LA ESTRELLA

Escena I

La misma sangre mutando. Espesa. Jugando a ser color o forma. La misma luz. Espesa. Bromista entornado, ambidiestro y maternal, mujer. Espesa como una coartada de asesino, voluble como un sueño chino. Me gusta su sonrisa que es de gato. Me gusta la mirada huraña y sus manos de codorniz. Somos uno. Como animales andróginos y dioses ambiguos, van caminando. El sonido de los tacones sobre asfalto negro, el grito del terror bajando con la madrugada. Hoy seré los pasos en las huellas, la lengua en las palabras, los besos en las esquinas, la oscuridad sin nostalgia, la pureza sin santidad, las mordidas en los perros, los martes en los jueves, el espejo. Porque ocultarlo. Caminare desnudo por una ciudad sin nombres, veré a diestra y a siniestra la envidia de mi libertad. Sonare a quimera. Seré una esfinge que se divierte jugando con enigmas. Cual es el animal que de noche no encuentra sosiego. Cual es el animal que de día camina en dos, a medio día en tres, y por la noche en cuatro patas. Me parece que he mirado muy lejos. Estamos en la escena en la que el o ella, ella o el se despinta el maquillaje y le sonríe a la cámara como si estuviera a punto de terminar con una catarsis eyaculatoria.


Escena II

Siempre fui amigo de las putas. Almodóvar habla con ella. Chicles pegados, masticados y sin sabor, esos somos. Somos como las bolsas de las bolitas filler`s después de una fiesta, somos los vasos vacíos, somos las servilletas sucias, somos los rollos de papel toilette usados, somos los cigarros hechos ceniza, los culos de las botellas, las chencas quemadas, aplastadas contra el cristal, los litros vacíos, las sillas sin respaldo, las mesas desniveladas y con chicles pegados. Luego quedan las imágenes en las películas, las salas desiertas y los transeúntes sin mostrar el rostro maldito. Las chaquetas negras, los calcetines sucios, los retrovisores, los windshield rotos en estrella como telaraña tejida por la noche de tragos y las apuestas después de la transformación. Un mundo asexuado deviene. Evolución sexual y gustos bizarros. Condena de locos y dementes. Cuerpos tatuados con equinoccios pasados. El hombre rumiando sus perversiones más de cuatro mil años después. Sólo el placer es permitido. Los cargos de conciencia y la pena suceden en periodos de la historia cuando ha terminado la decadencia. Tacones lejanos. Buena película supongo, y un poco de glamour indecente. Estética amatoria de fin siglo y comienzo de nuevas manifestaciones. Mademoiselles de Avignon, en mil novecientos siete, chien andaluz, y todas las ingenuidades sabias de picasso y Luis BuñuelDalì sigue pintando burros y penes cortados, pequeños cuadros informes que se destacan en el siglo por su arrogancia mística. Estamos a punto de ver la escena en la que es cortado un ojo. Volver. Luego de todo, la belleza, has tocado la belleza. Cuando el amor es puro no importa el sexo sino el disfraz, el maquillaje, la duración de los matices, la sutileza de la violencia, el sabor y el olor de las cortinas y las sábanas. Átame. Hay que volver y victimizar a un público. Hay que sodomizarlo y volverlo en nuestra contra para luego olvidarlo. Sólo es un monstruo ambivalente que juega a perdernos y a soltarnos aplausos y una tierna y breve risa.

Léster Oliveros
2010

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