FRANCISCO GARAMONA (UNA ENTREVISTA PERDIDA EN LA MEMORIA)


Se encontraron a las afueras del Bar de Poncho. Era una casa donde Francisco Garamona se acomodó en una de las mesas del patio, luego que Javier se encargara de presentarlo ante los amigos del grupo que fumaban en la puerta de la entrada. Lester Oliveros ya andaba visiblemente hilarante por cuatro copas de vino tinto que amablemente sirvieran en el Centro Español en honor a la colección recientemente publicada de Mario Monteforte Toledo. Se acomodó en la mesa de Francisco y le dijo que le iba a ser unas preguntas y probar su memoria. Junto a Garamona estaban amigos que también acababan de llegar de la Argentina, frente a el estaba su mujer, visiblemente embarazada y con una cara de novia enamorada, pero también le recordó a Courtney Love. Lester Oliveros no se recuerda mucho de la entrevista, se recuerda de la conversación con Francisco que respondía sin pensar mucho, como si fueran preguntas que tuvieran una secuencia sencilla, clásico de los poetas, pensó Lester, y brindó con ellos mientras Benvenuto Chavajay le parecía un gigante y Simón Pedroza seguía reuniendo amigos casi a media calle mientras conversaban de Scott Fitzgerald, Hemingway y Los Cantos de Maldoror, con una viajera de nombre Carrie Comer y una morena de pelo ensortijado que se llamaba Aurore y tenía algunos meses de tratar de hablar español y frances al mismo tiempo, y la noche siguió tras los pasillos donde se inventaba el dolor y las lágrimas y quizás de todo eso el amor como un fuego secreto naciendo de las fisuras en los espacios, y Armando Pineda se gastaba más bromas sobre el Rock, y Javier y yo, recordábamos A portrait of the artist as a Young man y el Ulysses[1], y la grandiosa anécdota de cómo Ruben Dario, caminando con un poeta en España, conoció esas florecillas que sin saber metía en sus poemas “estos son los Nenúfares de los que usted escribe, mire”, le dijeron, porque leía poemas en francés sin saber francés, copiando la música secreta y la métrica vedada, para luego armarnos desde la ingenuidad de un niño todo lo que después dieron en llamar Modernismo. Garamona, ha concluido su cerveza y pide otra a su musa; Lester Oliveros ha preferido quedarse, cambiando sus planes de volver a su casa en Nimajuyu, y parece como pez en el agua o quizás como un gusano en el agave. Yo me despido, mañana tengo que ir a trabajar.


Uno (Francisco Garamona)

Recordábamos sentados o un poco más lejos, abismos que la luz leía, suaves planos donde desnudos nos miramos al espejo. Era el alba clara, cuando la chica seca su vestido contra la estufa, y en el cuarto se despeja una energía azul de primer día. Las calles de agosto con un viento abdominal, tardío; que roe los parques, los juegos vistos desde la ventana del colectivo. Recordábamos, dejábamos rodar el tiempo en un declive dulce, prolongado; como ciertas drogas que tallan en los huesos la cifra de un récord.


[1] Javier me hablaba de esa escena de Ulysses en que el hombre, llega hasta una fila de ataúdes en los que ve unos nombres, y me dice “de ahí salio Días Amarillos".
Francisco Garamona, ademas de ser poeta y editor, también es cantautor y ha sacado al mercado dos discos.

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