronósticos climáticos de la TV. Las cucharas y tenedores, en fin, todos los objetos de la mesa y de la casa estaban a merced del milagro de las predicciones. Incluso el sol y las nubes, el color del cielo, el ritmo del silencio por las tardes de verano. Mi abuela creía en el poder del agua y del fuego, en el sintoma de las tormentas en los corazones de los solitarios. Mi madre en el poder de las velas y el amor, en los eclipses infantiles a las seis de la tarde. Una de mis tías sabía más de cartas y de puros que de telenovelas y había una vecina que estaba completamente tomada por los espíritus de los desaparecidos tras la dictadura. Era médium aunque algunos juraban que era comunista. Los espíritus lo rondaban todo de noche y de día. Inquilinos que salían huyendo hablando de aparecidos sentados a los pies de su cama. Mi madre que miraba sombras negras cruzarse los pasillos a pleno día. Y una de mis hermanas miraba duendecitos parados en el baño, muy quietos, velando las gotas furtivas que caían de la regadera a las diez de la noche. Pero la hora crucial eran las doce. A las doce en punto de la noche salían las celebridades de la pasarela nocturna. El Cadejo negro y blanco. El Sombrerón y la Llorona, la Siguanaba, y, a la que más temía mi madre, la famosa Lechuza. Su grito, era quimérico, entre el llanto de un niño, el maullido feroz de una gata en brama y la solida sordidez de un pájaro del otro mundo. Se roba el alma de los niños, según dicen.
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Planeador-Soda Estereo

jueves, 4 de febrero de 2010

PEQUEÑO POEMA PARA MARIA FERNANDA (3 MESES DE NACIDA)


A mi sobrina, una piedrita en la playa.


María, tus ojos son como flores cósmicas, diminutas y celestes. Me miro en ellas. Te veo sonreír desde un bing bang de tres o cuatro meses de vida. Se me cae algo de adentro como un pesar de siglos. Te sigo viendo y vuelves a reír, algo me dice que me conoce de niño.




De niño también lloraba, corrían mi madre y mi abuela por mí desde las pesadillas del sueño. Desde la almohada de lo invisible a prepar el alivio con hiervas y canciones. A las dos de la mañana jugando a ser madres. A las tres de la mañana oyendo el llanto de uno. Pañales de lágrimas que ahora son risa. Miradas sagradas desde la inocencia y la experiencia de la tristeza y el milagro del pan y el agua. A la madrugada el respiro asombroso de la oscuridad sin nadie. Las sábanas tibias donde se arrulla el mundo, un universo limpio como una hoja de papel sin letras.

Fernandita, yo sé por qué tu risa, la vida la entiendes mejor ahora que lo sabes todo, y no podes decirlo.

martes, 2 de febrero de 2010

TODO POR MAGNOLIA


Perfumes of embraces all him assailed.
With hungered flesh obscurely he mutely craved to adore.
Ulises, James Joyce
Hemos ido acumulando corazones en nuestro corazón...

