TERRORISTA AFICIONADO/ROMANTICO/O EJEMPLO EXISTENCIAL: DESVELA A UNA CIUDAD ENTERA


Desde que disparó a la pierna del agente de seguridad, estaba tratando de hacer el menor daño posible. Indignado por los celos, un sujeto con pasamontañas se abrió paso a balazos en un edificio de la zona 13. Todo fue de pronto la nota más extraña del día. Pues estábamos acostumbrados a que fuera en diferentes lugares de Europa, Asía o Norte América, y ahora acá un hombre, en plan de venganza toma un edificio y en un par de minutos se corre la historia de un desconocido con el coraje para amedrentar a la misma policía nacional con una bomba hecha de cachinflines y petardos navideños. Todo era para morirse de la risa, pues los celos son el único motivo capaz de llevar a un guatemalteco a perpetrar una hazaña semejante. Es decir, los hombres que iban en los aviones que se fijaron como flechas en las Torres Gemelas, tenían un fervor diferente, cultivado en una vida completa dedicada al islamismo y al resentimiento, y sus motivos eran religiosos y justicieros, a su manera, pero eran motivos menos románticos.
A media noche ya sabíamos la historia completa, y tenía el nombre de una persona normal, era Luís Fernando Escobar Martínez, guardespalda, joven de 29 años, que había fraguado todo por los celos que le despertara una joven que, según detalles al aire, lo había dejado por otro, un compañero de trabajo en un Call-Center de la zona 13.
Se supo que entró con una escopeta hechiza y una pistola 9mm. A su paso dejó a dos guardias desarmados y uno herido de bala, vidrios quebrados y pánico. Se apertrecho en el 8vo, nivel y empezó a hacer peticiones como un verdadero cerebro entrenado. Pidió comida para treinta personas, una Laptop, que aun ignoran para qué la quería, y no se descarta que fuera un exceso sin fundamento en el estrés de su locura. El Ministerio de Gobernación le empezó a enviar mensajes para que desistiera de su plan, y también por los noticieros intentaron persuadirlo. Luego de tres horas pidió un deseo final: a un cura. A la media noche ya habían logrado persuadirlo, habían amigos que decían que el no era capaz de matar a nadie y familiares que nunca quisieron mostrarse en cámara. Finalmente dejo en libertad a los rehenes y se quedo sólo con la mujer que lo había enajenado y el nuevo novio de ésta, y no me puedo imaginar que pudo haber pasado en esos 10 minutos. Esas son cosas que jamás muestran los noticieros. Finalmente, bajo fuertes medidas de seguridad, fue conducido a juzgado Luís Fernando, quizás con cargos pactados en el furor por la libertad de los rehenes.
Abajo en el edificio estaban los familiares de todos los rehenes y acordonaban el área policías motorizados, pick-ups y el resto eran periodistas de muchas cadenas internacionales.
Yo me quede con la duda de que pudo haber pasado realmente. Saltan a la imaginación muchísimas hipótesis, unas románticas, otras sexuales, otras místicas, otras de más mesura, unas sobre la desgastada economía de Fernando Martínez, que sin querer, luego de cuatro horas fue noticia en todo el mundo por el amor que sentía por una mujer que ya no quería nada con él. Basta decir que si ésta emoción, esta pasión, ésta furia y terquedad, la volcara cada uno en pos de la justicia social en Guatemala, talvez lograríamos desvelarnos tan sólo una vez, de una vez por todas.

Comentarios

Juan Carlos Lemus ha dicho que…
hola, Ulises
la noticiá corrió, impresioantemente, por varios países de américa y europa.
imagino que se lo imaginaban armado de pies a cabeza y parapetado con lanzagranadas, pues, como bien decís, son cosas que suceden con más frecuencia en otros países como eeuu.
aquí, sucedió en menor escala, pero con el escándalo mediático en el mundo.

saludos y gracias por tu artículo

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