sábado 7 de noviembre de 2009

ORGIA OBSENA Y QUIMERICA EN BAR CENTRAL VIERNES SEIS DE NOVIEMBRE


…cuando cerré los ojos pude ver el verdadero universo de voces/ unas decían sea nuevo el día abriendo mares rojos y negros/ sea de nuevo el día voz omnipresente abriendo la roca y soltando el agua y produciendo pan que nieva/ sea de nuevo el día y saltando los cocodrilos zorros como venados tepocates saltando los búhos ratas como pescados batracios saltando las estrellas lobas como jaguares serpientes como emplumadas casi como colibríes manatíes jugaban y peleaban como gallos elefantes que eran casi como guacamayos anacondos, como zanates cocoteros que eran más parecidos a los buitres cuervos que se volvían jirafas leonas desde las amígdalas y luego pequeños como moscas ballenas hasta convertirse y multiplicarse en ruido de cigarras saraguates en ruido de delfines y garras, porque eran de todos los colores, si señor, porque eran el fruto de la selva y de el anonimato por años, ahí se encontraban los más bellos pájaros reptiles y las más naturales hiervas para el dolor de muelas, para el dolor del ojo, para el mal de esto y de aquello y los animales de campo como la gallina pumada o los perros gatunos que se refugiaban entre las patas de los árboles para mojar el pasto, eran todos como un ruidero infinito que llevaba las hambres antiguas, si señor, llevaba esa nostalgia de infinitos en cada ruidero desordenado donde se comía el águila al ratón, el ratón al hipopótamo, el hormigón al buitre, el león al mico, el mono al ave, el ave al cielo, el cielo pez al quetzal serpiente al colibrí venado, al que se comía al caimán encallado, al que se comía al venado con alas de halcón, al que se comía con gusto al gusano de la palma, al conejo, al ratón blanco que hablaba de cómo se comía a los gatos insectos, al que hablaba de cómo se dominaba al toro escarabajo, al que hablaba de cómo terminaba quitándole la cabeza a los hombres con pura paciencia como los gusanos cangrejos, al que hablaba de cómo se comían las hormigas las piernas de los niños, al que hablaba de esos pozos donde llegaban en cuadrillas para desaparecer los cuerpos ya desaparecidos hasta acabar con los huesos de hombres y nombres, de apellidos y rostros, de ropas campesinas y sombreros de fieltro y paja, de zapatos de trabajo junto con los hierros y las alforjas de tortillas llenas de frijoles fritos de besos y sombras de amor y niños con gusto pidiendo amor, dónde está, preguntando por todas partes, dónde estarán, preguntándole al Tat Kaibal, donde está papá a lu´, donde esta mamá al na´, dónde está la aldea lagunar, dónde, pero terminaban encontrando el animalero revuelto con sonido de tripas y ruidero en la boca del estomago, hambre, sonaba a hambre y olía a hambres porque hambre era lo que bajaba y subía de la tierra, y ahora yo escribía con sístoles infatigables y diástoles infinitos como sonidos de palos viejos tronando contra el suelo, como sonido de hojas y frutos mordisqueados por pájaros lombrices y fantasmas halcones esfinges minotauros bucefalos esfinges, comiéndome las uñas, buscándome entre las pezuñas el poco de tierra que me traje del camino, allá donde el viento luna se esconde cuando los hoyos de la selva olvidan el respiro solar de los anfibios mamíferos, y sueltan a cantar los ovíparos nevados con sus cantos dulces como tortugas con esqueletos fúnebres sobre la espalda/ la comida que se encuentra tirada por todas partes como los mangos tigres, como los bananos teñidos de jaguares, como las papayas eróticas y los cocos que pareces satélites huecos como calaveras marinadas, y las pitahayas jugosas de sangre frutal que se beben como vinos silvestres y rones musgales hasta la creciente venida, si señor, del nuevo año y sus nuevas cosechas de ronrones y mariposas, cascabeles manzanos surgidos del color de las iguanas, futuros rojos hasta la mordida final del pecado devuelto en mano y pensamiento a otro menos malo que no mata hasta que no le disparan, que dijo si, si señor, que dijo si, y luego la voz de uno mismo, caracoles rugiendo al tiempo que parecen serpientes boscosas con alas de palomilla, monos comiéndose los piojos como ángeles borrachos y locos, como demonios inofensivos al final del Apocalipsis...


Fragmento de Zoo(í)lógico
libro inedito.

2 comentarios:

Dorian Lima dijo...

Maestro yo quiero fumar de esa
Dorian

MarianoCantoral dijo...

Opino lo mismo que Dorian.

No en serio vos. Ya te lo dije. Ese bombardeo de imágenes tiene una onda expansiva gruesa, pero poética.

