ENTREVISTA A EDUARDO JUÁREZ EN EL RUBI-




“Guayo tiene la conciencia negra igual que yo
y por eso somos así tan dark,
por llamarle de alguna manera…”
Edgar Andaverde, artista plástico.

Me viene a la memoria –ahora mismo –la imagen clara del hombre que un noticiero filmó antes de soltarse de algún puente. Me llegan en ráfagas los titulares más crueles de los periódicos y las imágenes que miraba de niño desde la calle hacia el barranco de La Limonada en la zona 5. Todo esto es cada cuento de Eduardo Juárez, a quien conocí un sábado por la tarde en las Cien Puertas, vendiendo su mejor libro por cinco quetzales. Luego logramos platicar para esta entrevista. Cuando le pregunté por qué empezó a escribir, no dudó en responderme “por una mujer que me dejó”. Es casi inevitable que una mujer no ronde siempre la cabeza de un artista. Eduardo Juárez es un fotógrafo de paisajes sucios. Sus personajes son brutales victimas, santos o demonios proscritos que no les queda de otra. Los cuentos tiran a novelas, pero se quedan en un final original aunque siempre punzante. Los personajes trascienden por ser marionetas al servicio de una filosofía de desastre. Y todo esto, por una mujer que se transformó con el tiempo, como un ser de acá y del otro mundo: en la ciudad de Guatemala, en la mujer geométrica, sórdida, enamorada y prostituta que es en esencia lo que escribe Juárez.
Estamos sentados en un restaurante chino que se llama El Rubí. Eduardo, se da cita desde hace mucho tiempo. Es su oficina, como el dice. A la par suya esta su amigo de aventura: Wilson Espinosa (un muchacho sencillo y que trabaja en los camiones amarillos del basurero central). Es alcohólico y se abstiene de beber; lo he encontrado comiendo una hamburguesa y opina sobre personajes que Eduardo conoce. Eduardo bebe un vaso de cerveza colmado, de donde advierto subir en caravana muchísimas burbujas, que juntas se vuelven espuma. El Rubí es un restaurante chino de esos que han colonizado el centro. Vende cerveza a buen precio y además, según un buen amigo, los mejores camarones con semilla de marañon de la zona. A Eduardo eso no le interesa mucho. Me habla, antes de la entrevista, de lo bien que se siente en el lugar, porque muchos de sus amigos –que son innumerables personajes –pasan frente al local y puede saludarlos y platicar un momento con cada uno. Empiezo preguntándole por qué empezó a escribir:

Eduardo Juárez: Empecé a escribir –me dice sonriente –porque me dejó una mujer. ¡Esa mujer, ahora mismo…, no sabe a quién dejó!
Me recuerda la escena de los buenos bebedores de Velásquez. Su pelo es negro intenso y tiene unos ojos grises, claros y reflexivos que contrastan con las abundantes cejas oscuras. Tiene una estatura promedio y camina también como Max Araujo, con su abdomen de pastor protestante.
Léster Oliveros: ¿Qué libro te ha afectado más en la vida?
E.J: Empecé a leer en California, en una época que me dio hepatitis. Jorge, mi hermano, iba a poner una venta de libros usados y tenia almacenados más de 5,000 libros en la casa, entré los que encontré a Doestoievsky. Otra cosa que influyo tanto como los libros fue que al regresar a Guatemala, nos juntábamos muchos en el Ton San, un restaurante chino donde conocí a varios que me recomendaron muy buenos libros. Entre los que llegaban estaban los pintores Alejandro Urrutia, Mundo Robles, Juan Francisco Yoc, Luis Robles, Julio Lohengrin, Jorge Felix, Francisco Auyon, un par de economistas, abogados, ingenieros y otros cuantos locos. Las platicas eran muy buenas.
L.O: ¿Cómo concebís una Guatemala imaginaria?
E.J: Una donde el chiclero publiqué libros, las prostitutas en lugar de estar en la línea gobiernen el congreso, los poetas y los bolos estén en el Corte Suprema de Justicia. Guatemala es un infierno lujoso, donde el presidente podría ser Seleno el personaje de Retrato de Borracho con País. Así seria más honesta una patria, porque hasta ahora ha sido eso, pero maquillado.
L.O: ¿Quiénes fueron tus primeras influencias?
E.J: Como te dije, Doestoievsky. Luego Bukowsky, Chuck Palahniuk. La literatura irlandesa: Samuel Beckett. Además de: Greg Bottoms, Bill Drummon, Mark Manning, Irving Welsh, Mark Spitz.
L.O: ¿Sabías que en la entrevista que te hizo Ronald Flores escribió Check en lugar de Chuck?
E.J: No, no me fije en eso.
L.O: ¿Literatura francesa has leído?
E.J: Muy poco. Camus: El Extranjero.
L.O: ¿Lees más en ingles o en español?
E.J: Leo mucho en ingles, pero también en español.
L.O: ¿Cuál ha sido tu primera borrachera?
E.J: Mi primera borrachera en realidad fue en una galería a la que fui con mi hermano y llegué todo chara porque estaba lloviendo y me había caído. Pero recuerdo una memorable… que fue un viernes. Me habían regalado una bolsa para mi computadora; borracho, buscando un hotel, dos ladrones quisieron robármela porque pensaron que llevaba algo de valor. Uno de ellos me dio una patada en los huevos. Sólo así la solté y, en el forcejeo por la bolsa, el maldito me rompió la manga de la camisa. Aún así seguí chupando, hasta que me quedé descansando un rato sobre la grama de la municipalidad. El sol me quemó un brazo y después allí andaba yo con un brazo negro y el otro blanco.
L.O: ¿Eduardo para vos qué es el lumpen?
E.J: La clase más baja, obrera, que está a penas sobreviviendo. Algunos tienen trabajos informales, y otros tienen que ir a trabajar a maquilas, y a otros les pela y chupan, dejan de trabajar un par de días y ya están en la calle.
L.O: ¿Qué es algo realmente mierda de la sociedad?
E.J: Los mensajes dobles, como el Gobierno que dice que tratan de resolver los problemas y nada; solo siguen hueviando y, la clase que tiene pisto es otro mundo, un mundo dividido.
L.O: ¿Alguna vez una puta te ha parecido una virgen?
E.J: No, yo por masoquista siempre me he metido con las putas mas feas que he podido encontrar, unas me agradan, otras no me han caído bien.
L.O: ¿Cuántos nombres de putas recordas?
E.J: Ya hace mucho tiempo de eso. Pero recuerdo unos nombres porque me parecieron buenos nombres de batalla: Yamilett y Scarlet.
L.O: ¿Te hace gracia ver pornografía?
E.J: Talvez cuando andaba jalado, la lujuria se aumentaba por un rato, luego me aburría… por lo irreal y sombrío. Pero a veces si me sacaba de onda y acababa preguntándome ¿qué onda?
L.O: ¿Cuál es la mujer de tu obra que podría ser la mujer ideal?
E.J: No hay ninguna mujer IDEAL en mi obra… talvez la tortillera que viene en este libro Expocisión de Atrocidades, pero no esta elaborado el personaje, es una tortillera evangélica.
L.O: ¿Cuándo publicas tu próximo libro?
E.J: El jueves 26 de Agosto en el Palacio Nacional de la Cultura. Van a musicalizar un fragmento con un montaje escénico y una exposición de pintura con gente como Alejandro Urrutia, Ixquiac Xicará, Andaverde, El gato Porras, Manolo Gallardo, Marvin Olivares, Cesar Pineda. Además van a comentar la obra mi hermano, Juan Juárez, Sergio Valdez Pedroni y Javier Payeras.
L.O: ¿Cuándo empezaste a escribir esta novela?
E.J: Fíjate que fue en el 2004; me acuerdo que Andaverde preparaba también sus primeros bosquejos. Escribí, según yo, tres cuentos. Escribí el primer capítulo de Retrato de Borracho con País, el primer capítulo de Exposición de atrocidades, y el otro cuento ahora mismo no recuerdo bien. Pero en aquel entonces no lo sabia, hasta que empecé a desarrollarlo luego de escribir el Retrato de Borracho con País.
Le digo a Eduardo que me impresiona el montaje de la presentación y me dice que su nuevo libro termina en una exposición en el Palacio Nacional. Esto une la ficción y la realidad como un performance insólito donde el escritor podrá alucinar con otras variaciones del final.

Nota final:
Eduardo Juárez, antes de presentar su libro, paso 16 meses bebiendo. Me cuenta que estaba hastiando. Empezó a jugar con la idea de matarse tomando porque pensaba que su obra no hacía eco en ningún medio, que todo seguía igual, que a lo mejor no valía la pena nada de lo que había escrito. Bromea diciéndome que hubo una etapa en la que les decía a todos “soy un escritor con estoque para que nadie me chingue”. Ahora que lo termino de entrevistar estamos en una cantina vacía y limpia de la colonia la Reformita. Eduardo, más claro y en paz consigo mismo, se termina una Pepsi contándome que su visión ahora se ha transformado.
Caminamos por las calles humildes de un solo piso con puertas de madera, con historias urgentes todas, hablando de la proverbial Carmen Matute y su voz dulce, los cuentos absurdos hasta la nausea de Chuck Palahniuk y al fondo vemos un sujeto tratando de caminar dos pasos sin caerse al suelo.



Guatemala Agosto 2010
Lester Oliveros Ramírez
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