Odio los espejos. Verme en ellos reflejado me disgustaba tanto que de niño los quebraba a escondidas. Al crecer intenté reconciliarme con ellos, pero en lo profundo conspiraba en su contra y los imaginaba quebrados. Mi diario esta lleno de metáforas que aparentan ser bellas y en realidad esconden mi rencor hacia sus reflejos. Con el tiempo había aprendido a percibir a quienes los adoraban, y me alejaba de ellos como si estuvieran enfermos de algo contagioso. Pero ya había logrado dominar ese horror de verlos en todos lados repitiendo mis gestos como fieles actores al papel que representan. Hasta que una tarde en un café de la Antigua Guatemala, frente a un inocente lavamanos, levante el rostro y vi aquel enorme espejo con marco de madera. Estaba solo en aquella habitación de un artificial estilo colonial que el espejo replicaba ante mí. En un parpadeo sentí el eterno transcurrir del tiempo; sentí que todo lo que sabía era aparente, y me era arrebatado. Vi mis ojos arrogantes interrogando mi imagen, vi mi cabello corto, negro, como cuando tenía diez años y me vestían de traje para enviarme a la iglesia, vi la mirada que los años me habían vuelto desconfiada. Me fije en los detalles, vi mi camisa blanca, el viejo cinturón de cuero que me compre en un mercado, la cadena de plata que con tanto amor me obsequiara Magnolia, los botones azules de la camisa, mis manos morenas sobre el lavamanos, sosteniendo mi cuerpo delgado. ¿Soy ese? (Mi rostro es de adobe, mezcla de barro y paja, mis ojos van a ser el batir pasajero de un ave, o una luz quebrantando un portón cerrado; tengo en mi rostro la luz y la sombra, el sol escondido en una tarde lluviosa, las ruinas cayendo, cayendo aún más en el tiempo y su transcurrir silencioso, las calles empedradas, las paredes multicolores resquebrajadas, las ventanas cerradas desde el derrumbe del amor, las puertas de madera, los leones esculpidos, las sirenas forjadas por leyendas sencillas; las plazas, los parques y sus gentes bajo la lluvia). Veo en mi cara el rostro roto de mis padres, roto como una fotografía. Intuyo que no soy yo el que habla. Soy el que piensa, pienso. Hay en todo esto un dejo de engaño, una sensación burlona de no ser yo del todo. Saco del bolsillo del pantalón una libreta y un lápiz; trato de hacer algo con ellos, quizás dibuje o escriba. Intento dibujar mi expresión. Me sorprende que no pueda simplemente irme, dejar de pensar, jalar el pasador y salir a tomar mi café a la par de Magnolia. Pero lo que me detiene es lo que siento muy dentro y me confronta frente a mi imagen. ¿Este soy yo? Me veo y toco el espejo hablando con migo mismo sintiendo que alguien más me va a ver, oír, o detener. ¿Estaré enloqueciendo? Veo como mi boca se abre y salen las palabras. Siento que debería salir ya. Mi mano dibuja algo que no veo. Oigo que algo se rompe como cuando se rompe un cristal. De pronto pienso que Magnolia debe estar viendo el lindo jardín, los cuadros de las calles, imaginando que yo me la imagino. ¿Este soy? Tan serio, tan triste, lleno de defectos al hablar. Me di la vuelta. Vi las lunas y soles de barro. El paredón oliendo a humedad.
– ¡Joven, le pasa algo!- preguntó la mesera desde afuera.
– Ahora salgo- respondí.
No había oído los golpes en la puerta. Mire mi imagen y reconocí que aún me faltaba crecer. ¿Que hombres habrán inventado este diabólico utensilio? ¿En que época? Pensé en escribir sobre eso. ¿Pensé? Me imagine escribiendo, tratando de ser verídico, tratando de ser justo con las palabras. Me imagine investigando los orígenes del espejo; y tratando de deshacerme de su imagen salí del baño. La mesera esperaba con un gesto de disgusto, sostenía un trapeador y un cepillo.
– Disculpe –le dije.
– No quiere olvidar su libreta, verdad –me preguntó con sarcasmo.
– De ninguna forma, gracias.
Magnolia siempre me esperaba, era una buena mujer, muy pacifica. Me ofreció el capuchino que había pedido para mí. El café tenía un aroma calido. Tome la cuchara colmada de azúcar.
– ¿Te quedaste dormido, o qué?
– No ¿por qué? Las mujeres se tardan más –respondí moviendo la cuchara entre la espuma.
– Pero tenemos un pretexto, nos gusta tardarnos –me dijo.
– ¿Qué, me extrañaste tan pronto? –Pregunté –. No podes vivir sin mí.
– La verdad, si te extrañe amor –dijo ella como si declamara un poema –. Extrañe tu colonia, tu noche, tu mirada irreal de no estar del todo viéndome, como ahora que te veo imaginado.
– Te soy sincero, lo que me detuvo fue una sensación que no tenía desde hace mucho.
– ¿Qué fue?
– No sé, tuve miedo, rabia, ira, no sabía que hacer.
– No te aflijas, mira que bello clima, el sol radiante, el jardín, las flores; ya no más desgracias o temores pasados; ese es tu problema desde que te conozco, piensas mucho en el pasado, déjalo ir, olvídalo; toda la semana espere tu llamada, y me llamas hasta hoy, es como si estuvieras huyendo de mi.