LAGO DE ATITLAN

LAGO DE ATITLAN

TODOS/LATINOMERICANOS/TODOS

Si el mundo entero fuera Latinoamérica sería un mundo feliz de soles dorados los trescientos sesenta y cinco días del año, y un mar esplendido que inundaría los hogares con sus fragancias sin latitud; rosas, flores, animales siniestros y graciosos, el mundo sería una playa completa donde correrían los niños de la casa al mar sin escalas en ningún tren. Latinoamérica es selva. Es un mundo aparte donde los fantasmas hablan con los vivos, y los vivos con los muertos. Donde las doncellas realmente son vírgenes pudorosas esperando al enamorado que las vista de blanco y las lleve al altar. Es romance, es lujuria, es amor embravecido por dos mares salitrosos que rompen contra las costas de las américas de habla hispana. Los aromas del jazmín, las genitales bromelias que humedecen el pubis de las montañas. Los soles recientes que parecieran intactos contra los desordenes del medio ambiente que pregonan en el primer mundo. Sus mujeres descalzas adorando a un cristo semidesnudo, a unos arcángeles con lanzas y coraza de bronce, ángeles y demonios que se transforman y se disfrazan, rostros, personas, máscaras, juego de colores, lupanares urbanos, favelas, ciudades de rascacielos de barro y concreto en medio de las selvas, y las mujeres corren a adorar al sol, a la luna, a las estrellas desnudas que brillan sin tregua hasta el medio día. Latinos con sus acentos distintos, desde Argentina y sus boleros de Gardel, pasando por las canciones de Neruda en lengua distinta, hasta subir por la amazonía insondable donde los nativos silban a las aves y huyen de las pirañas, serpientes, monos, tucanes, lobos, insectos en multitudes fantásticas que devoran y recrean el bosque perpetuo de lianas ríos, y lagos montañas, y, en cada paso se descubren las nubes, el cielo azul como un lago volteado, como un espejo divino que nos refleja por dentro, y suben los hombres a Machu-Pichu con ofrendas, vestidos de humildad, descalzos como un dios los trajo al mundo y observan las cumbres de mesoamerica, los caminos que confluyen, los senderos trazados por los animales hombres, por los viajeros inhóspitos que se visten de humildes pordioseros universales; las montañas resurgen y se aplanan con la pampa o con el llano, hasta que llegamos al centro de la orquídea, a la pirámide, a Copan, a la sagrada ruta Maya que nos alienta hasta las chamuscadas laderas de peten donde arden las caobas y rugen los truenos como leones de tres bocas entre las llamaradas, Tikál, el magnifico templo de los Jaguares, las estelas de piedra caliza, el tum, el quejido armónico y siniestro de la chirimía, las máscaras en la oscuridad, la cumbre de las pirámides, los saraguates rugiendo, el tum, el tum, tum, tum, como un corazón ancestral debajo de la tierra, el pasado y el presente en un círculo, como un ojo, como un dibujo fálico, como un grito rojo en medio de lo negro, tum, como un llamado de la sangre a la sangre, tum, como un silencio que hace un eco, tum, tum, tum, como un solo canto universal que entienden los hombres sin entenderlo, tum, y luego el retorno, el eterno retorno/ me descalzo/ me baño en las cascadas, ellos, mis amigos, hunden sus pies, ellas nadan, sus cuerpos morenos o blancos ondulan el cielo, sus rostros hermosos recuerdan vagamente el pasado, aretes o anillos finos, su lencería Victoria Secret, los accesorios Revlon suspendidas en su Ipod, en medio de la nada.
El desierto de Sonora, el Rió Bravo, el camino de los ilegales. Mudos, sin palabras, buscando el camino por el signo de las víctimas, ropas rotas, zapatos perdidos, una calavera, dos cráneos risueños, la piel de una víbora, botes, platos, latas, calcetines rotos, botas, camisas, sangre seca, coagulada, restos de comida, el desierto y el fuego, la nada y sus dominios agrestes, la soledad esta presente más ahí que en ningún otro lado, y el diablo tienta a los jóvenes y a las mujeres, les pregunta sobre su futuro, sobre su destino, sobre sus sueños y se ríe de ellos, los escupe y los denigra, luego los lleva a las cumbres y a las dunas, y les muestra Houston, o los Ángeles y les promete la gloria, y ninguno dice que no, a eso van, a lograr una mejor vida a costa de todo, y esto meditábamos alegóricamente, pensando en nuestra gente mientras caminábamos en un cenote cercano a Uxmal, y la magia de los cambios de luz atravesaba retinas y creábamos redes con las manos.

Luego de este imaginario latinoamericano, tomo un mapamundi y pienso en toda la distancia, el amor, y la magia que separan a ese simple mapa de papel de ésta realidad temible.

Lester Giovanni Oliveros R.
Guatemala 3/07/08

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Lester Oliveros
GUATEMALA, Guatemala
Estudiante, fabulador, alquimista y lector.
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