viernes 3 de julio de 2009

Hanley Denning el Angel de un Basurero




El edificio estaba pintado de amarillo, cubierto por toldos verdes en los ventanales. Los niños de los alrededores del basurero de la zona 3 llegaban y eran como 250 por la mañana y 250 por la tarde; todos apadrinados por gente de muchas partes del mundo, pero en su mayoría gente de Maine, el estado donde había nacido la directora de esta ONG, llamada Hanley Denning.
Hanley era una rubia radiante y delgada con una historia que lo conmovía a uno. Había llegado de Estados Unidos, como cualquier norteamericano, a estudiar español a Antigua Guatemala, y, tras una visita con una amiga al basurero de la zona central había descubierto su vocación en las miradas con hambre de tanto niño sin escuela. Eran niños sumamente vulnerables a las drogas y al abuso de todo tipo, y ella logró reunirlos y darles una pequeña refacción y estudio, luego de regresar a su casa en Estados Unidos y vender lo poco que tenía: una computadora, su carro, y todo lo que fuera valioso de su habitación, y había regresado a Guatemala con 3,000 dólares con la visión precisa de poner a caminar un centro de apoyo para todos los niños del área que llamó Camino Seguro. Algo, que no esta de más decir, no lo había ideado ningún candidato a presidente en más de medio siglo.
Cuando yo la conocí en el año 2007, ya llevaba luchando siete años. La gente que la conoció al principio la describía como una mujer muy delgada, que muchas veces trabajaba tanto que se olvidaba de almorzar, que andaba visitando, tratando de convencer a los padres más desconfiados, en medio de estas favelas del olvido, en medio del olor fétido del olvido que era el mismo olor de la muerte pudriéndose hasta el fondo del basurero, que era el olor de la ignorancia y del estigma que los pobres llevaban tras de sí, y ella había sufrido, decía la gente, hasta asaltos, insultos de gente inconforme que pensaban que ella quería robarse a sus hijos, y había logrado ella misma superar el miedo, vencer con la sonrisa la triste visión de los zopilotes haciendo círculos en el infierno, que era entonces el basurero de la zona 3. Muchos describen el basurero de entonces como un lugar peligrosísimo donde los jóvenes esnifaban pegamento o solventes y podrían haber matado a alguien pensado que lo que hacían era algo tan sencillo como abrir un costal de ropa.
El padre del asentamiento, le terminó prestando el espacio de la iglesia. Ahí, en poco tiempo, Hanley organizo visitas de gente de los Estados Unidos que llegaba a quedarse, al verla tan atareada. Ella les llamaba simplemente voluntarios, que luego apadrinaban a un niño y le aseguraban comida y educación. Pero pronto, luego de mejorar algunos ingresos, logró que mucha gente de Europa supiera de su proyecto gracias a internet, y llegaron de Alemania, Francia, Suiza, Holanda, hasta de Noruega. Pude conversar con Kail, un joven alemán, y me contaba que en su país los ponen a elegir entre ir a un país en vías de desarrollo o hacer un año en el ejército. Hablé también con una joven que los niños le decían Salma Hayek, pero no era mexicana, sino francesa. Janek, otro alemán que trabajaba en el proyecto me contaba de lo difícil que era para todos llegar muy temprano a una parada de bus, luego eran dos o tres horas de camino desde Antigua a la capital, luego regresar, pero me dijo que lo hacía con mucho gusto. Muchos ayudaban a los niños con el ingles, incluso, terminaron ayudando a los maestros como a mí, que me enseñaron un poco más de ingles, y July que me enseño lo primero que aprendí de francés.
Para el tiempo en que trabajé en Camino Seguro, Hanley parecía ser una mujer madura, sabia y realizada. Lo nefasto de toda esta historia, fue, que una tarde del mes de Enero, un chofer de camioneta se estrelló contra su auto y la mató a ella y a su chofer, y dejó mal heridos a otros dos voluntarios. Esta historia estuvo en primera plana al día siguiente en muchos periódicos del mundo, y mucha gente del asentamiento San Francisco de Asis y 18 de Diciembre, lloró su muerte como si hubiera sido un familiar el que moría. Vi periodistas extranjeros y mucha gente de los medios televisivos de Guatemala. Pero las imágenes de los niños, son las que no voy a olvidar, tampoco sus preguntas desconcertadas, ni sus risas a pesar de la muerte, ni su esperanza por un porvenir. Hay tanto en ese basurero. Escribí una historia basada en ello. Pero ahora, luego de tres años de haber conocido a Hanley, le recordé por el olor del basurero que me llegó, esta mañana lluviosa y lo asocié en seguida con el olor que deja el olvido.
Luego de la muerte de Hanley se conoció un poco más en Guatemala la historia de su vida, se oyó sobre el documental Recycled Life, que hizo Leslie Iwerks y Mike Glad, que llegó incluso a ser finalista en los Oscar`s de ese año, y gano varios certamenes. Hanley fue simplemente un angel.


Video de Recycled Life:

1 comentarios:

olraK dijo...