– Ya vez, sabía que no tenía que contárselo a nadie.
– Es que estaba aquí pensando en los planes que tenemos para el futuro. Respiraba con tranquilidad al ver el cielo limpio, todo tan esplendido.
Observe a la mesera volver al baño con un caballero muy bien vestido. Bebí mi café viendo como el sol vivificaba el jardín. No pude dejar de ver hacia el baño. Los vi salir con un aire preocupado. El hombre camino con calma hasta nuestra mesa.
– Joven, podría... disculpe, tenemos un problema.
– ¿Qué sucede?
– Soy el administrador.
– ¿Qué pasa?
– Acompáñeme – me ordenó –. Usted disculpe, francamente nunca habíamos pasado por algo así en este lugar –me decía mientras caminaba –. Soy el administrador y lo que menos quiero es interferir con los turistas y visitantes, es decir, afectarlos de alguna manera, ¿usted me entiende? Este es un café muy visitado por ser un sitio tranquilo.
– Lo comprendo todo, pero aún no entiendo que tengo que ver en eso.
– Ya vera a lo que me refiero.
– ¿Fue por lo que me tarde en el lavamanos?
– No exactamente.
Caminaba tras él hacia el baño. Le seguía el paso. Caminaba lentamente haciendo énfasis en cada palabra. Volví a ver a Magnolia y de su rostro sobresalía su boca roja y sus ojos de gata. Entramos.
– ¿No ve usted nada extraño? ¿Talvez no lo vea de pronto?
Desde el lavamanos hasta el piso, los adornos de barro, el excusado, todo estaba intacto. De último vi el espejo. Me vi reflejado y recordé el extraño monologo.
– ¡No veo nada! –dije pensando ya en como le había de cobrar aquel insulto.
– Eso creí que pensaría. Párese aquí donde estoy y vea, vea muy bien.
– ¿Lo ve? ¡No sé como pudo pasar!
Cuando el hombre se paró delante del espejo se anudaba el corbatín, pero lo hacia al cálculo porque su imagen, su reflejo, no aparecía en el espejo. Fue un instante malévolo. Me sentí como deben sentirse los que ven un fantasma por primera vez y van solos por un callejón.
– ¡No puedo creerlo! –dije consternado.
– ¡Joven, por su bien y el nuestro debe decirnos que le hizo al espejo! –me gritó.
El hombre me rogaba una respuesta a punto de llorar de impotencia.
– ¡No le hice nada! Y no sé lo que pudo haber pasado.
– ¡Tiene la obligación de decirme!
– ¿Me esta amenazando?
– No, de ninguna manera. Usted es un cliente ahora y lo respeto. Pero, la mesera vio claramente que antes que usted saliera el espejo no estaba así. Ya le expliqué que este es un sitio de esparcimiento, un lugar donde las familias ¡las familias! –Me repitió –. Vienen a pasar un momento agradable, dígame ¿como les voy a explicar algo así?
– Lo entiendo, pero ya le dije que yo tampoco sé lo que pasó.
La mesera golpeó la puerta y le dijo algo muy quedo.
– Tengo que hacer algo urgente. Lo dejó aquí para que piense que hacer y, por favor no le habrá la puerta a nadie.
– Muy bien –le dije, algo asustado por la magnitud del absurdo.
El administrador era un sujeto cortez y, debía estar verdaderamente asustado. Yo no sabia ni me imaginaba como pudo haber pasado aquello. Me acerqué al espejo y todo mi cuerpo si era reflejado. ¿Y esto? ¿Habría logrado deshacerme de mi reflejo? Eso fue lo primero que se me vino a la mente. Mi reflejo, qué era, no lo sabía, pero estaba atrapado ahora en el mercurio. Me sentía entero. ¡Este soy yo!, dije dando una palmada. Pensé en la forma de explicárselo al administrador y me sentí feliz por que sabía que mucha gente desearía no verse reflejada. ¡Cuando vean que no se ven! Empecé a reírme de los que ingenuamente sentirían el vació de estar realmente dentro de si mismos. Me reí de los cínicos que se tendrían que peinar sin ayuda de nadie. Imaginé con deleite a los adoradores del espejo horrorizados ante la muerte inminente de sus rostros reflejados. ¡Se van a sentir como si estuvieran muertos! Pensé en convencer al administrador de que era una buena forma de que los clientes rompieran con la monotonía de sus vidas. Pero de pronto, me sentí abatido por que tenía razón el hombre, las personas lo único que quieren es estar en paz y que nada extraño interfiera con esa normalidad. Por ello también pagan. Por última vez mi reflejo sonreía. Tomé una escoba y azoté con fuerza contra el espejo. El golpe fue atronador. Llegó el administrador y la mesera y vieron los pedazos del espejo roto, y se asustaron creyendo que me había herido. El administrador me examino con la mirada.
– Fue lo mejor joven, bien hecho –me dijo, viendo como fluía la sangre de los restos quebrados del espejo.
Todo lo había hecho por magnolia, había decidido casarme con ella.
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*Jacques Viau nació en Puerto Príncipe en 1942. Perteneció a unafamilia de perseguidos políticos que se refugiaron en Santo Domingo.Fue abatido durante las insurrecciones de 1965 cuando aún no habíacumplido veintitrés años.