EL HACEDOR Y SU CREATURA (Relato Verídico)


Hace exactamente 7 días Mariano Cantoral organizó un conversatorio. Leí por un correo, que iba a estar Pablo Bromo, Javier Payeras, Eddy Roma, Mariano y yo, así que cuando entré al Gran Hotel y no vi a ninguno a las 7:30 pm, pensé inmediatamente en un atentado colectivo. Un hombre con el pelo canoso y una traza de español había preguntado a los encargados del Gran Hotel sobre el horario de inicio del conversatorio. Ellos me endosaron la pregunta a mi. Yo no había visto a Mariano y pensé en llamarlo. Llame también a Javier Payeras que con gusto me dijo que llegaba, pero que no le había avisado nadie de esa actividad. A punto de ser las 8:00pm, llegó Mariano hasta mi mesa. Le presenté a unas amigas, una de ellas a un día de celebrar su cumpleaños. Y en el saludo le pregunté con toda sinceridad sobre el tema. Me dijo que era La Literatura una Mentira que te acerca a la Verdad, y que yo entiendo al revés completamente. En fin. Se unió Leonel Juracán, y cuando ya estábamos empezando con todo, cerca de las 8:10pm, entró Javier Payeras. Ya Mariano me había explicado que no estaba ni el ni los otros en el programa original.
Empecé una breve introducción citando a Hemigway, porque lo recordé en el acto, en la entrevista que le hiciera George Plimptom del Paris Review, y luego comenté algo sobre la ficción con un amable espectador con una traza de actor de teatro. Lo interesante del asunto, es que al comenzar con el conversatorio, inmediatamente empezó el debate. Yo me reía porque no sabía que hacer, si eso estaba en los planes o no, y mi amiga a punto de ser cumpleañera debatía con toda propiedad con el caballero, que hasta se había levantado de su asiento y había ido hasta donde ella estaba. Javier me miraba sin comprender, y yo me reía. Mariano, a la par mía observaba, y Juracán esperaba terminar su discurso. Creo que tomé el micrófono y dije que íbamos a dar un tiempo para el debate, que íbamos a seguir con el programa. Juracán terminó hablando de la ficción con buenos resultados. En mi turno comenté algunos escritores relacionados con las mentiras de alto calibre y leí un pequeño texto. Pero a punto de terminar, el caballero, famoso ya por sus debates, me intentó interrumpir, y creo que yo fui muy lejos con mi respuesta, celosamente le dije que iba a terminar con la lectura. Oí un grito al fondo. Era mi amiga gritando mi nombre, inevitablemente me quede sin saber que hacer, si disculparme o seguir. El hombre caminó a la barra y compró una cajetilla de Rubios y salió a fumar. Mariano terminó con un texto que leyó sobre el tema en cuestión. La literatura como una mentira que nos acerca a la verdad. Yo realmente me sentí incomodo y furioso por no saber completamente que sucedia. El hombre regresó; por supuesto, se acercó a nuestra mesa y me calculó veinte años y a todos en conjunto nos invito a seguir adelante. Yo sólo me preguntaba, porque no me paso a mi eso antes, tantas oportunidades que había tenido, y me paso esa noche con un tema que me gustaba tanto.

Pero esa noche si aprendí algo, es curioso que todavía no sepa como decirlo.
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Fotografia True Lies 1994.

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