¿Y vos, dónde la vas a pasar?




¿Y vos, dónde la vas a pasar?
Frente al Palacio Nacional de la cultura escuché esa misma pregunta que acababa de oír en el Transurbano, una pregunta que a mí no me importado tanto desde la treceava navidad que pasaba en familia. ¿Dónde la vas a pasar? Suena a algo inminente y terrible, pasar una hora, las doce de la noche. En familia, nos remite a juntarnos una vez al año y compartir un pavo o un tamal. Hacer el conteo de todos mis primos, tíos y ver en realidad cuantos no estaban. En aquella época solo faltaban algunos hermanos de mi abuela, algún tío; ahora sí que son varios y entre ellos una hermana menor que yo.
Pero todos crecimos y ahora nos damos cuenta que solo los ojitos de mis sobrinos esperan con cierta ilusión esa hora terrible para romper papel y moñas. Después de todo me alegra por ellos, son una esquirla de esperanza desde la explosión de esa granada de fragmentación que fueron todos los hechos sumados de un año.
Particularmente yo la he pasado en todos lados. Primero en familia y cuando se fue poniendo tedioso eso de esperar las doce viendo películas viejísimas de Rudof o de Frosty, terminé una noche visitando a unos amigos; luego en la zona 1 una vez que celebraron una fiesta llamada Navidavison; otra noche en Panajachel con una amiga; la otra vez con la familia de una novia de un tío, y siempre es lo mismo.
Pueda ser que he llegado a un nivel de apatía terrible y parezca un amargado o Grinch como el personaje de Dr.Seuss, pero tanta repetición me aburre. Tal vez la solución sea preguntarle a otros ¿y vos dónde la vas a pasar? Y si de repente es una fiesta, o ayudando en la Municipalidad a pasar tamales y ponche, a gente que en realidad, cuando les preguntaban eso no sabían que responder.

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