Hola amigo Lester, muy buen blog, creo que no me has reconocido, pero si lees mi nombre al revés sabras quien soy...Sin duda un ángel que se fue al cielo, pero también es una pena que tenga que venir gente de lejos a darnos una mano...saludos y decime como le hago para seguir tu blog

LAGO DE ATITLAN

LAGO DE ATITLAN

TODOS/LATINOMERICANOS/TODOS

Si el mundo entero fuera Latinoamérica sería un mundo feliz de soles dorados los trescientos sesenta y cinco días del año, y un mar esplendido que inundaría los hogares con sus fragancias sin latitud; rosas, flores, animales siniestros y graciosos, el mundo sería una playa completa donde correrían los niños de la casa al mar sin escalas en ningún tren. Latinoamérica es selva. Es un mundo aparte donde los fantasmas hablan con los vivos, y los vivos con los muertos. Donde las doncellas realmente son vírgenes pudorosas esperando al enamorado que las vista de blanco y las lleve al altar. Es romance, es lujuria, es amor embravecido por dos mares salitrosos que rompen contra las costas de las américas de habla hispana. Los aromas del jazmín, las genitales bromelias que humedecen el pubis de las montañas. Los soles recientes que parecieran intactos contra los desordenes del medio ambiente que pregonan en el primer mundo. Sus mujeres descalzas adorando a un cristo semidesnudo, a unos arcángeles con lanzas y coraza de bronce, ángeles y demonios que se transforman y se disfrazan, rostros, personas, máscaras, juego de colores, lupanares urbanos, favelas, ciudades de rascacielos de barro y concreto en medio de las selvas, y las mujeres corren a adorar al sol, a la luna, a las estrellas desnudas que brillan sin tregua hasta el medio día. Latinos con sus acentos distintos, desde Argentina y sus boleros de Gardel, pasando por las canciones de Neruda en lengua distinta, hasta subir por la amazonía insondable donde los nativos silban a las aves y huyen de las pirañas, serpientes, monos, tucanes, lobos, insectos en multitudes fantásticas que devoran y recrean el bosque perpetuo de lianas ríos, y lagos montañas, y, en cada paso se descubren las nubes, el cielo azul como un lago volteado, como un espejo divino que nos refleja por dentro, y suben los hombres a Machu-Pichu con ofrendas, vestidos de humildad, descalzos como un dios los trajo al mundo y observan las cumbres de mesoamerica, los caminos que confluyen, los senderos trazados por los animales hombres, por los viajeros inhóspitos que se visten de humildes pordioseros universales; las montañas resurgen y se aplanan con la pampa o con el llano, hasta que llegamos al centro de la orquídea, a la pirámide, a Copan, a la sagrada ruta Maya que nos alienta hasta las chamuscadas laderas de peten donde arden las caobas y rugen los truenos como leones de tres bocas entre las llamaradas, Tikál, el magnifico templo de los Jaguares, las estelas de piedra caliza, el tum, el quejido armónico y siniestro de la chirimía, las máscaras en la oscuridad, la cumbre de las pirámides, los saraguates rugiendo, el tum, el tum, tum, tum, como un corazón ancestral debajo de la tierra, el pasado y el presente en un círculo, como un ojo, como un dibujo fálico, como un grito rojo en medio de lo negro, tum, como un llamado de la sangre a la sangre, tum, como un silencio que hace un eco, tum, tum, tum, como un solo canto universal que entienden los hombres sin entenderlo, tum, y luego el retorno, el eterno retorno/ me descalzo/ me baño en las cascadas, ellos, mis amigos, hunden sus pies, ellas nadan, sus cuerpos morenos o blancos ondulan el cielo, sus rostros hermosos recuerdan vagamente el pasado, aretes o anillos finos, su lencería Victoria Secret, los accesorios Revlon suspendidas en su Ipod, en medio de la nada.
El desierto de Sonora, el Rió Bravo, el camino de los ilegales. Mudos, sin palabras, buscando el camino por el signo de las víctimas, ropas rotas, zapatos perdidos, una calavera, dos cráneos risueños, la piel de una víbora, botes, platos, latas, calcetines rotos, botas, camisas, sangre seca, coagulada, restos de comida, el desierto y el fuego, la nada y sus dominios agrestes, la soledad esta presente más ahí que en ningún otro lado, y el diablo tienta a los jóvenes y a las mujeres, les pregunta sobre su futuro, sobre su destino, sobre sus sueños y se ríe de ellos, los escupe y los denigra, luego los lleva a las cumbres y a las dunas, y les muestra Houston, o los Ángeles y les promete la gloria, y ninguno dice que no, a eso van, a lograr una mejor vida a costa de todo, y esto meditábamos alegóricamente, pensando en nuestra gente mientras caminábamos en un cenote cercano a Uxmal, y la magia de los cambios de luz atravesaba retinas y creábamos redes con las manos.

Luego de este imaginario latinoamericano, tomo un mapamundi y pienso en toda la distancia, el amor, y la magia que separan a ese simple mapa de papel de ésta realidad temible.

Lester Giovanni Oliveros R.
Guatemala 3/07/08

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Lester Oliveros
GUATEMALA, Guatemala
Estudiante, fabulador, alquimista y lector.
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