BIOGRAFICAMENTE A MI MADRE

El primer recuerdo que mi padre tiene de mi madre es muy extraño. Dice que se dio cuenta inmediatamente que ella no sabía nada de matemáticas. El por ese entonces era un músico que iba y venía de Honduras o Nicaragua con una guitarrita en la espalda. Quería ser arquitecto. Su padre le dio una negativa rotunda el día que les confeso su deseo. Creo que a mi abuelo, descanse en paz y mi memoria no lo ofenda, hubiera preferido que se fuera de una vez con guitarra y nada en una bolsa. Mi padre entonces irrumpió con garbo las calles de la zona cinco con una rebeldía a lo Dean, quien no a lo Marlon Brandon. Mi madre era entonces tan vulnerable como una brizna en el viento. Cuento todo esto, porque ahora que la miro a los ojos, veo la misma condición mundana que la llevó a permitir que mi padre la dejara con cuatro hijos en la más humilde de las miserias del alma y la intemperie del mundo. Creo que los hijos somos proyecciones de los deseos de nuestros padres. Mi madre me proyectó la magia. Mi padre el desamparo y un corazón huraño dado al juego y al vicio. Nada está de balde ante mis ojos. También ellos tienen cosas que yo aún no descubro.


Hoy es el cumpleaños de mi madre. Oigo a José Luís Perales, y pienso en lo hermosa que es la vida y lo puta que es la imaginación de los que a veces se sienten cobardes. El futuro esta ahora en mis manos, pero ya pasó, solo veo una luz en los ojos de mi madre con mi nombre en neón.

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