TECOLOTE RAMIREZ AMAYA VIENDO EL PAJARO SOBREVIVIENTE



Conocer al maestro Arnoldo Ramírez Amaya fue una revelación. El artista, el ser humano, el grandioso solitario armado de una pluma, tinta y una hoja de papel.
En esta ocasión me lo presentó, ya formalmente, mi gran amigo Dorian Lima. Quedamos de juntarnos en el restaurante La Mezquita. Llegó con una camisa verde, sonriente, acompañado de su nueva familia. Me pareció interesante la forma en la que pidió su almuerzo. Optó por pedir un consomé y unos espárragos con crema para picar. No sin antes, ordenar una michelada, con dos onzas de tequila. Lo que más resalta de su figura es su cabeza brillante y una mirada como que bailara sobre los objetos observados. Recordé los ojos de sus dibujos. Son los ojos de sí mismo. Toda su pintura se basa en la libertad del trazo y en un encuentro consigo mismo. El Tecolote, como lo llaman sus amigos más cercanos, ya tiene una leyenda tras de sí.
Unos comensales lo saludan desde una mesa en el centro, y sin problemas, se levanta y va a devolverles el saludo. Supe que dos de sus hijos viven en Suiza. Supe que vivió en Francia, y cumplió treinta años en Paris.
Es un verdadero personaje muy conocido por sus excesos, por su talento, por la forma extravagante de una vida con mucho de todo. No es un secreto para nadie luego de que publicaran El Pájaro Sobreviviente. El misterio verdadero radica en sus dibujos. Y esto es lo que me interesa narrarles. Llegamos a su casa. Al encender las luces nos dejo hurgar entre sus dibujos. En la sala había un murciélago que me sorprendió tratando de encontrarle el principio de su propio enredo, líneas de tinta continuas y manchones involuntarios para entregarnos un Jabalí iracundo batiéndose en la noche y contra la noche de una hoja de papel. El busto de una paloma de monte bellamente enmarcada. Un lujo de composiciones.
Tomábamos un buen vino español, sardina con tomate, cebolla picada y unas tortillas con queso derretido al estilo nicaragüense. El maestro se miraba feliz en su casa. Nos contó de los años viviendo en hoteles, y, que gracias a su mujer, ahora puede sentirse más a gusto en una casa propia. Dorian, amigo de de esos años de hoteles y conga, recuerda todo al verlo por la televisión. Mi busqueda de la persona de Ramírez Amaya fue por una entrevista en la que el contaba que García Márquez lo visitaba en la montaña, luego por el libro que le prologó Sobre la Libertad, el Dictador y sus Perros Fieles. La suerte grande de haber viajado por Costa Rica, Inglaterra, Paris y México y llevar consigo unicamente la buena estrella de haber vivido la luz y las tinieblas para dibujar una zoología lírica e imposible de pasar por alto.
Vimos el documental de su vida. El Pajaro Sobreviviente o la Inmortalidad del Tecolote. No me quiero extender mucho ahora. Esto, es solamente el comienzo de una semblanza de un personaje insólito, que sin embargo, se le salieron las lágrimas al oise él mismo en el documental, hablando de como su madre le había enseñado a dibujar en el suelo con palitos.

Fotografia: diario la Hora.

El Pajaro Sobreviviente en YouTube.com.

Comentarios

Karlita ha dicho que…
se noto que se le salia por los poros la admiracion... y lo describe de tal manera que dan ganas de conoserlo....
Lester Oliveros ha dicho que…
Admiro lo admirable simple.
Saludos Karlita.
Anónimo ha dicho que…
admirable artista... :D

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