LO QUE TRANSPIRAN LAS PAREDES DE UN HOTEL BARATO



“Come back, come back, O Shulammite; Come back, come back, that we may gaze at you!" "Why should you gaze at the Shulammite, As at the dance of the two companies?”
Song of Solomon 6:13

                Parece una mujer bastante valiente, luchadora, quizás una amazona urbana, es la Sulamita. Se aparece de noche, entre la brujeria de las calles, entre el vapor a orines recientes y en medio de la violencia. La primera vez que la vi me sorprendieron mucho unos poemas que relató para un taller que muy dignamente se desarrolló a pesar de ningún presupuesto.  El taller era de narrativa, pero como todo en la vida, se trastocó en un hibrido de poesía y ternura imaginaría. Esa tarde, luego de una tormenta que nos hacía hablar en serio riendo y conocernos, pude oír esos versos que desfiguraban la noche en un olor a plástico en llamas. Mi descubrimiento grande, no fue haber leído en voz alta uno de mis textos publicados por la Biblioteca Walt Witman, sino haber conocido a esa rara periodista que documentaba la piel muerta que dejan los amantes en los hoteles.  
Nos seguimos viendo en algunas reuniones improvisadas, hasta que una noche le dije que se fuera conmigo. Aceptó sonriente y parecía feliz, aunque entre tanta oscuridad no se le vieran la sonrisa… pero si se oyera su respiración. Escribe una poesía marginal. Asume la marginalidad y la defiende, sus palabras parecieran ser collages de imágenes eróticas pegadas con saliva y gritos, nombres y decepciones, escribe desde su cuerpo desnudo, desde los ojos que lo habitan, desde sus manos que tiemblan y su voz que se esfuma en cada jalón de Marlboro. Bebe café más que ron, habla con sinceridad aunque es evidente el tiempo y la experiencia de una vida en busca de su propia voz. Le brillan los ojos cuando, haciendo un ejercicio experimental en el Bar Olvido, me muestra sus dibujos, yo le digo un poema de Cummings que ella no sabe y cree que es mío, le digo un fragmento de If, de Kipling; un verso que aprendí a decir en francés con una mujer malhablada, Toutes les femmes sont salopes, sauf ma mère, pero no le gusta el idioma francés aunque es algo que le recomiendo a todos. Su rostro ya va mostrando una distancia, una aridez, una violenta sucesión de tiempos. Le hablo de la nostalgia y lloro. Las lágrimas se van sumando a sus dibujos que lloran sangre y de algún lugar de su sexo aparece una esperanza contra el aburrimiento.   
La edad es breve, todo es vanidad a fin de cuentas.
Todo se quema, el plástico arde y se deforma.
El papel termina en ceniza.
Las piedras ruedan y el polvo eterniza.
Como un espejo el aro del cielo roto.
Eres volátil como una bolsa de polietileno,
y como el duroport tu cuerpo es transformable.
Solo la piel huele a perfume,
entre la sábanas del fuego.
 Soy creyente de la ternura. 
Creo que no hay nada más poderoso en el mundo que la ternura.  Es un reflejo básico, casi animal, casi en rebeldía con el mundo comercial. Para tener ternura hay que ser muy poderoso. Eso le dije, mientras sostenía un vaso de Venado y jugaba con el fuego de una vela.  Luego todo fue tan fácil que el tiempo se fue volviendo mentiroso.
La cresta del Ahora, ese momento infinito y presente,
ese pasadopresentefuturo, es revivido por el deseo
las confesiones transeroticas y
los vocabularios del argot
más mundano
en seguida la
risa estalla.
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