PROPOSITOS MAGICOS PARA EL DOS MIL DIEZ (2010)


Me olvidaré de la aritmética del calendario en la pared y borraré de mi mente los minutos, los segundos y las horas matemáticas. Miraré al fondo de lo infinito para encontrarme con algún hermoso dibujo troglodita. Trataré de ser un árbol, una gaviota, una roca con líneas blancas, intentaré ser el agua. Voy a ejercitar el ejemplo del ave. Seré más que transparente, sin bordes ni reflejos, dejare por un lado la presencia de mí. Ejercitaré el privilegio de las nubes. Armaré ciudades esféricas que floten por algún parque central. Me adiestraré en el vaivén prismático de los mares migratorios. Veré a los recién llegados de algún viaje y les haré dibujos con algún cordel imaginario. Dibujaremos con los ojos cerrados garabatos infantiles para colgar en las más suntuosas galerías de la zona. Vagaré por la sexta avenida viendo a los poetas vender cinchos y zapatos, a los malabaristas intercambiando aretes de plata, a los carpinteros de la palabra haciendo suertes a las nueve y media, y meteré mi cabeza rodando a las iglesias, para sentirme en paz con las otras partes de mi cuerpo (porque me gustó el San Judas Tadeo de la Merced con su grupo de oradores multiplicándose en la entrada). Iré al mercado central y bajaré las gradas sucias hasta sentir el olor a incienso de las vendedoras místicas de perrajes típicos y sabanas bordadas de a miles de quetzales. Miraré con orgullo la clarividencia de las vendedoras de verduras. Caminaré, casi distante, de los mercaderes de candelas y los rostros estilizados de los santos, reyes y los mendigos canonizados por el Vaticano. Me olvidaré de ti, para soñarte por las tardes. Saldré vestido de traje de gala a sentarme a la plaza frente a la fuente del maestro Galeotti, recordando a Joaquín Orellana y su bella música flotante. Me dormiré mañana y pasado mañana soñando con tus tatuajes y tratando de volver a verte sentada en aquella banqueta, jugando a darme de comer en la boca, tratando de hacerme feliz a través de tus manos. Caminaré hacia el Gran Hotel recordando, siempre recordando, me iré al Ex –Céntrico buscando retornar y siempre volver a verte caminando en círculos mientras yo filmo tus locuras o te tomo una foto frente al edificio de Telgua. Iremos más allá y nos perderemos cada uno por la doce calle hasta encontrarnos en la diez y siete, tomarnos de la mano, y meternos a un hotel barato a fumar un poco de la vida nocturna de la gente privilegiada con el amor. Talvez me permitiré, en esta temporada de año nuevo, regalarte una estrella fugaz que nunca pasara de nuevo mientras vivamos, que no será estrella sino cometa, un cometa Halley sólo para vos imaginado.

Comentarios

Peter ha dicho que…
Mágico, sincero, profundo...

Lester, quiero felicitarte por tu participación en el Segundo Aniversario de Amalgamas Errantes, el texto me alucinó.

Que tengás un feliz año nuevo.
Dorian Lima Toruño ha dicho que…
Maestro vos siempre te superas a vos mismo, que increíble leerte.
Salud

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